Opinión

Congelar el tiempo

Donación de óvulos: ¿reproducción asistida o explotación reproductiva?
Donación de óvulos: ¿reproducción asistida o explotación reproductiva?
KiloyCuarto
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El tiempo, según parece, se detiene a doscientos grados bajo cero.

La Federación Española de Fútbol ultima un acuerdo con una clínica de fertilidad para facilitar la congelación de óvulos a las jugadoras de la Selección que lo deseen. La propuesta partió de la gran Alexia Putellas y ofrece una alternativa ante una evidencia que el deporte femenino vuelve especialmente cruda: los años de máximo rendimiento profesional coinciden con una parte decisiva de la edad fértil.

La iniciativa amplía la autonomía de las futbolistas y evita que el coste del procedimiento añada otro obstáculo a una decisión íntima. Algunas querrán ser madres, otras no; unas desearán serlo pronto y otras dentro de muchos años. Ningua de esas decisiones eso nos corresponde. Lo que sí nos concierne es aquello que una solución tan sofisticada deja al descubierto: la ficción sobre la que durante décadas construimos la igualdad profesional, según la cual el trabajador carecía de cuerpo o, para ser más exactos, disponía de uno exclusivamente masculino.

Organizamos la formación, el acceso al empleo, la competencia, los ascensos y la consolidación durante los años en los que las mujeres deben tomar decisiones sobre su maternidad. Al mismo tiempo retrasamos la independencia económica, encarecimos la vivienda, precarizamos los primeros empleos y convertimos la estabilidad en una recompensa que llega, cuando llega, cuando la biología apremia.

En el deporte esa contradicción se manifiesta con una claridad brutal. El cuerpo de una futbolista es también su herramienta de trabajo, sometida a temporadas, lesiones, convocatorias y a una carrera extraordinariamente corta. En los últimos años hemos visto a deportistas de élite afrontar públicamente la maternidad de maneras diferentes, y cada una de ellas recuerda hasta qué punto consideramos excepcional algo tan corriente.

Fuera de los estadios, y con mucha menos atención mediática, millones de mujeres hacen sus cuentas. Encontrar el momento adecuado se ha convertido en un problema generacional. Cada aplazamiento de la maternidad posee una lógica impecable, a saber: los estudios, el primer trabajo, un contrato decente, una vivienda, una estabilidad económica, una pareja compatible, si se desea tenerla. Cuando se suman, salen los años que faltan.

Europa contempla sus pirámides demográficas como quien buscara descifrar los misterios de una civilización desaparecida. Se alarma porque faltan niños (seamos francos: los niños correctos, los que nacen de madres y familias en circunstancias ajenas a las que estamos comentando gustan menos) mientras mantiene jornadas laborales, precios de vivienda, carreras profesionales y sistemas de cuidados que hacen cada vez más difícil tenerlos.

La vitrificación de óvulos aumenta las posibilidades reproductivas futuras, pero no garantiza un embarazo ni se comporta como una máquina del tiempo. El cuerpo continúa cumpliendo años, y los alquileres, de momento, tampoco parece que vayan a congelarse.

A todo esto, las futbolistas no son responsables de solucionar nuestra crisis demográfica, ni de demostrar que maternidad y deporte de élite son compatibles ni han de convertirse en ejemplo de nada. Bastante tienen con el desempeño de sus carreras y con decidir sobre sus propios cuerpos. Si la congelación de sus óvulos amplía su libertad, parece lógico que quien pueda facilitarles el proceso lo haga. Pero la noticia nos permite que la paradoja que deja tras de sí surja una vez más. Cumplido el prodigio científico de conservar durante décadas un óvulo joven, nos falta la proeza de que en un futuro las mujeres no busquen en el hielo el tiempo que no hemos sabido darles.

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