Opinión

No somos invitadas: las mujeres latinas también estamos transformando España

MADRID, 20/05/2024.- Fotografía de un grupo de mujeres de origen latinoamericano que participan en un encuentro de la iniciativa 'Amigas para el alma' este lunes en Madrid. Para muchas personas la migración puede suponer más un problema que una solución, ya que la ausencia y falta de conexión con los suyos son un detonante que enfrentan día a día los emigrantes. En ese contexto nació el proyecto 'Amigas para el alma', que ha logrado conectar ya a 800 mujeres en España. EFE/ Deyni Menjivar
Fotografía de un grupo de mujeres de origen latinoamericano que participan en un encuentro de la iniciativa 'Amigas para el alma' en Madrid. Menjivar
EFE/ Deyni
Yoneice Pineda
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Durante mucho tiempo nos han explicado cómo debemos integrarnos. Nos han dicho que debemos adaptarnos, aprender, esforzarnos y demostrar que merecemos una oportunidad. Pero hoy quiero plantear otra pregunta:

¿Cuándo vamos a dejar de tener que demostrar que merecemos estar?

Soy mujer. Soy latina. Y he aprendido, a lo largo de los años, que muchas veces a las mujeres nos enseñan a ocupar poco espacio. A no molestar. A agradecer las oportunidades como si fueran favores. A conformarnos con haber llegado hasta aquí.

Yo no quiero conformarme.

Y creo que muchas mujeres latinas en España tampoco.

Porque no hemos venido solamente a buscar una vida mejor. Hemos venido también a construirla.

Y construir una vida en otro país requiere valentía. Requiere empezar de nuevo, aprender códigos que no siempre conocemos, crear nuevas redes y afrontar muchas veces el sentimiento de estar lejos de lo que conocemos.

Pero hay algo que no deberíamos perder nunca en ese proceso: nuestra voz.

No somos solo las mujeres que cuidan

Hay una imagen de la mujer latina que todavía nos persigue.

La mujer que cuida.

La mujer que limpia.

La mujer que sostiene una casa que no es la suya.

La mujer que trabaja mientras deja a sus propios hijos al otro lado de un océano. Esa realidad existe. Y merece ser reconocida, protegida y dignificada. Pero nosotras somos mucho más.

Somos empresarias. Somos profesionales. Somos emprendedoras. Somos estudiantes. Somos científicas. Somos artistas. Somos trabajadoras. Somos madres. Somos líderes sociales. Y también somos mujeres que queremos decidir. Decidir qué estudiar. Dónde trabajar. Qué proyecto emprender. A quién amar. Qué vida construir. Qué lugar ocupar.

Eso también es feminismo.

Porque el feminismo, para mí, no puede ser un espacio reservado para unas pocas. Tiene que ser capaz de mirar a todas.

También a la mujer que llega de América Latina.

También a la mujer que todavía está aprendiendo cómo funciona un nuevo país.

También a la mujer que tiene talento, pero no encuentra una puerta abierta.

También a la mujer que ha conseguido abrirla y ahora quiere abrir diez más.

A veces nos piden resiliencia cuando lo que necesitamos es igualdad

Hay una palabra que se utiliza mucho cuando hablamos de mujeres migrantes: resiliencia.

Y sí, somos resilientes.

Hemos demostrado una enorme capacidad para levantarnos, reinventarnos y seguir adelante.

Pero tengo que decir algo que considero importante: no deberíamos convertir la resiliencia en una obligación.

Una mujer no debería tener que sufrir para demostrar su fortaleza.

No deberíamos romantizar las dificultades.

No quiero una sociedad que admire a una mujer porque consiguió salir adelante después de soportarlo todo.

Quiero una sociedad que se pregunte por qué tuvo que soportarlo todo.

Ahí empieza, de verdad, la conversación sobre igualdad.

Las mujeres latinas queremos estar donde se decide

España ha cambiado.

Y nosotras hemos sido parte de ese cambio.

Estamos en sus calles, en sus empresas, en sus universidades, en sus barrios, en sus organizaciones y en sus comunidades.

Sin embargo, estar presentes no siempre significa tener poder para participar.

Y aquí es donde todavía tenemos mucho camino por recorrer.

Quiero ver más mujeres latinas en los espacios donde se toman decisiones.

Quiero verlas creando empresas, dirigiendo proyectos, participando en instituciones, formando parte de consejos, hablando en los medios, ocupando espacios culturales y aportando conocimiento.

No como una cuota de diversidad.

No para llenar una fotografía.

No para decir que también había una latina.

Queremos estar porque tenemos algo que decir.

Y porque nuestra experiencia también cuenta.

La sororidad tiene que ser real

Hay algo en lo que creo profundamente: una mujer no debería avanzar sola cuando puede llevarse a otras consigo.

Necesitamos más redes y menos rivalidad.

Más colaboración y menos miedo a compartir oportunidades.

Cuando una mujer recomienda a otra para un trabajo, cuando comparte un contacto, cuando ofrece información, cuando acompaña a otra que está empezando, está haciendo política en el sentido más humano de la palabra: está transformando su entorno.

Eso es sororidad.

Y la sororidad entre mujeres latinas puede ser todavía más poderosa porque conocemos de cerca las dificultades que otras han vivido.

Sabemos lo que significa llegar con dudas.

Sabemos lo que significa comenzar de nuevo.

Sabemos lo que significa sentirse extranjera.

Y sabemos también lo que significa encontrar a otra mujer que te diga:

No estás sola.

A veces una frase así puede cambiar una vida.

No quiero que nuestras hijas hereden nuestros límites

Pienso mucho en las nuevas generaciones.

En las niñas latinas que están creciendo en España.

Quiero que tengan referentes.

Quiero que vean mujeres parecidas a ellas ocupando espacios que durante mucho tiempo parecían reservados para otras.

Quiero que puedan imaginarse como empresarias, científicas, periodistas, juezas, escritoras, ingenieras, directoras o responsables de grandes proyectos.

Y quiero que lo hagan sin pedir permiso.

Porque cada vez que una mujer rompe un techo de cristal, no lo rompe solamente para ella.

Lo rompe para las que vienen detrás.

España también es nuestra historia

A veces todavía hablamos de nosotras y España como si fueran dos realidades separadas.

Yo no lo veo así.

España también forma parte de nuestra historia.

Aquí trabajamos.

Aquí estudiamos.

Aquí crecen nuestras familias.

Aquí nacen nuestros proyectos.

Aquí están nuestros sueños.

Y por eso también tenemos derecho a hablar de cómo queremos que sea esta sociedad.

Una sociedad más justa.

Más igualitaria.

Más abierta.

Más consciente de que la diversidad no debe servir para decorar discursos, sino para enriquecer la vida pública.

Las mujeres latinas no pedimos privilegios.

Pedimos oportunidades.

No pedimos que nos regalen un lugar.

Pedimos que no se nos cierre la puerta.

No pedimos que hablen por nosotras.

Queremos hablar.

Y no queremos ser invitadas solamente a la conversación sobre migración.

Queremos formar parte de las conversaciones sobre economía, empresa, educación, cultura, liderazgo, igualdad y futuro.

Porque también tenemos ideas.

También tenemos experiencia.

También tenemos propuestas.

También tenemos voz.

Y la voz de una mujer nunca debería ser demasiado

Hoy escribo estas palabras desde una convicción profunda: las mujeres latinas no somos espectadoras de la transformación de España. Somos parte de ella.

Hemos cuidado.

Hemos trabajado.

Hemos emprendido.

Hemos acompañado.

Hemos resistido.

Y ahora también queremos liderar.

No para ocupar el lugar de nadie.

Sino para ocupar el nuestro.

Porque la igualdad no consiste en pedir permiso para entrar.

La igualdad consiste en que nadie tenga que preguntarse si tiene derecho a estar. Y yo quiero una España en la que una niña latina pueda crecer sabiendo que su apellido, su acento o el país del que proceda su familia no determinarán hasta dónde puede llegar. Una España en la que ninguna mujer tenga que hacerse pequeña para encajar. Una España en la que podamos ser diferentes y, al mismo tiempo, tener las mismas oportunidades. Ese es el país que quiero. Y ese es también el compromiso que debemos asumir juntas.

No somos invitadas.

Somos mujeres. Somos ciudadanas. Somos protagonistas.

Y también estamos construyendo España.

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