El mar es el primero en hablar. A veces lo hace con un silencio extraño, como si la superficie supiera lo que está a punto de mostrar. Desde el espigón del puerto pesquero, los agentes del Servicio Marítimo observan el horizonte con una mezcla de rutina y tensión. “¡Ahí!”, dice uno, señalando uno de los cuerpos que flota entre las corrientes.

Cuando la embarcación llega al puerto, los agentes colocan los cadáveres en filas ordenadas, sobre lonas limpias. La Guardia Civil activa el protocolo: fotografías, descripción del estado del cuerpo, ropa, objetos personales, huellas si es posible.

La ciudad autónoma tiene capacidad para registrar fallecidos, pero no para decenas en cuestión de horas. Por eso, las dependencias del puerto y la base del Servicio Marítimo se convierten en depósitos improvisados, pero se quedaron pequeños. A un lado, un camión frigorífico mantiene la temperatura necesaria para evitar la descomposición; mientras espera que vayan subiendo los cuerpos sin vida.
Morgue improvisada
Ante la magnitud de la tragedia, el Instituto de Medicina Legal quedó saturado, por lo que Ceuta ha tenido que reabrir el antiguo Hospital Militar como morgue de emergencia. Allí llegan los cuerpos en furgones funerarios o vehículos oficiales adaptados. Cada uno viaja con un número, una ficha y una esperanza mínima: que alguien, en algún lugar, pueda reconocerlo o reclamarlo.

En el Hospital Militar de Ceuta, los forenses -reforzados con equipos llegados desde la Península- completan las tomas de ADN, las huellas dactilares y la inspección completa. La identificación es casi imposible sin denuncias de familiares o sin huellas previas en bases internacionales. Por eso Ceuta trabaja con Interpol y con consulados marroquíes.
Las fuentes consultadas explican que los cuerpos permanecerán en la morgue hasta que puedan ser reclamados. Si transcurrido el plazo legal nadie los identifica ni solicita la repatriación, se les dará sepultura en el cementerio musulmán de Sidi Embarek, donde descansan la mayoría de los fallecidos no identificados.

Solo números
Ceuta cuenta con dos médicos forenses y un pequeño Instituto de Medicina Legal, suficientes en circunstancias normales. Sin embargo, la llegada de decenas de cadáveres en pocos días ha desbordado por completo la capacidad de la ciudad. La morgue habilitada en el antiguo Hospital Militar funciona ahora como centro de clasificación y conservación.
Ante lo ocurrido, el cementerio de Sidi Embarek también se encuentra cerca de la saturación y ha requerido una ampliación urgente para poder asumir nuevos enterramientos. En muchas de esas lapidas no hay nombres, tampoco flores, solo números. Los cuerpos se entierran siguiendo el rito musulmán y el número queda registrado en un archivo que quizá algún día alguien consulte. “Lo más duro es saber que muchos nunca tendrán nombre”, admite un agente del operativo.
Cuando la identificación es posible -algo excepcional- se contacta con la familia y se inicia la repatriación. En los casos en los que sí se ha podido gestionar ese último viaje, el traslado se ha realizado principalmente por el paso fronterizo del Tarajal, y en menor medida a través de Algeciras o Tánger, según detallan fuentes de la Guardia Civil.

