La segunda jornada de León XIV en Cataluña ha dejado dos de las imágenes más significativas de todo su viaje apostólico a España. Por la mañana, el Pontífice entró en la prisión de Brians para encontrarse con quienes viven privados de libertad. Por la tarde, ascendió a la montaña de Montserrat para rezar el Rosario ante la Moreneta, una advocación mariana a la que permanece unido desde hace décadas. Entre ambos escenarios, separados por apenas unos kilómetros, el Papa trazó un mismo hilo conductor: la dignidad humana, la misericordia y la esperanza.
“Los errores de la vida no determinan la identidad de una persona”
León XIV llegó a Brians por su propia iniciativa: él quiso reunirse, una vez más, con los que más sufren. Montse, interna del centro, le contó que durante mucho tiempo no había podido creer en Dios porque la vida no se lo había permitido. Le habló de la muerte de su hijo, de la pelea larga y sorda con un Dios al que no entendía, de cómo tardó en comprender que “Dios no es el culpable”. Y le contó parte de su sufrimiento: lleva años sin poder dormir, con un insomnio severo que no cedía ni con medicación, hasta que una noche, aferrada a una cruz, pudo descansar. “Yo sé que fue Jesús quien me ayudó”. Ahora solo espera, dijo, reencontrarse con su hijo en el cielo y recuperar la libertad.
Josefina, también interna y también de Barcelona, llegó a la fe desde la infancia. La Iglesia fue siempre “casa, lugar seguro”. Pero la fe se tambaleó cuando su hijo sufrió un accidente grave. “No entendía por qué pasó esa desgracia”. Sin embargo, su hijo sobrevivió. “Y yo siempre voy a creer que es Dios. Siempre es Dios”. Aquí dentro, dijo, Jesús le da fuerza. “Si no, no sé cómo hubiera aguantado esto”.

El delegado diocesano de pastoral penitenciaria, el padre Jesús Bel, explicó al Papa el trabajo de capellanes y voluntarios: la eucaristía semanal, la catequesis para los sacramentos de iniciación, los grupos de Biblia, el acompañamiento personal. “Gracias por mirarnos con ojos de misericordia y por decirle al mundo que existimos, que sufrimos, que queremos levantarnos y seguir adelante”.
León XIV respondió alternando el español y el catalán, dirigiéndose directamente a quienes tenía delante con una proximidad que no era protocolo. Dijo que todo ser humano es “digno” por el simple hecho de haber sido querido, creado y amado por Dios, y que no existe ninguna situación que haga al Señor apartar su mirada. “Cuando os venga la tentación de sentiros menos y penséis que no vale la pena seguir adelante, alzad vuestra mirada hacia Aquel que, a través de la presencia de tantas personas, nunca deja de mostraros su amor y cercanía”.
Recurrió a san Agustín —la visita a Montserrat vendría después, pero el hilo agustino ya estaba presente— para hablar de la posibilidad de empezar de nuevo. “Si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones”. Y lanzó una frase que condensaba toda su visita a Brians: “¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”.

Un vínculo que viene de Perú
La conexión de León XIV con Montserrat no es nueva ni protocolaria. Cuando era misionero en Perú fue director de una parroquia dedicada precisamente a la Virgen de Montserrat, y en 2013, antes de ser elegido Papa, visitó el santuario. La Moreneta ha acompañado buena parte de su vida religiosa desde antes de que nadie lo imaginara sucesor de Pedro.
Este miércoles ha vuelto. Y lo ha hecho con la conciencia de que hay lugares que no se visitan por primera vez aunque ya se hayan visitado. Saludó al obispo Xavier Gómez García y al padre abad Manel Gasch, habló en catalán a los fieles que le esperaban y dijo algo que en boca de un Papa tiene un peso particular: “Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en un mundo que clama pidiendo justicia y paz”.
Evocó los siglos de historia acumulados entre esos muros: las historias de devoción y gratitud, la sangre derramada por amor a Cristo, los gozos y las lágrimas de tantos fieles, y las voces de la Escolanía, “la más antigua de Europa”. Y recordó a san Ignacio de Loyola, que en este mismo lugar, después de una noche en oración ante la Virgen, entregó sus armas de caballero y empezó una vida nueva. Un modelo, dijo, para cualquiera que quiera hacer lo mismo.

“Haced lo que Él os diga”
El núcleo teológico del discurso en Montserrat giró en torno a las palabras que la Virgen pronunció en Caná: “Haced lo que Él os diga”. El Papa las presentó como “un verdadero programa de vida cristiana”: María conduce hacia Cristo, enseña a escuchar su voz y a dejarse transformar. Y la voluntad de Cristo es clara: “Esto os mando: que os améis unos a otros”.
León XIV habló también de la violencia que se esconde en las palabras y en las actitudes cotidianas: “la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide. Esa violencia escondida puede revestirse muchas veces de aparentes armaduras con las que intentamos proteger nuestras heridas, nuestros miedos o el sufrimiento causado por las injusticias”. Ante la imagen de la Moreneta sosteniendo al Niño, pidió a los presentes que depusieran esas corazas: “El Niño Dios que María sostiene en sus brazos no lleva armaduras y será Él mismo quien luego, desnudo en la cruz, se abandone totalmente al Padre para salvarnos con la fuerza desarmada y desarmante del amor”.
Pidió a María, “Reina de la paz”, que enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a la calumnia. Y que el amor se cultive “en la familia, entre los amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de manera que el odio dé paso a la esperanza y la paz”.
Emocionado ante su Moreneta
Después del Rosario, el Papa salió al balcón del santuario. La explanada seguía llena. León XIV miró a la multitud y se tomó un momento antes de hablar. Estaba emocionado. Dijo que se alegraba de encontrar una Iglesia unida, que eso era lo que más le consolaba en este viaje. Ante su Moreneta, ante la imagen que ha acompañado tantos tramos de su vida, el hombre que llegó a Perú como misionero y que hoy gobierna la Iglesia universal se permitió un instante de intimidad visible. Agradeció a Cataluña su apertura: “Gracias Cataluña por recibir a personas de otros países y enseñarnos a integrar a todos”.
Hoy inaugurará la torre de Jesucristo en la Sagrada Familia y mañana vivirá las últimas jornadas en España: Gran Canaria, Tenerife y el encuentro con los migrantes en el muelle de Arguineguín.

