Sostenía Azaña que, en el país nuestro, “la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro”. Quizá, por ello, la presunta colega Leire Latre haya finalmente aparcado la idea de publicar ese ensayo suyo que, en su mente alegórica y fontanera, entre el Sombrero Loco y Benito Lopera Perrote, iba a sacudir los cimientos de la democracia, o algo por el estilo. Bueno, vale, Ketty Garat no es más que la excepción que confirma la regla, pero habrá quien piense, y en su derecho está, que esta batalla se perdió hace tiempo, que WhatsApp killed the best-seller. “Cada cual se corre como puede”, escribió Cela. En estas, el juez Calama, la enésima encarnación de Franco para los enanitos políticos y mediáticos de Zapatero, ya ha anunciado –qué va a hacer el hombre, a ver– que investigará la filtración de las agendas y de las conversaciones privadas del expresidente con su secretaria personal, Gertrudis Alcázar, que resulta que es de la hermosa villa manchega de Daimiel, la del Parque Nacional de las Tablas, donde nació Eugenio Suárez, el fundador de El Caso, y donde yo estudié y disfruté durante la república feliz de mi adolescencia.
Gertru, anfitriona de los agentes de la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales de la Policía Nacional (UDEF) que, en un despacho de Ferraz entregado por el PSOE al “mejor socialista” (Puente dixit), descubrieron un tesoro que ni Robert L. Stevenson hubiera imaginado, lo mismo le gestionaba a su “jefe” una reunión con el embajador chino en Madrid que le conseguía un par de “entradas de Florentino” –Pérez, se entiende– para su hija Alba Rodríguez Espinosa. La Renfield manchega, “socialista hasta la médula”, imputada por ser, según el juez, una “pieza operativa esencial” dentro de la presunta red organizada en el caso Plus Ultra, lo mismo ataba una reunión con el CEO de Huawei Europa que una “cena con Ruiz y Santaolalla” en el nonagésimo aniversario de la proclamación de la II República, plasmando el efervescente entusiasmo de estos: “¡Vente! Que estamos deseando verte”. Ponga una Gertru en su vida y échese a dormir. Al menos, hasta que le pille la madera.
Hay en los wasaps filtrados material relevante, chorradas mayúsculas –¿qué le aporta al paisano conocer el estado de forma de las cejas de Zapatero?– y sabrosas guarniciones endogámicas para quienes nos dedicamos, en teoría, a ir a los sitios, ver y contar lo que vemos, o sea, a hacer periodismo. El asunto este de “Javierito” y su novia, por ejemplo. Sorprende –bueno, en realidad no– la efervescencia infantil, como de un niño que todavía cree en los Reyes Magos, con que ambos validos de la tele pública festejan la visita del Maharishi que nos explicó que “ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho” y que, al mismo tiempo, apoquinó en la declaración de la renta del año pasado 230.750 lereles. O los mensajitos de Chema Garrido, condenado por “vulnerar el honor de víctimas de ETA” en 2010, director de El Plural, azote de los infieles y spa de la ortodoxia sociata. “Antes de grabarla –le contaba a Gertru–, cerraré los temas con José Luis Rodríguez Zapatero para que todo salga bien y él se sienta cómodo con todas las preguntas”.
Las cloacas hoy han filtrado mi móvil. También una conversación con la secretaria de Zapatero en la que intentaba cerrar una entrevista utilizando el viejo y tan común truco de pactar fecha de publicación y tranquilizar al entrevistado. Eso es todo lo que han encontrado contra… pic.twitter.com/SC26jz1D7f
— Chema Garrido (@JoseMGarrido) June 24, 2026
Desvelado el wasap, Garrido pataleó en la red social X: “Las cloacas hoy han filtrado mi móvil. También una conversación con la secretaria de Zapatero en la que intentaba cerrar una entrevista utilizando el viejo y tan común truco de pactar fecha de publicación y tranquilizar al entrevistado”. Tranquilizar a Zapatero en El Plural es como tranquilizar a Mourinho en Real Madrid TV. A nadie le extraña: el cielo es azul, los pájaros cantan y Garrido agasaja a su amo. Lo raro y, disculpen mi inocencia, lo perverso y lo lamentable es que semejantes servilismos reptilianos, aireados con desvergüenza y pagados con nuestros cuartos, los hayamos naturalizado hasta el tuétano. El periodismo, qué leches, debiera ser otra cosa. De hecho, lo es.

