Y llegó la final. Y ganamos el Mundial. Que yo no soy muy futbolera, he de reconocerlo. Que he llegado a ver la final del Mundial sin haber visto un solo partido entero de esta competición, ni tan siquiera uno entero de la selección española, y tampoco sé en qué equipos juegan los pocos jugadores a los que reconozco, aunque después de ver la final puedo decir que ya me son todos familiares en mayor o menor grado.
Hemos ganado el Mundial y se oyen gritos de alegría por todas partes. Es más de medianoche y muchas personas se han montado en el coche o han salido a la calle con la bandera de España y se oyen gritos y desde los coches se pita sin parar para celebrar que hemos ganado. Y después de ganar la final escucho testimonios de jugadores y del propio seleccionador comentando que este es un momento de felicidad que llega después de momentos de incertidumbre, de sufrimiento, algún jugador habla de que a punto estuvo de tirar la toalla, y yo recuerdo la conversación de hace unos días.
Porque justo hace unos días hablábamos de futbol algunos compañeros de trabajo. La noche anterior España había ganado a Portugal y había pasado cuartos de final. Yo apenas había visto unos minutos del partido, y comentaba que no lo había terminado de ver porque no me divertía y otro compañero comentó que pensaba lo mismo que yo: hay que reconocer que el fútbol no es un deporte divertido para ver, yo al menos no le encuentro su aquel, afirmó. ¿Qué sentido tiene un deporte en el que parece eh no pasa nada? Porque, ¿el fútbol no va de meter goles? ¿A qué tanta jugada si lo que importan son lo goles? ¿No deberían quizá dar puntos por jugada? preguntó del tirón.

Pero entonces no sería fútbol, replicó otro de mis compañeros, entonces sería como cualquier deporte norteamericano, donde dan puntos por todo, pero se perdería la emoción del gol, y perdería entonces lo más grande que tiene el fútbol. Porque pensad en cómo se celebra un gol y como se celebran los puntos de cualquier otro deporte. El fútbol es distinto precisamente por eso, continuó, porque no consigues puntos por cualquier acción que realizas, porque el fútbol va de fracasar mil veces, que sabes que vas a fracasar esas mil veces, el fútbol va de intentar mil veces las acciones intentando conseguir el gol y no conseguirlo, y entonces, cuando llegas, cuando se consigue el gol, precisamente porque es a todo o nada, se celebra como se celebra, y no como se celebran los puntos que de manera continua se consiguen en otros deportes, se celebra a lo grande porque ibas perdiendo y fracasando, y sigues intentando y ganas, como en la vida misma.
Y yo me quedé en silencio para a continuación decirle wow. Porque nunca había mirado el fútbol con esos ojos, y quizá es verdad, quizá el fútbol es como una metáfora de la vida. Quizá en el fútbol pasa lo que nos pasa tantas veces en la vida. Quizá el fútbol va de intentar una y mil veces sabiendo que casi nunca se va a conseguir el gol, que el gol es algo extraordinario, y por eso cuando se consigue se celebra como se celebra, porque no es algo que se consigue con facilidad.
Y si además el gol llega casi en el último momento, entonces el triunfo se convierte en algo épico, como nos sucede también en la vida, cuando se ha estado a punto de tirar la toalla, cuando uno ya no puede más, pero hace los últimos intentos, de perdidos al río, y entonces se consigue lo que tantas veces se intentó y sólo llevo a un fracaso detrás de otro. Mereció la pena, se piensa entonces, mereció la pena el penar y el sufrimiento. Y uno recuerda la frase de Winston Churchill, que dijo que el éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo. Como la vida misma.

