Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, escribió el poeta y cantó Serrat. Y no puede ser más cierto.
Pasa todo en esta vida, pasa lo bueno y pasa lo malo. Pasan las vacaciones, pasa junio, pasa julio, pasa agosto, pasa el verano. Septiembre vendrá a buscarme cantaba Santi Balmes, la voz de Love of Lesbian, y es que septiembre ya está ahí, justo a la vuelta de la esquina, esperándonos.
Pasa el tiempo y pasan nuestras vidas, a menudo de manera silenciosa, y hay que mirar detenidamente para poder darnos cuenta de cómo pasa el tiempo.
Y también todo pasó antes de que nosotros estuviéramos por aquí, y uno lo confirma cuando pasea por antiguos palacios, castillos, calles o ciudades de viejos imperios, de las que puede que no quede más que la puerta de entrada, que puede ser tan famosa y antigua como la Puerta de los Leones del Reino de Micenas o tan desconocida y reciente como la puerta de cualquier casa derruida de cualquier pueblo deshabitado desde hace apenas unas décadas.
Cuando uno pasea por la historia, entre ruinas mejor o peor conservadas, siempre recibe una gran lección de humildad, porque una vez más recuerda lo pequeños que somos en la historia de la humanidad.
No hay nada como pasear por palacios imperiales construidos hace cientos o miles de años para darse cuenta de que hasta los emperadores mueren y todo lo que acumularon, ganaron, robaron o saquearon se quedó aquí (o no), pero ellos, los emperadores y los que les rodeaban, no importa cuáles fueran sus logros, siempre se fueron, también pasaron. Todos convertidos en polvo cuando pasa el tiempo suficiente. Polvo como tú y yo seremos algún día.
Todo pasa, pero yo lo miro sin dolor, sin tristeza, así es la vida, siempre ha sido así, y seguirá siendo así, aunque puede suceder, de hecho sucede que algunos días que se van los miremos con añoranza. Que puede que sea la luz de finales de verano la que nos hace sentirnos así, porque estos días tienen otra luz y otro sonido y otro viento, y unas nubes distintas, y puede también que como cantaban los Danza Invisible, el fin del verano sea siempre triste, quizá es eso.
El caso es que se acaba el verano y llegan de nuevo nuestras vidas ordinarias, todo aquello que quedó en suspenso durante las vacaciones regresa mientras va llegando el otoño, que llegará y también pasará, como irá pasando todo.
“Tus días están contados. Úsalos para abrir las ventanas de tu alma y que entre el sol. Si no lo haces, el sol se pondrá en el horizonte, y tú con él”, escribió Marco Aurelio, el emperador romano y filósofo estoico hace ya cerca de dos mil años. También él pasó, y también quedó, porque para siempre permaneció su historia, su leyenda como emperador de Roma y sus Meditaciones.
Abramos las ventanas y vivamos, disfrutemos o lloremos, hagamos todo o nada, según podamos o nos apetezca. Todo pasará, pero antes existirá. El tiempo es finito, los días contados. Agarrémoslos sin tristeza, con intensidad o sin ella, según seamos. Dejemos que nos atraviese el tiempo pero que se lleve algo de nosotros, de nuestra vida. Si algo pasó, es que ese algo existió.

