Entrevista

Valentina Alazraki: “España se sentía poco querida porque Francisco nunca llegó a visitarla”

Seis Papas, cien viajes con Juan Pablo II y medio siglo en Roma. Hablamos con la periodista que mejor conoce los secretos del Vaticano

Valentina Alazraki (Ciudad de México, 1955) tiene el privilegio de haber vivido y contado la historia desde la primera fila. Cuando llegó a Roma con 19 años para estudiar Ciencias de la Comunicación, difícilmente podía imaginar que acabaría convirtiéndose en una de las grandes cronistas del Vaticano y en testigo privilegiada de algunos de los episodios más trascendentales de la Iglesia contemporánea.

Desde hace más de cinco décadas informa para Televisa sobre cuanto sucede al otro lado de la columnata de Bernini. Ha visto pasar seis pontificados, desde Pablo VI hasta León XIV; ha seguido a Juan Pablo II en un centenar de viajes alrededor del mundo; ha asistido a cónclaves, funerales, renuncias históricas y momentos de profunda transformación para la Iglesia católica. También fue una pionera, una joven periodista mexicana que tuvo que abrirse camino en un entorno tradicionalmente masculino hasta ganarse el respeto de sus colegas con trabajo, rigor y perseverancia.

Pero si algo distingue su trayectoria es la capacidad de mirar más allá de la institución para descubrir a la persona. Durante medio siglo ha contado a millones de espectadores no solo la historia de los Papas, sino también sus gestos, sus silencios, sus dudas y su humanidad. “Mi especialidad ha sido mostrar el rostro humano de los Papas”, resume quien ha dedicado una vida a tender puentes entre Roma y América Latina.

Procede de una familia mexicana con raíces diversas. ¿Cómo influyó eso en su religiosidad?

Mi padre nació en México, pero sus padres eran turcos de familia judía. Mi madre era italiana y católica. Durante años se difundió el mito de que me convertí del judaísmo gracias a Juan Pablo II, pero no es cierto. Siempre fui católica. De adolescente tuve una etapa muy romántica y llegué a escribir a mi padre para pedirle permiso para irme de misionera a África. Él me respondió algo que nunca olvidé: que podía ayudar a los demás sin ir tan lejos, empezando por mi propio barrio.

Valentina Alazraki con Juan Pablo II en su última etapa

¿Qué cambios ha observado a lo largo de este medio siglo cubriendo cónclaves, viajes, funerales y crisis de la Iglesia?

Lo esencial es que cada Papa aporta al pontificado todo lo que ha sido antes de llegar a Roma. Juan Pablo II había sido pastor, obrero y actor. Tenía un carisma extraordinario y una enorme naturalidad en el trato con las mujeres. Además, venía de vivir bajo el comunismo y eso marcó su defensa de la libertad religiosa.

Benedicto XVI era muy distinto, un intelectual brillante, con una lucidez académica impresionante, aunque sin el carisma pastoral de su predecesor. Francisco llegó desde las periferias de Buenos Aires, acostumbrado al transporte público y a una vida austera. Quiso una Iglesia cercana a los más vulnerables, una especie de hospital de campaña donde todos tuvieran cabida. Y León XIV aporta una combinación muy singular. Mentalidad estadounidense, experiencia pastoral latinoamericana y una sólida experiencia de gobierno. Es un perfil muy completo para el momento actual de la Iglesia.

“León XIV tiene un perfil muy completo para el momento actual de la Iglesia”

Cien viajes con Juan Pablo II. ¿Con qué imagen se quedaría?

Lo que más me impresionaba de él era su dimensión espiritual. Cuando lo veía rezar a solas tenía la sensación de que realmente estaba hablando con Dios. Esa impresión la compartieron muchas personas con las que hablé para mis libros La luz eterna o Juan Pablo II, el hombre que cambió el mundo, entre otros. En los aviones se producían momentos muy humanos. Recuerdo especialmente un cumpleaños mío. Acababa de perder a un hijo y él me preguntó por qué quería rezar. Aquella conversación tuvo para mí una enorme profundidad espiritual. Era un hombre que imponía por su liderazgo, pero que al mismo tiempo poseía una ternura extraordinaria.

Valentina Alazraki con Juan Pablo II

¿Benedicto XVI fue un Papa incomprendido?

Sí, creo que fue un Papa incomprendido. Incluso los periodistas deberíamos hacer un mea culpa. Cargó con muchos prejuicios. Muchas de las decisiones que se atribuían exclusivamente a él habían sido tomadas junto a Juan Pablo II, pero cuando las defendía Benedicto parecían más duras. Además, durante su pontificado estallaron los grandes escándalos de abusos, hubo errores de comunicación y sufrió la traición de colaboradores muy cercanos. Todo ello contribuyó a que se sintiera cada vez más solo.

Valentina Alazraki con Benedicto XVI en uno de sus viajes

¿Qué impacto tuvo su renuncia en los periodistas?

Fue un acontecimiento absolutamente único. Sabíamos que reflexionaba sobre sus limitaciones físicas, pero nadie esperaba una renuncia en aquel momento ni de aquella manera. De repente nos encontramos ante una situación inédita: dos Papas conviviendo dentro del Vaticano.
Para los periodistas fue una experiencia fascinante y también compleja, porque algunos grupos intentaron utilizar la figura del Papa emérito para confrontarla con la del Papa reinante.

¿Francisco fue un Papa rompedor?

De él destacaría su cercanía constante. Eliminó muchas barreras. Quiso ser su propio portavoz, utilizó un lenguaje muy espontáneo y tomó decisiones simbólicas que reflejaban su forma de entender el ministerio petrino, como vivir en Santa Marta, renunciar a ciertos signos tradicionales o desplazarse en vehículos sencillos. Era una persona muy sensible al sufrimiento humano y tenía una enorme capacidad para conectar con quienes se sentían alejados de la Iglesia.

¿Cambió la forma de ejercer el papado?

Cambió sobre todo el estilo. Juan Pablo II había roto muchos esquemas, por ejemplo al mostrar públicamente su enfermedad. Francisco rompió otros. Suprimió ciertas formalidades y quiso proyectar una imagen más cercana y accesible del Papa. No modificó la doctrina de la Iglesia, pero sí cambió la manera de comunicarla y de acercarse a las personas. Eso tuvo un enorme impacto dentro y fuera del mundo católico.

¿Qué decisión generó más dudas dentro del propio Vaticano?

Más que decisiones concretas, hubo momentos de confusión derivados de su forma de expresarse. Su lenguaje espontáneo coincidió con la irrupción de las redes sociales, donde cualquier frase se amplificaba de inmediato. En cuestiones como la acogida a las parejas homosexuales, muchas personas interpretaron que se estaban produciendo cambios doctrinales que en realidad no habían sido formulados oficialmente. Esa diferencia entre el lenguaje pastoral y los documentos generó debates y divisiones.

Valentina Alazraki celebra su cumpleaños con el Papa Francisco

¿Ha vivido algún momento peligroso en sus viajes con el Papa?

Recuerdo situaciones tensas en Chile durante la dictadura de Pinochet, también en el Líbano y algunos aterrizajes de emergencia. Cuando acompañas a los Papas por todo el mundo durante cinco décadas es inevitable encontrarse con momentos complicados.

“Cuando acompañas a los Papas por todo el mundo es inevitable encontrarse con momentos complicados”

¿El Vaticano guarda muchos misterios?

Tiene el atractivo de una institución milenaria y, por supuesto, existen ámbitos reservados. Pero muchas veces los supuestos misterios son simplemente desconocimiento. Como periodista siempre he intentado explicar lo que ocurre allí con transparencia y rigor.

¿Cuánto hay de política y cuánto de espiritualidad dentro de un cónclave?

Es imposible establecer porcentajes. Hay política, porque los cardenales hablan, intercambian opiniones y analizan los desafíos de la Iglesia. Pero también hay mucha oración. En el caso de la elección de León XIV me sorprendió la rapidez. Muchos cardenales ni siquiera se conocían personalmente porque Francisco había nombrado a prelados procedentes de lugares muy diversos. Viendo la velocidad con la que alcanzaron un consenso, uno acaba pensando que quizá el Espíritu Santo tiene algo que ver.

Las congregaciones generales previas son fundamentales porque permiten dibujar el perfil del futuro Papa. En esta ocasión estaba claro que buscaban un pastor, pero también un hombre de gobierno capaz de reducir la polarización interna.

¿Qué destacaría de León XIV en su primera etapa de pontificado?

Su gran prioridad ha sido tender puentes dentro y fuera de la Iglesia. Las palabras clave de su pontificado son unidad y paz.
Al principio mantuvo un perfil discreto, quizá porque heredaba un pontificado muy mediático como el de Francisco. Sin embargo, poco a poco ha asumido un papel moral más visible en la escena internacional. También ha despertado interés su preocupación por la inteligencia artificial y su voluntad de dialogar con las grandes empresas tecnológicas.

¿Qué mensaje quiere trasladar al incluir Canarias en su viaje a España?

Creo que es un gesto muy significativo. Francisco deseaba visitar Canarias, pero su salud ya no se lo permitió. León XIV parece querer honrar esa voluntad de su predecesor. Además, las islas representan una realidad muy vinculada al fenómeno migratorio, un asunto que preocupa especialmente al Papa y que ha generado una fuerte polarización política y social. Su presencia allí puede ser una invitación al diálogo.

“Las islas representan una realidad muy vinculada al fenómeno migratorio, un asunto que preocupa especialmente al Papa”

¿Cómo interpreta el entusiasmo que genera su visita en una España cada vez menos practicante?

España se sintió poco querida durante los años de Francisco porque nunca llegó a realizarse una visita. Ahora existe una expectativa especial. León XIV transmite esperanza y también una idea de reconciliación que conecta con una sociedad muy polarizada. Mucha gente espera precisamente ese mensaje de encuentro.

Dígame una lección de vida de su trayectoria profesional.

Me quedo con la importancia de ejercer el periodismo con humildad, respeto y ética. Siempre he intentado acercar los Papas a las personas como seres humanos. Mostrar no solo la institución, sino también a la persona que hay detrás. He procurado respetar los silencios, mantener la objetividad y seguir aprendiendo cada día. Si tuviera que resumir mi carrera, diría que he intentado ser un puente entre México y el Vaticano. Y los recuerdos más valiosos no son los reconocimientos, sino los momentos humanos que tuve el privilegio de vivir junto a algunos de los protagonistas más importantes de la historia reciente de la Iglesia.

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