Son las primeras horas del miércoles en Colombia. Pasaron ya dos días desde que el terremoto de magnitud 7,4 sacudió el país el lunes a las 7:34 de la mañana. Los especialistas en rescate consideran que entre las 48 y 72 horas después del colapso, la probabilidad de encontrar supervivientes vivos desciende drásticamente. El tiempo se agota. Literalmente.
Cada hora que pasa es una oportunidad menos
En este momento, equipos trabajan sin descanso en Cali, Pereira, Manizales y Quibdó, cavando entre escombros. Levantan concreto, remplazan materiales, buscan bolsas de aire. Son los últimos intentos. Después de tres días, la deshidratación, las lesiones sin tratar y el colapso del cuerpo se cobran a casi todos los atrapados.
Las cifras de lo que buscan son abrumadoras. Según reportes oficiales, al menos 181 personas murieron. Más de 2.595 están heridas. Y aquí está lo crítico: mientras el gobierno oficial reporta 195 desaparecidos, bases de datos independientes manejadas por civiles contabilizan más de 4.000 personas sin localizar.

Un acto de esperanza rarísimo: Daniela Largo
En Pereira, rescatistas lograron lo que cada vez es más raro: extraer a una persona viva. Daniela Largo fue sacada el martes pasado después de una operación de 12 horas. Los equipos abrieron un pequeño acceso en los escombros, liberaron su brazo pinzado, estabilizaron su cuerpo con suero. Envuelta en una manta azul, fue llevada a una ambulancia entre abrazos de bomberos y aplausos.
Pero este es exactamente el tipo de rescate que casi ya no sucede. Cada hora que pasa, Daniela Largo se vuelve más excepcional. Las historias de este tipo desaparecen después de las 72 horas.
¡Logramos rescatar a Daniela!
Luego de 36 horas bajo los escombros, Daniela Largos Sánchez, de 32 años, fue rescatada con vida. En un trabajo articulado con Bomberos Pereira y PONALSAR, nuestro equipo USAR logró salvar una vida más. pic.twitter.com/InTwQBnIS5
— Bomberos Oficiales de Bogotá (@BomberosBogota) August 12, 2026
Chocó: donde la ventana es aún más corta
Mientras equipos especializados trabajan en Cali y Pereira, el Chocó enfrenta un desastre sin recursos. El terremoto golpeó la región a las 7:30 de la mañana con magnitud 7,4. Lizbeth, residente en Quibdó, describe a Artículo14 lo que sucedió: “La afectación empezó más o menos a las siete y media de la mañana. Muy complejo todo acá, muy complejo. En el sector donde nosotros vivimos se abrió la tierra literalmente”.
Los números del Chocó son incompletos porque la comunicación se cortó. Lo que se sabe: 13 muertos confirmados en Quibdó, 113 heridos, un número indeterminado de desaparecidos. Más de 2.000 viviendas afectadas. Pero hay zonas de las que no hay reporte alguno porque no hay luz, no hay teléfono, no hay forma de comunicarse.
Lo más crítico: los dos hospitales públicos de Quibdó están saturados completamente el San Francisco de Asís y el Ismael Roldán. Los heridos deben ser trasladados a otras ciudades en una región donde los caminos están dañados y la comunicación es muy compleja.
“Los mandatarios locales obviamente se les hace imposible asumir esta crisis“, dice Lizbeth. No hay recursos. No hay coordinación. No hay equipos especializados. En Chocó, la ventana de 48-72 horas se vuelve casi irrelevante porque no hay capacidad siquiera de alcanzarla.

El reloj no se detiene
Han habido 130 réplicas desde el lunes. La más fuerte de magnitud 4,5. “Todo el mundo asustado porque no sabemos realmente si van a seguir presentándose réplicas y qué intensidad pueden tener”, explica Lizbeth. Cada réplica es una amenaza adicional. Cada temblor puede causar más derrumbes.
La ventana se cierra, no en horas sino en minutos. Cada rescate que suceda ahora es probablemente el último de su tipo, porque después habrá solo búsqueda de cuerpos, no de supervivientes. Es la diferencia entre rescate y recuperación, entre esperanza y cierre.
Los equipos saben esto. Por eso trabajan sin dormir, por eso excavan con urgencia, por eso Daniela Largo es ahora una anomalía, una historia rara de lo que aún es posible en estas primeras horas.

