La sesión de este miércoles comenzó con un respetuoso minuto de silencio en memoria de Pablo Vázquez y Josep Grau. A partir de ahí, lo que parecía que iba a ser otro pleno monotemático sobre Ceuta y Marruecos y otro calvario para el Gobierno, Sánchez tuvo la habilidad de convertirlo en un acto de lanzamiento de su candidatura a líder de la sinistra europea, como el último dique, la última esperanza, frente al tsunami de la ultraderecha que arrasa el viejo continente.
Feijóo, el Kennedy de Os Peares, estuvo bien, pero sin la fuerza e intensidad de su discurso del pasado jueves. Habló del desastre del informe PISA, del desastre de Ceuta y del supremo revolcón de la ley de nietos. Cerró, eso sí, a lo grande preguntando qué haría el Gobierno si se repitiese en Ceuta otra invasión de 80.000 personas. Sánchez presumió de gestión en educación y en la réplica criticó la sentencia del Tribunal Supremo. La acertada y pertinente pregunta del líder popular no tuvo respuesta, ni se espera que la tenga en lo que resta de legislatura.
El gran momento de la mañana fue el cara a cara entre Abascal, el cowboy de Amurrio, y el faro de la socialdemocracia universal. El alavés venía entusiasmado por los resultados de sus hermanos alemanes en Sajonia- Anhalt, que le han llenado de felicidad a él y a Sílvia Orriols, su gemela catalana. Lo sucedido en Ceuta es evidente que por acción u omisión es responsabilidad de Marruecos.
“Hay que cazarlos”
Los cónsules, magistrados y legionarios de la Roma clásica no tendrían ninguna duda: cui prodest. Los marroquíes, sin embargo, no calibraron bien que esto no les beneficiaba solo a ellos, sino que beneficiaba muchísimo más a Vox y demás extremas derechas europeas a las que últimamente todos los vientos (salvo los húngaros) les son favorables, a pesar de su inquietante y tenebrosa fibra moral y política. ¡Pobre Europa!
Abascal, con Figaredo Furioso, el ruiseñor de las Cortes, de cuerpo presente y queriendo igualar el “hay que cazarlos, hay que cazarlos” del diputado asturiano, realizó una intervención durísima con claros tintes racistas y xenófobos. Si las palabras de Figaredo ya forman parte de la historia universal de la infamia (no de la borgiana), las de Abascal se acercan peligrosamente.
Le dijo a Sánchez que “su sistema educativo es la cultura marroquí, la lengua árabe y la comida halal”. En España viven un millón de marroquíes que se ganan honradamente la vida y que no se merecen ni este desprecio ni estas palabras. Mujeres como Fadoua El Ouatit, la mejor camarera del barrio de Salamanca, que es tanto como decir la mejor del mundo. Hombres como el metre del hotel Santo Mauro, un tangerino políglota que entusiasma en seis lenguas a los clientes y que sería sin duda el candidato ideal para ser el eterno barman del Café de Rick de Casablanca. Y todos esos jóvenes de brillante currículum que anuncian en LinkedIn a diario su incorporación a los grandes despachos de abogados y empresas de nuestro país.
Un perro sin amo
Pedro Sánchez agradeció el gran regalo de la intervención del antiguo amigo del matrimonio Espinosa de los Monteros. Le dijo que sus palabras estaban llenas de odio, insultos y xenofobia y utilizó uno de los insultos que Vox le dedica habitualmente para decir la frase del día, para marcar el gol de la jornada: “Seré un perro, pero no tengo amo”.
Al sentarse en su escaño Sánchez sabía que había ganado un debate más; que había despejado la pelota de un Rif, muy perjudicial para sus intereses electorales, a un Rin, donde puede estar su única esperanza de victoria. El presidente socialista ya se ve a sí mismo como el nuevo Otto Wels, el líder que va a encabezar la resistencia democrática europea frente a la amenaza del fascismo. Si en 2023 Sánchez movilizó a la izquierda agitando el miedo a Vox, en 2027 lo intentará hacer removiendo el espanto de los progresistas a todas las ultraderechas europeas.
En el resto de la sesión destacó una vez más Ester Muñoz, la Electra del PP, a la que ya me da apuro elogiar por temor a perjudicarla entre sus compañeros de filas. La diputada leonesa hizo cuatro preguntas sobre Ceuta muy claras y sencillas al vicepresidente Carlos Cuerpo. Le preguntó lo mismo que nos preguntamos millones de españoles: el número de personas inmigrantes que siguen en la ciudad norteafricana, el número de menores, cómo entraron y quién ha atacado a España, descartada una conspiración judeo-tecnológica.
Además de este brillante juego de palabras (que es lo que los diputados deberían buscar y trabajar siempre, no los insultos) nos volvió a demostrar que el “suaviter in modo, fortiter in re” de Quintiliano, el Cicerón de Calahorra, sigue siendo uno de los mejores caminos para triunfar en la oratoria.
El plato fuerte del día
El ministro de Economía, el López Rodó de Sánchez, con la flema y tranquilidad que le caracterizan, no contestó a nada, saliéndose una vez más por los cerros de la economía. Enumeró las medidas adoptadas por el Gobierno para evitar que las incertidumbres económicas se añadan al resto de preocupaciones de los ceutíes. Su respuesta al diputado lucense popular Jaime de Olano siguió la misma línea, pero desde la tribuna de prensa yo agradecí al ministro y a los dos representantes del PP que sus preguntas y respuestas fuesen un oasis de respeto en el durísimo y pedregoso desierto de discordia y enfrentamiento que son las mañanas de los miércoles en la Carrera de San Jerónimo.
El plato fuerte del día parecía que iban a ser las tres preguntas al ministro Marlaska de Ahumada, no solo por la entidad de los interpelantes: Tellado el Travieso; Ana Belén Vázquez, la María Pita de Bande, y Pepa Millán, la señorita Rottenmeier de Cabra, sino por la variedad de frentes que tiene abiertos el magistrado bilbaíno, listas negras de periodistas y tertulianos incluidas. En honor a la verdad hay que reconocer que Marlaska se defendió bien y salió del Congreso, como había entrado, en coche oficial, a pesar de las metáforas y chanzas telladianas sobre los distintos tipos de vehículos. A Marlaska la ausencia en el banco azul de Margarita Robles le sentó de maravilla.
Así transcurrió otra sesión de control, otra jornada parlamentaria. El presidente Sánchez, el Ulises de la Mareta, que entró en el Congreso pensando en el Rif, se fue cavilando sobre el Rin y recordando un verso de su libro de cabecera, el verso de La Odisea: “El destino permite aun la esperanza”.

