Opinión

72.000 angelitos invaden Ceuta por culpa del PP

CEUTA, 03/08/2026.- Cientos de inmigrantes marroquíes descansan en las calles de Ceuta, este lunes. La vigilancia en el entorno de la frontera del Tarajal, tanto por vía marítima como terrestre, así como los nuevos medios de contención en la zona con la instalación de una barrera en el mar han reducido al mínimo las entradas a nado desde Marruecos. EFE/Reduan
Cientos de inmigrantes marroquíes descansan en las calles de Ceuta, este lunes.
EFE/Reduan
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La invasión de Ceuta se ha cobrado la vida de 141 personas: 78 murieron en aguas españolas; 63, en Marruecos. El dato estremece. Que Dios acoja en su seno a las víctimas de la desesperación y de la rapiña inmisericorde de los tiranos, faltaría más. A lo largo de la Historia, la muerte ha sido el precio que más han pagado los parias de la Tierra, la famélica legión que, como cantaba Serrat en “Disculpe el señor”, no se ha enterado de que Marx “está muerto y enterrado” –muchos de ellos ni saben/supieron de su existencia–. Requiem aeternam dona eis, Domine, etcétera.

Según declaró este martes Fernando Grande-Marlaska, son “cosas que ocurren”, “no necesariamente tiene que haber una responsabilidad”; según Pedro Sánchez, “lo que subyace es la lectura interesada que las mafias que trafican con seres humanos han hecho de una sentencia del Tribunal Supremo”. Los enanitos políticos y mediáticos al servicio del líder del Ejecutivo han pasado de, abrumados en un principio por los acontecimientos, repetir la consigna de que no hay que confundir culpa con responsabilidad, a, una vez reprogramados bien desde Ferraz, bien desde Moncloa, negar cualquier responsabilidad del Gobierno de España en la invasión sufrida el pasado jueves y en sus lamentables consecuencias.

72.000 personas, según el ministro de Interior, irrumpieron en Ceuta, ciudad española, territorio europeo, el pasado jueves. Según no pocos tertulianos, 72.000 angelitos, así, en pack, pumba, libres de pecado, que han venido a pagarnos las pensiones y a deslomarse vendimiando o cogiendo aceituna. De estos, 70.000 ya habrían vuelto a Marruecos, donde los militares marroquíes, reinventando a Sísifo, los curtían a pedradas, y 2.000 permanecen en una ciudad autónoma que este lunes acogía a 862 menores inmigrantes en unos centros que tienen capacidad para atender a 29. “Cosas que ocurren”, que diría Marlaska. Ni responsables ni responsablos.

Con una excepción que se atisba en el horizonte: el PP. Algunos muyahidines sanchistas probaron, sin éxito –consuela comprobar que la tropa no es tan imbécil–, no ya responsabilizar, sino culpar al presidente de Ceuta, el popular Juan Jesús Vivas, de haber ocultado al Gobierno la “invasión” (Antonio Papell) o “la que se estaba cociendo en Marruecos” (Rosa Villacastín), mientras “se lo comunicó a Feijóo, a Margallo, a Tellado, que por lo que están contando estaban al tanto de todo”.

Yo ya no sé qué pensar de esta gente. Si, según ellos, es cosa buena, mejor aún que un chute de células madre, que casi un Ciudad Real entero –casi 77.000 habitantes tiene la villa manchega– invada un municipio habitado por casi 84.000 personas, ¿por qué apuntan contra el Belcebú genovés? ¿No quedamos en que estos migrantes –utilizar el prefijo in- en este vocablo es de fachas– eran trasuntos de monaguillos del padre Ángel?

El delirio es morrocotudo y multidireccional. La Cadena SER, que no es esRadio, precisamente, desveló que “el CNI alertó en varias ocasiones al Ministerio de Interior de que se avecinaba una entrada masiva desde Marruecos”: “El servicio de inteligencia español no avisó del momento exacto en el que se iba a ejecutar la entrada masiva por Ceuta, pero sí de que esa amenaza era real”. Marlaska lo niega, pero, como cantaba Sabina, lo niega todo, “incluso la verdad”. Según el presidente de Melilla, Juan José Imbroda, el CNI “había anunciado” la que se venía “y no se le hizo caso”. Y, según han publicado varios medios, Vivas intentó comunicarse con Sánchez el lunes 27 de julio, pero el presidente del Gobierno pasó del tema y desvió la cuestión hacia su jefe de gabinete, Diego Rubio, que despachó al ceutí con un no te preocupes.

Mientras, los ceutíes padecen, abandonados a su suerte, la resaca terrible y violenta de la invasión: en Cuatro, dos mujeres denunciaron haber sido atacadas por varios marroquíes cuando salían de comprar el pan; en la misma cadena, otra vecina se refería a una presunta violación grupal a una menor inmigrante; según El Pueblo de Ceuta, cuatro inmigrantes marroquíes agredieron a una vendedora de la Cruz Roja y le provocaron múltiples lesiones físicas; según El Faro de Ceuta, la última moda magrebí es la de subir vídeos a las redes e insultar, amenazar y dar nombres de ceutíes, en este plan: “Te juro por Alá que si ven un coche con matrícula de Ceuta en Castillejos, Tetuán o Martil, lo van a quemar”. En fin, “cosas que ocurren”, en palabras del ministro de Interior. Sin más. Y, si eso, la culpa ya será del PP.

Mi apuesta es la siguiente: estamos a dos tardes de que un Javier Aroca o una Sarah Santaolalla exijan la expulsión de los ceutíes de su propia ciudad, con la excepción de aquellos que militen en el PSOE o celebren el ramadán. Al tiempo.