Digno de “Cero sesenta”, uno de los himnos subnopoperos de Ojete Calor, es ese tópico, por no decir jaculatoria, que sostiene que el Maharishi Zapatero acabó con ETA. La banda terrorista es a los dinosaurios lo que sus herederos políticos son a los pájaros –no en vano, a las aves modernas se les conoce como “dinosaurios avianos”–: descendientes directos que mutaron genéticamente y se adaptaron al medio para evitar la extinción. Con matices, claro está: en el Cretácico-Paleógeno, los tatarabuelos de los jilgueros y de los alimoches sobrevivieron en un entorno hostil; desde el 3 de mayo de 2018, cuando los sanguinarios gudaris de la serpiente enroscada en el hacha anunciaron su disolución formal, las marcas blancas, los derivados o los descendientes –cuando no ellos mismos– de quienes otrora sacudieron el árbol no han hecho otra cosa que recoger las nueces ante la desidia, cuando no la connivencia, de buena parte de los partidos políticos maquetos.
Según datos del Ministerio del Interior, los angelitos caídos de Euskadi Ta Askatasuna asesinaron a 853 personas entre 1968 y 2010. A esta cifra habría que sumar otros 379 crímenes sin resolver. El total asciende a 1.232 personas: menos habitantes tiene mi pueblo. Una de las víctimas de esta gentuza respondía al nombre de Miguel Ángel Blanco. Hijo de emigrantes gallegos, economista de formación, baterista de la banda Póker y concejal del PP en el Ayuntamiento de Ermua. Tal día como este viernes, pero hace veintinueve años, Txapote, Amaia y Ttotto lo secuestraron y ETA anunció que, si el Gobierno no se sometía a sus exigencias, le arrebatarían la vida en cuarenta y ocho horas. Cumplieron con su infecta palabra. Al instante, vino el espíritu de Ermua, una materialización inaudita de la decencia nacional, y la ciudadanía señaló y manifestó su repulsa hacia los malos. Unos malos que, grosso modo, con el paso de los años y la acumulación de intereses políticos, cada vez lo fueron menos y que, ya digo, como aquellos pájaros prehistóricos, mutaron, se disfrazaron de hombres y de mujeres de paz –o no, pero así se quiso ver–, pisaron moqueta e incluso fueron recibidos y ascendidos a socios de Gobierno por un presidente que aseguró que jamás pactaría con ellos.
Coincidiendo con el aniversario de su secuestro, Netflix estrena este viernes Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo, una película documental dirigida por Jon Sistiaga y Juanjo López que analiza aquellos terribles días y en la que participan, entre otros, el rey Felipe VI, José María Aznar, Jaime Mayor Oreja o la hermana del joven asesinado, Marimar Blanco. Sistiaga lo promocionó este martes en La Revuelta, el programa de Broncano, y lamentó que “el 60% de los jóvenes de menos de veinticinco-treinta años no saben quién era Miguel Ángel Blanco o qué era ETA. Y esto es un fallo de la democracia, es un fallo de nuestro sistema educativo y de todos los padres, que nos hemos dormido en muchas cosas”. Cabe preguntarse si este fallo, cuya existencia es objetiva, es inocente. Si esta amnesia no ha sido pretendida, fomentada y cebada. Una amnesia particular y selectiva. Porque, en el País Vasco y en Navarra, los buitres no cesan de recordar y de homenajear a los velocirraptores: según el Observatorio de Radicalización del Colectivo Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (Covite), en 2025 hubo 374 actos de apoyo a ETA: 47 menos que en 2024, pero 82 más que en 2021. Porque, en el resto de España, hay cenutrios que, en cuanto se invoca al concejal asesinado, remiten al GAL, a los torturados en las cárceles franquistas y a la “PUTA MENTIRA” (sic) de la Transición. A los comentarios del vídeo de la entrevista a Sistiaga, colgado en X por La Revuelta, remito.
Jon Sistiaga: "El 60% de los jóvenes de menos de 25-30 años no saben quién era Miguel Ángel Blanco ni qué era ETA. Y esto es un fallo de nuestro sistema educativo" #LaRevuelta @jsistiaga pic.twitter.com/L9LIQZqrr4
— La Revuelta (@LaRevuelta_TVE) July 7, 2026
Hemos perdido y han ganado. Porque así se ha querido, maldita sea.

