Lo que debía ser una jornada de festiva de amor y celebración en el sur de Irán, se convirtió en cuestión de minutos en una tragedia. Este miércoles, el régimen iraní acusó a Estados Unidos de bombardear una casa en que se estaba celebrando una boda en la ciudad costera de Sirik, que dejó cuatro muertos, entre ellos dos niños.
“Cuando llegamos se produjo una explosión muy intensa, bloques de hormigón me golpearon en la cara, y muchos otros quedaron heridos. Éramos todos civiles”, explicó uno de los afectados por el ataque a la cadena Al Jazeera. Para Ahmad Nafisi, vicegobernador de la provincia de Hormozgan, la ciudad fue testigo de “otro crimen de guerra norteamericano, sobre gente que estaba celebrando con alegría durante una boda”.

Las imágenes publicadas por las autoridades iraníes mostraban un edificio con paredes y ventanas destrozadas, y escombros esparcidos por el suelo. También publicó fotografías de varios niños recibiendo tratamiento en un hospital. Como consecuencia, la Iranian Red Crescent Society (IRCS) exigió a la Corte Penal Internacional tomar acciones legales contra Washington tras el ataque en Sirik.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, condenó con dureza a Estados Unidos por el ataque, calificando a Washington de “Satanás”. En una declaración publicada en X, afirmó que “si una potencia actúa como Satanás, elige objetivos como Satanás y mata como Satanás, es Satanás”.
La respuesta de EE UU
El Ejército estadounidense publicó vídeos de los cazas que perpetraron los ataques, alegando que se bombardearon sistemas de defensa, sistemas de radar, activos e instalaciones marítimos, capacidades de colocación de minas y sitios de comunicaciones. Acorde a la versión de Washington, se trató de una represalia por un nuevo ataque iraní sobre una embarcación en el Estrecho de Ormuz.

Como era previsible, las Guardias Revolucionarias replicaron con ataques sobre objetivos norteamericanos por Oriente Medio. Bahréin y Kuwait mantuvieron en máxima alerta a sus ciudadanos, y Jordania informó que interceptó 13 misiles sobre su espacio aéreo. Algunos de los misiles y drones también fueron dirigidos hacia territorio de Irak.
Mientras, los contactos diplomáticos siguen congelados tras la reanudación de las hostilidades, los civiles iraníes siguen pagando el peor precio de la contiendo iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, que pretendía debilitar o tumbar al régimen y destruir su programa nuclear y la fabricación de misiles balísticos.
La Media Luna Roja iraní informó que tras el bombardeo en Sirik resultaron heridas al menos 67 personas, y también se reportó que otro ataque en Kuhestak dejó al menos 50 heridos. No obstante, el Ejército estadounidense alegó que “EE UU nunca ataca a civiles, a diferencia de las Guardias Revolucionarias”. La agencia Tasnim también informó de otros ataques en las ciudades costeras de Konarak, Bandar Abbas, Jask, Asaluyeh y Ahvaz, así como la isla de Qeshm.

Un experto en armamento consultado por la BBC afirmó que las imágenes compartidas online tras el ataque muestran fragmentos de un misil de crucero utilizado por las fuerzas estadounidenses. En paralelo al impacto en plena boda, las Guardias Revolucionarias informaron que dos buques petroleros que trataban de cruzar el Estrecho de Ormuz sufrieron daños a causa de minas marítimas.
Los ataques se producen tras un intercambio de disparos y en medio de las crecientes tensiones en torno al Estrecho de Ormuz, que Irán mantiene bloqueado desde el inicio de la guerra. Pese a la firma del “memorándum de entendimiento”, que buscaba retomar la normalidad en el estratégico corredor marítimo por donde circula un 20% del petróleo que consume el mundo, la situación sigue estancada.
Los ataques iraníes fueron condenados enérgicamente por el secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), Jasem Mohamed AlBudaiwi, que consideró que “constituyen una flagrante violación de la soberanía de estos Estados y una amenaza directa a su seguridad y estabilidad”. En una entrevista a Fox News sobre el estado de la guerra, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, instó a “todos” a dejar de comerciar con Irán, y añadió que las sanciones “asfixiarán al régimen”.

