Opinión

Planes de verano

Verano
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La época estival es la más propicia para desarrollar esas aficiones que quedan relegadas durante el resto del año, esas actividades sanadoras al aire libre. Tras hablar con cientos de ciudadanos (decenas, en realidad) he elaborado una lista de los diez hábitos más queridos por los españoles. Tomen nota.

Discutir con desconocidos por Internet

Cuando era community manager comprobé que las mejores franjas para postear eran las que coincidían con el horario de oficina. No hay mucha gente en redes durante el verano, pero a cambio se forman las discusiones más virulentas por los temas más banales. Siempre hay alertas informativas (serpientes en el río, escarabajos asesinos, muertes por balconing, botellón salvaje en alta mar). Los temas que desconocemos son los mejores para opinar y enfadarse. Es cierto que lo hacemos durante todo el año, pero hacerlo durante el verano nos deja más tiempo para explayarnos durante horas sin necesidad de hacerlo a escondidas para que no se note la radical bajada en la productividad.

Comprar ropa que no nos cabe

En realidad, la temporada de ropa de otra talla empieza ya en primavera, con los primeros brotes de necio entusiasmo ante una dieta que no seguiremos, pero la hora de comprar ropa que definitivamente no nos podemos poner es la primera quincena de julio (hay que darse prisa). Cuando los propósitos de año nuevo han fracasado (mes de febrero) nos metemos en la Operación Bikini, y cuando esta no funciona, vamos a las dietas exprés que tan cómicos resultados proporcionan. Un bikini de la talla 36 cuando habitualmente calzas una 42. ¿Por qué no?

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Retocar fotos

Como la dieta ha fallado, el plan B es vivir una realidad paralela en la que comiste fruta y verdura a menudo. La foto, tomada y repetida mil veces, será un lienzo sobre el que construir un físico alternativo al que tildar de idealizado sería hasta eufemístico. Fotografiar el hecho en si (el tiempo libre, las vacaciones) tiene que primar sobre la elección del destino o el disfrute de ese mes de libertad que nos concede el yugo del trabajo. Ahora en los suplementos de moda y estilo de vida lo llaman “instagrameable”. Se come mal, se vive peor, pero queda mejor en Instagram. Los jóvenes pasan de esto; ellos están en Tiktok.

Consumir en terrazas caras

El amor del español por la intemperie es digno de estudio. Es entendible porque tenemos el mejor clima de Europa – aunque no por mucho tiempo – , pero no tiene mucho sentido que nos queramos poner todos en los mismos metros cuadrados junto a la peor curva de la ciudad solo porque todo el mundo está ahí hacinado. El camarero ancestral ibérico, ese capaz de llevar de cabeza las cuentas de doce mesas de diez personas cada una, es el verdadero héroe de esta historia. Y el verdadero ganador es su patrón. Nosotros somos los soldados de esa guerra por la salmonelosis, la insolación, el hacinamiento y la cabeza de gamba en el suelo. Pese a que la mayoría de los ciudadanos acuden – por cuestión de economía – a estas terrazas, hay otros que por un poco más van a otras donde se come peor por apenas diez veces más. Se llaman a si mismos traders y, aunque ellos no lo sepan, viven de las paguitas (en concreto de las de sus padres).

Endeudarse

Esta debería ser la primera. Endeudarse es básico para la consecución de todas las aspiraciones aquí mencionadas. El sueldo no nos llega y la cesta de la compra sube sin parar y sin ofrecer tregua. La solución es el endeudamiento. Si te puedes endeudar, tan pobre no eres. Al pobre no le presta dinero nadie, así que aprovecha tu privilegio y pide un préstamo para ir a un sitio en el que echar de menos tu casa.

Ir de vacaciones a sitios incómodos

¿Conocen el libro Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer? En él, David Foster Wallace se dedica precisamente a eso, a hacer cosas supuestamente divertidas. Una de ellas es ir a un crucero, esa actividad que todos imaginamos como Vacaciones en el mar. La realidad es que son ciudades flotantes que expelen ríos de heces y deshechos. Se hacen colas para comer, bañarse, bailar, y beber. A veces hay un mago, y el concurso nacional de karaoke se celebra en uno de ellos. Tengan cuidado. También pueden elegir un destino exótico que en las fotos está desierto. No se preocupen. Estará lleno de gente sacándose una foto. Haga cola para la foto y siga consumiendo.

Infestar las playas

El extenso y rico litoral español, antaño cristalino, es el lugar adecuado para el descanso. Una visita a la playa no se concibe sin sombrilla, sillas plegables, neveras portátiles (una para las cervezas y otra para la comida), toallas, gorras, cremas solares, mini piscina para el bebé, aparato de radio, cortavientos, y mesa de camping. Lo imprescindible para pasar el día junto al mar, disfrutando del viento y la arena con casi lo mismo que tendríamos en casa, pero en un suelo más incómodo. El español gusta de compartir melodías con el resto de visitantes de la playa y, habiéndose homogeineizado los gustos musicales al máximo, da igual en qué provincia se esté, que solo va a oírse a Bad Bunny.

Huir de la pareja a través del móvil

Esto es importante: el verano es la época ideal para descubrir que una relación no funciona. Nueve de cada diez españoles no quieren tentar a la suerte y se refugian en el móvil para no conocer de verdad a ese fulano o fulana que tienen al lado. Para quererte es mejor que no estés cerca, o algo así escribió Luis Alberto de Cuenca.

Dejar la Tablet al cuidado de los niños

Si hay niños hay ruido. Si hay ruido no hay descanso. Si usted no tiene la posibilidad de mandares a dar por culo a las mesas o bungalows cercanos, siempre puede darles una Tablet para que vean dibujos animados o la perversión que más se les ponga a tiros. Si usted no se ha educado ni a su mismo, ¿cómo va a educar a su prole? Póngales una tablet.

Pasear un libro

Pese a los elocuentes índices de lectura que hay en España, pasear un libro es la forma aspiracional de la bibliofilia. Necesitamos salir de la rutina y leer esos ensayos y novelas que dejamos aparcados el resto del año. Pero, porque la vida es así, no pocos españoles acaban llevando el libro de un lado a otro sin pasar nunca de la página quince. Todo lo anterior es más importante: las fotos, las comidas, la tablet, la radio, la deuda… Todo está enfocado a lo que todo español desea de cara al verano, que es huir de la realidad, y por ende de uno mismo. Las vacaciones que necesitamos están fuera de la peor cárcel que existe, que es la de nuestra cabeza. A ver si este verano por fin nos escapamos, pero de verdad.

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