Opinión

Supersticiones

En el hotel RIU no hay planta 13... | Ilustración: César Sánchez, kiloycuarto.es
En el hotel RIU no hay planta 13... | Ilustración: César Sánchez, kiloycuarto.es
María Jesús Güemes
Actualizado: h

El otro día fui a comer con unos amigos y les dejé pasmados al decir que la Virgen llora si se pone el pan bocabajo. Mi madre siempre comentaba algo así. También le daba un beso al mendrugo cuando se caía al suelo o lo iba a tirar a la basura porque ya estaba duro. Ella pensaba que era una ofensa al cuerpo de Cristo. Otras personas creen que es una desconsideración hacia el hambre que pasaron nuestros mayores durante la posguerra. Da igual la razón, no me iba a arriesgar. Debo llevar implantado algún chip mental que saltó de forma automática. Temí que nos arrasasen mil plagas y, por eso, giré corriendo la hogaza dejando un reguero de migas sobre la mesa.

Muchas supersticiones como esta se han ido transmitiendo de generación en generación. Hay gente que no pasa por debajo de una escalera, tiembla si se le rompe un espejo y huye corriendo si ve un gato negro. Pero no todo son desgracias, también existen ritos para atraer la fortuna. Tocar madera, soplar las velas de la tarta para que se cumpla un deseo o dar con un trébol de cuatro hojas son los más extendidos.

Estas son creencias comunes y luego ya están las que cada uno se inventa. Hay quien se fabrica sus propios amuletos y quien se aferra a una serie de rituales para que las cosas salgan bien. Esto último es bastante común, aunque parezca más propio de alguien con un trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Sabemos perfectamente que nada de esto influye en nuestras vidas. Pero, por si acaso, hasta los más escépticos guardan respeto.

Una de las cosas que siempre me ha llamado la atención es el miedo que da el número 13. Hay hoteles que prescinden de la habitación y hasta de la planta entera. Lo descubrí hace unos años cuando fui a visitar el hotel RIU de Madrid.

Estaban con la reforma y nos enseñaron algunas suites, terrazas y salones para que nos hiciésemos una idea de su envergadura. En su vestíbulo hay una impresionante lámpara modernista formada por unas 300 hojas de laurel elaboradas en vidrio artesano. Han puesto un cartel donde explican el significado y, entre otras cosas, señalan que es el árbol que protege contra el rayo.

Mucho simbolismo, pero lo que más me sorprendió es que en el ascensor no hay ningún botón con la dichosa cifra que atrae todos los males. Se pasa del piso 12 al 14 de golpe. Y es que este espectacular rascacielos, situado en Plaza España, omitió ese nivel por la triscaidecafobia, una palabra muy pedante que sirve para definir este terror absurdo.

Aunque no todo el mundo lo ve igual. La cantante Taylor Swift nació el 13 de diciembre de 1989 y siempre ha dicho que esos dos dígitos han favorecido su trayectoria personal y profesional. De hecho, en algunos conciertos se los pinta en la mano derecha.

Todas estas historias populares llevan siglos circulando y se suelen avivar de vez en cuando. Es lo que ocurrió hace unas semanas con el eclipse. Este acontecimiento astronómico siempre se ha visto rodeado de mitos y leyendas.

Ahora no iba a ser menos. Las redes sociales y varios canales de mensajería extendieron todo tipo de bulos con el fin de asustar a la gente. Por desgracia tenemos una sociedad fácilmente manipulable.

La Agencia Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) tuvo que salir a desmentir numerosas intoxicaciones y pidió a la población que no se dejase llevar por la desinformación o el sensacionalismo.

Tampoco se puede permitir que campen a sus anchas los negacionistas. En otra época, entre esto y los efectos del cambio climático, ya se estaría hablando de brujería. Pero no estamos en la Edad Media y la ciencia se encarga de desactivar las teorías más oscuras.

En Breve historia de la superstición, de Stuart Vyse, se asegura que esta “nos va a acompañar siempre”. La civilización humana ha eliminado muchas de las inquietudes que atenazaban a los pueblos antiguos, “pero incontables fenómenos de la vida siguen escapando a nuestro control y cuando hay incertidumbre, la magia encuentra el terreno abonado”.

Reconocemos que son “estúpidas e irracionales”, pero con todo las seguimos cultivando. El problema es que crezcan y se conviertan en un peligro. Eso será síntoma de que existe un problema mayor y, como dicen en este ensayo, “corremos el riesgo de retroceder a los brutales mundos del pasado”.

TAGS DE ESTA NOTICIA