La imagen se ha vuelto familiar esta temporada en la Liga F Moeve. Una jugadora abandona el campo antes de tiempo, el gesto es serio y, después, llega el comunicado médico.
La última en sumarse fue Laia Aleixandri, que se lesionó en los primeros minutos del Clásico copero en Madrid. Las pruebas confirmaron una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha, y el resultado es otra baja de larga duración.
Una lesión que no aparece aislada en el calendario. Anteriormente, el FC Barcelona ya había tenido que prescindir de Aitana Bonmatí, intervenida quirúrgicamente por una fractura en el tobillo izquierdo, y de Patri Guijarro, que sufrió una fractura por estrés en el pie.

A ellas se sumó Mapi León, baja durante meses tras romperse el menisco en un entrenamiento. En el Real Madrid, Merle Frohms tuvo que parar por una rotura completa del ligamento cruzado posterior.
A ese escenario se suman otros casos recientes que mantienen la sensación de continuidad. Cata Coll, guardameta titular del FC Barcelona, sufrió un esguince de primer grado en el ligamento lateral interno de la rodilla izquierda durante un entrenamiento.
No se queda atras Alexia Putellas, la jugadora ha tenido que gestionar distintas molestias físicas a lo largo del curso.
Más que una cuestión de cantidad
No se trata solo del número de lesiones, sino del perfil. Son futbolistas titulares, con muchos minutos acumulados, piezas que sostienen a sus equipos.
Cada ausencia obliga a reajustes constantes y deja la sensación de que la temporada avanza marcada más por quién no está que por quién llega en forma.

No todas las lesiones llegan del mismo modo. Algunas se producen en acciones concretas; otras, como las fracturas por estrés, aparecen sin una jugada clara que las explique.
Son señales de cuerpos sometidos a una exigencia continua. El calendario aprieta, las competiciones se encadenan y el margen real de descanso es cada vez menor, especialmente para las jugadoras que enlazan liga, torneos internacionales y compromisos con sus selecciones.
Un contexto que exige adaptación
A ese escenario se suma una realidad conocida desde hace años, y es que el cuerpo de una mujer responde de forma distinta a determinadas cargas físicas.
Algunos factores como la laxitud ligamentosa, la alineación de cadera y rodilla o los cambios hormonales pueden influir en el riesgo de lesión. No como una causa única, sino como un elemento que exige planificación específica, prevención y adaptación de los métodos de trabajo.

Para nadie es un secreto que el crecimiento del fútbol femenino ha sido rápido, pero la adaptación del sistema, no siempre al mismo ritmo.
Lo que deja lo que va de temporad
El impacto no es solo médico, mas bien es deportivo. Los equipos pierden continuidad, las rotaciones se vuelven obligadas y el foco se desplaza.
El ambiente y la conversación ya no gira únicamente en torno al juego, sino a las ausencias, los plazos de recuperación y las soluciones de urgencia.
Pocas veces habían coincidido tantas bajas relevantes en tan poco tiempo y la sensación que deja el curso es contundente: no es una historia de casos aislados, sino de una acumulación que invita a mirar el entorno con más atención.
