Opinión

No es el exceso de tecnología, es la falta de curiosidad

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El informe PISA, que proporciona datos de distintos países con el fin de evaluar sus sistemas educativos, ha traído este 2026 los peores datos para el alumnado español desde que se realiza esta evaluación. Hace tan sólo una semana que se hizo público, y ya en estos días hemos podido leer multitud de reflexiones diferentes intentando explicar por qué se han obtenido unos resultados tan malos, y la mayoría de las explicaciones lo que hacen es demonizar la tecnología. Y es que según muchos son las pantallas, las redes sociales y la IA lo que ha hecho que nos encontremos actualmente con una generación que no tiene comprensión lectora, y este el problema de base: si no se entiende lo que se lee, da igual la asignatura porque no entiendes nada de ninguna disciplina.

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Unos alumnos haciendo las pruebas de Selectividad
El Correo

Dicen que desde que irrumpieron las pantallas en nuestras vidas nadie quiere leer, no al menos como leíamos hace años. Como resultado: se ha perdido la capacidad de, no sólo entender largos textos, sino también de leerlos, porque tampoco hay capacidad de atención. Y el problema, para muchos, es la tecnología.

Pero yo no estoy de acuerdo, y matizo: en lo que no estoy de acuerdo en que la tecnología sea el problema, o no el único problema.

Dicen que los jóvenes no leen (que tengo mis dudas, porque los datos para España es que el grupo más lector son los jóvenes de entre catorce y veinticuatro años), pero lo que yo veo es que la gente, que no sólo los jóvenes, o alguna gente y algunos jóvenes no tiene curiosidad no solo por leer, sino por realizar otras actividades más allá de estar horas pegados a su móvil. La tecnología no es el problema, sino el uso que se hace de ella.

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Varios usuarios usan sus teléfonos móviles.
EFE/Kith Serey

Estudié Ciencias Físicas cuando ni siquiera existía Internet, y ahora me maravillo viendo la enorme fuente de recursos para el aprendizaje que es Internet y que son las redes sociales. Porque además de miles de personas contando nada, existen otros miles de personas hablando de ciencia, de tecnología, de arte, de historia, de literatura y de muchas otras disciplinas. Yo las veo y pienso lo que me hubiera gustado tener a mi disposición, a solo un clic, tantos recursos cuando era joven. Que durante años mi único recurso, como para tantas otras personas, era ir a las bibliotecas y sumergirme en libros.

Y estos recursos son utilizados actualmente por muchas personas de todas las edades que también siguen leyendo libros, y entonces lo que me planteo es si lo que falla no es la educación en sí, la educación general, en los colegios y en los hogares, que hace que los niños, los adolescentes, los jóvenes, no tengan curiosidad por salir de los móviles, por salir al mundo, por buscar conocimiento. ¿Cuándo las personas quisieron dejar de aprender, por el simple placer de aprender, o para no ser manejado como una marioneta? ¿Cuándo se perdió la curiosidad y el querer ir un poco más allá en el conocimiento, de manera individual?

'Leer Lolita en Teherán', la película de Eran Riklis que adapta las memorias de Azar Nafisi
‘Leer Lolita en Teherán’, la película de Eran Riklis que adapta las memorias de Azar Nafisi

Muchos padres se quejan de que sus hijos no leen un libro y yo me pregunto cuántos libros leen esos padres y cuántos cuentos han leído a sus hijos. Muchos padres se quejan de que sus hijos están pegados a los móviles y yo me pregunto si ellos no hacen lo mismo. No hay más que mirar alrededor de uno y ver cuántos padres le dan móviles a niños que prácticamente acaban de aprender a caminar, que así el niño está tranquilo y no tengo que ir a jugar con él. Y en cuántas mesas de restaurantes están todos los miembros de una familia, y no sólo lo más pequeños, sumergidos cada uno en la pantalla de su móvil.

Carl Sagan (astrofísico, astrónomo, profesor de las Universidades de Harvard y Cornell, defensor del pensamiento crítico y por si fuera poco, divulgador científico que fue muy famoso en el pasado siglo XX, creador de la serie Cosmos) lo explicó en múltiples ocasiones: los niños son curiosos por naturaleza, y a menudo hacen preguntas muy profundas que chocan con la ignorancia de los adultos, que como no saben responderlas, terminan diciendo “qué más te da, para qué preguntas eso” o “no hagas preguntas tontas”, cuando las respuestas deberían ser (si el adulto no las conoce): “No lo sé, pero vamos a buscar juntos la respuesta”.

El progreso y la investigación de todo tipo se cimenta sobre la curiosidad de todos los que se preguntan “qué pasaría si” o “por qué sucede esto de esta manera y no de otra”. Por eso no creo que la tecnología, ni las redes sociales, ni la IA, sean responsables de lo que ocurre, sino que la responsabilidad es de todos los que han dejado a todos estos chicos tirados a todo ello sin acompañamiento, sin hacerles curiosos, sin encenderles la llama del conocimiento, esa llama que según se atribuye a Platón, es la que se enciende con la educación.

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Una menor observa reacciones negativas y comentarios en redes sociales
Shutterstock

No hace falta quemar libros para destruir una cultura, basta con que la gente deje de leerlos, decía Bradbury, el escritor que mostró en Fahrenheit 451 cómo se controlaba una sociedad prohibiendo la lectura y con ello, el pensamiento crítico.

Reflexionemos todos, o reflexione quien tenga que reflexionar cómo hemos llegado hasta aquí, y por qué nos (o los) quieren así y veamos si es posible organizar una resistencia para dar la vuelta a esto que está pasando. Si en Fahrenheit 451 fueron capaces de organizarla y aprender de memoria libros enteros para que no se perdieran en el olvido, seguro que nosotros algo podremos hacer con este panorama.

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