Protagonista

Renata, la niña que aconsejaron no tener y acabó bendecida por León XIV

Los médicos advirtieron a Nicole de que su hija nacería con graves problemas y le recomendaron interrumpir el embarazo. Hoy esta madre peruana nos cuenta su feliz encuentro con el Papa en Madrid

León XIV bendice a Renata, en brazos de su madre Nicole. Foto: Maria Rosa de Isasa
León XIV bendice a Renata, en brazos de su madre Nicole. Foto: Maria Rosa de Isasa
Maria Rosa de Isasa

Cuando el papamóvil redujo la velocidad frente al número 37 de la calle Mayor de Madrid, Nicole no sospechó lo que estaba a punto de ocurrir. Había esperado durante horas con su hija Renata en brazos entre decenas de familias. Pensaba que, con suerte, podría ver pasar al Papa a unos metros de distancia. Nunca imaginó que León XIV se detendría justo delante de ella.

Con la pequeña en brazos, pudo abrirse paso entre los agentes de seguridad hasta acercarse al Pontífice. El Papa sonrió, hizo sobre ella la señal de la cruz y la miró unos instantes. “No pude ocultar mi emoción. Renata ha sido bendecida por León XIV”, nos cuenta. La escena duró unos segundos, pero para ella resumía un arduo camino de meses de miedo y soledad tras una decisión que dio a un giro a su vida para siempre.

León XIV, a su paso por la sede de la Fundación Madrina. Foto: María Rosa Isasa
María Rosa Isasa

La historia de Renata comenzó mucho antes de ese encuentro. Nicole, peruana y madre de otra niña más de nueve años, volvió a quedarse embarazada. En esta ocasión, el padre no quería continuar con la gestación. Según relata la propia madre, llegó incluso a obligarla a ingerir pastillas con intención de provocar un aborto, una situación que deterioró gravemente su salud física y emocional.

Los médicos le aconsejaron abortar

A aquella presión se sumaron después los pronósticos médicos. El embarazo fue considerado de alto riesgo y le advirtieron de que la niña podría nacer con graves problemas. “Los médicos me dijeron que mi hija nacería mal y me aconsejaron abortar”. En lugar de encontrar apoyo, sintió que cada decisión era cuestionada. Ser madre sola se convirtió en un motivo de críticas y de aislamiento en su país natal.

Pero Nicole no renunció. Con siete meses de embarazo tomó una decisión que cambiaría su destino. Dejó Perú en noviembre de 2025 y viajó sola a España buscando una oportunidad para empezar de nuevo. No conocía a nadie. No tenía vivienda ni recursos económicos. Solo llevaba consigo la convicción de que quería dar una oportunidad a su hija.

Fue entonces cuando encontró la Fundación Madrina. La entidad le abrió las puertas de uno de sus pisos de acogida para madres embarazadas en situación de vulnerabilidad. Allí encontró un techo y recibió atención social y psicológica, orientación, ayuda material para preparar la llegada del bebé y el acompañamiento diario de un equipo que trabaja para que ninguna mujer tenga que afrontar sola un embarazo en circunstancias extremas.

Cuatro kilos y completamente sana

Ese apoyo permitió que Nicole pudiera centrarse en lo más importante, esperar el nacimiento de su hija. Renata llegó al mundo en el Hospital Universitario La Paz de Madrid. “A pesar de las advertencias médicas recibidas en mi país, pesó cuatro kilos, midió 53 centímetros y nació completamente sana”. La llamaron Renata porque significa “renacida”. Un nombre que resume la historia de ambas. Mientras la niña crecía, Nicole comenzó también a reconstruir su propia vida gracias al acompañamiento de Fundación Madrina, que desde hace más de dos décadas ofrece una atención integral a mujeres embarazadas y madres con hijos pequeños en riesgo de exclusión. Sus programas incluyen alojamiento tutelado, apoyo psicológico, asesoramiento jurídico, formación para el empleo, ayuda alimentaria y acompañamiento personalizado para que puedan recuperar su autonomía.

Ese modelo de atención integral fue decisivo para que Nicole pudiera transformar una situación de absoluta vulnerabilidad en un proyecto de vida. Por eso, cuando supo que León XIV visitaría Madrid, sintió el deseo de acudir con su hija.

Nicole espera la llegada del Papa León XIV con su hija Renata en brazos. Foto: María Rosa Isasa
María Rosa Isasa

No imaginaba que aquella pequeña, cuya vida tantos habían puesto en duda antes de nacer, acabaría siendo una de las más de ochenta niñas y niños bendecidos por el Pontífice durante su visita a la capital. Horas antes, León XIV había pronunciado un histórico discurso ante las Cortes Generales en el que defendió que “toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural”. Sin buscarlo, la escena frente a la sede de Fundación Madrina pareció dar rostro a esas palabras.

Encuentro de León XIV y Renata en la calle Mayor de Madrid. Foto: María Rosa Isasa
María Rosa Isasa

Uno de los gestos más repetidos y emotivos de la visita de León XIV a España ha sido la bendición de los bebés durante sus recorridos en papamóvil por las calles. Allí donde encontraba a una familia alzando a un niño entre la multitud, el Pontífice, con una amplia sonrisa, pedía detener la marcha para recibirlo en brazos, hacer sobre él la señal de la cruz, acariciarlo o besarlo antes de devolverlo a sus padres. Bendijo a más de 80 niños en solo dos días. La imagen, convertida en uno de los grandes símbolos de su viaje, ha llevado a bautizarle como “el Papa de los bebés”. Entre todos ellos estaba Renata, cuya historia de superación y esperanza dio un significado aún más emotivo a aquel sencillo gesto.

Al terminar la jornada, Nicole envió inmediatamente las fotografías a Perú, para que su madre, que cuida de su otra hija, pudiera contemplando cómo la nieta por la que tantos le pidieron que renunciara era bendecida por el Papa. “Quería que fueran las primeras en verla”, cuenta. También la abuela entendió que la bendición papal serviría para dignificar todo el camino recorrido.