Se pregunta Andrés Calamaro en “Comedor piquetero”, canción incluida en un disco estupendérrimo, La lengua popular, si Dios “bendice a los humildes y a los marginales”. Resuena en el verso del compositor argentino, evidentemente, un eco del capítulo quinto del Evangelio de san Mateo, el del Sermón de la Montaña, y, por ende, el de las bienaventuranzas. “Bienaventurados los mansos –dijo mi tocayo de Nazaret–, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. “Bienaventurados los gansos –creyó oír un seguidor de Cristo en La vida de Brian–. Por lo visto, van a heredar la tierra”. Ojalá fuera cierto.
Lo digo en serio, sería estupendo. Los gansos cebados, en concreto. Los Anser anser domesticus a los que un tipo les enchufa un tubo y que, tras un proceso como sacado de Braindead: Tu madre se ha comido a mi perro –antes de perderse por la Tierra Media, Peter Jackson hizo gore, y un gore divertidísimo–, salen convertidos en fuagrás. Las muertes entre terribles sufrimientos de los familiares del tío Waldo –véase Los Aristogatos– han inspirado el “Día Mundial contra el Foie Gras“: según Stop Foie Gras, se celebra el 21 de noviembre; según Igualdad Animal, el 26 del mismo mes. Por lo visto, cuando toca –quédense con la fecha que prefieran–, grupos animalistas, veganos y derivados se manifiestan frente a las embajadas y consulados franceses de varias ciudades. Me los imagino cantando “tu ñam ñam no vale su cuac cuac”, o consignas similares.
Del mismo modo, propongo que cada 7 de septiembre celebremos el día, si no mundial, al menos, nacional –incluso nacional de la nación de naciones–, contra el fuagrás… informativo. “Españolito que vienes / al mundo, te guarde Dios. / Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”, escribió en Campos de Castilla “el hermano de Manuel” (Borges) sin saber que, poco más de un siglo después, grosso modo, una de esas dos Españas sería la del PSOE, y la otra, la de los jueces que hurgan en los presuntos trapicheos de sus gerifaltes o de sus familiares, cuando no del propio partido. El binomio, enemistado y antagónico, produce tal cantidad de información que, con la excepción de los yonquis de la cosa, todo se escurre y se olvida…, hasta que llega la condena, un ministro acaba en el trullo, Sánchez asegura que ha sido supercontundente con el choro, sus enanitos políticos y mediáticos le aplauden, y vuelta a empezar. El ciclo sin fin. Como el de El Rey León.
Los periódicos, los telediarios y los magacines informativos hacen lo que deben: publicar y dar cuenta del cebo intensivo. Por su parte, el lector, el oyente y el espectador intentan, como pueden, que la actualidad no haga fuagrás no ya con sus hígados –algún afectado habrá, ¿quién se atreve a descartarlo?–, sino con sus cerebros.
Sólo este lunes, futurible día nacional de la nación de naciones contra el fuagrás informativo, supimos que el juez Peinado convocaba a Begoña Gómez para el último trámite antes de ponerla ante un jurado popular; que el expresidente de Plus Ultra, Julio Martínez Sola, declaraba ante el magistrado de la Audiencia Nacional José Luis Calama que aceptó pagar una comisión del 1% “al grupo Zapatero”, y que el mismo Calama rechazaba anular la causa tal y como solicitaba la defensa del expresidente; que la Audiencia Nacional investiga un contrato ficticio de 15 millones de lereles vinculado a la supuesta financiación irregular del PSOE; y, para rematar, que la jueza María Tardón investigará la invasión de Ceuta al considerar que “nos hallamos ante una conducta delictiva presuntamente cometida en el extranjero que ha atacado gravemente la integridad territorial de España, que está garantizada en el artículo 2 de la Constitución”. Hale, a digerirlo todo. Sin diñarla en el intento. Cuac cuac.

