Opinión

Mercedes González, en la ciudad de la peste

MADRID, 16/06/2026.- La directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, comparece, a petición del PP, ante la comisión de Interior, este martes en el Senado. González ha asegurado este martes que "jamás, nunca" ha participado "en ninguna trama o conspiración contra la Unidad Central Operativa (UCO)" ni contra su unidad contra la delincuencia económica ni contra ningún agente del cuerpo, "ni por influencia de la señora Leire Díez ni por nadie". EFE/ Kiko Huesca
La directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, comparece, a petición del PP, ante la comisión de Interior, este martes en el Senado.
EFE/ Kiko Huesca
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La dirección de la Guardia Civil, do el honor debiera ser divisa, se ha convertido, presuntamente, en un “ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños”. Quevedo –el escritor, no el cantante– nos enseñó en El Buscón que “nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”, y el puesto per se, allende quien lo ocupe, se exhibe maldito, rollo cementerio indio, como un generador de malas artes con identidad propia. En Guzmán el Bueno, como en la Orán de la magnífica novela de Camus, el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás. Qué decir de Roldán. O de la olvidada María Gámez, quien dimitió por una investigación que afectaba a su marido, Juan Carlos Martínez –y cuya causa fue archivada–. O de Mercedes González, feligresa ferviente y longeva del presidente Sánchez, imputada por el juez Santiago Pedraz a petición de la Fiscalía Anticorrupción, que le atribuye un delito de prevaricación y otro de obstrucción de la Justicia. Como a Manuel Llamas, el DAO, que se llama igual que el periodista de esRadio.

Cantaba Feijóo este lunes un estribillo que rezaba que “el sanchismo ya tiene los mismos imputados que diputados: 121”. Bueno, pues ya le ha caducado. El número de investigados del Gobierno y/o del PSOE se asemeja a una morena escurridiza, voraz, vigoréxica. Decir “Leire Latre” es invocar a la Yersinia pestis: hace unos días, el mismo juez y en el mismo caso, imputó a la actual presidenta de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), Belén Gualda; este jueves, Pedraz le entregó el décimo premiado a González y a Llamas, a quienes ha citado a declarar en dos semanas para departir sobre la fontanera y sus perversas –presuntamente, insisto– labores. A quién le tocará mañana. Porque este rayo no cesa.

El escrito de la Fiscalía Anticorrupción, desvelado por laSexta, es demoledor: González y Díez tenían “una relación personal y reiterada”. La tribu del fiscal Alejandro Luzón, entre Torquemada y Hitler según TVE, deja como a Cagancho en Almagro al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien negó en mayo reuniones de la directora de la Guardia Civil con la autoproclamada periodista de investigación, y a la propia González, quien, el pasado 16 de junio, en la comisión de Interior del Senado, rechazó haber participado “en ninguna trama contra la UCO, la UDEF o cualquier agente del cuerpo”, “ni influenciada por Leire Díez ni por ninguna otra persona”, si bien reconoció haberse tomado “dos cafés” con ella.

Entretanto, el presidente del Gobierno tira del manual que firmó él y escribió Irene Lozano: insta a aguantar. Cuentan en el Ejecutivo que tanto Gualda como González “seguirán ejerciendo sus funciones como hasta ahora y mostrando la máxima colaboración con la Justicia en todo lo que se les requiera”. Algo así dijeron cuando la imputación del exfiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, finalmente condenado por el Supremo. Porque, como nos indicó Camus, siempre llega el día en que la peste, “para desgracia y enseñanza de los hombres”, despierta a las ratas y las manda a morir en una ciudad dichosa.