La imagen que captaron las cámaras el martes de Laura y Alba Rodríguez Espinosa, sentadas juntas en el asiento trasero de un coche blanco cuando salían de las oficinas de What The Fav tras los registros policiales vinculados a la investigación sobre su padre, tiene, si se nos permite la licencia, un aire casi tan fantasmal como aquella otra de 2009 junto a Barack y Michelle Obama. Entonces eran dos adolescentes de estética gótica convertidas de golpe en fenómeno nacional, en plena España de Fotolog, foros y primeros memes políticos.

Fue aquella fotografía la que quedó congelada en nuestra memoria y a la que el país regresaba cada vez que recordaba a las hijas de José Luis Rodríguez Zapatero. Nueva York, 2009, recepción oficial junto a los Obama. Frente al protocolo clásico de la política internacional, dos adolescentes españolas vestidas completamente de negro, con botas militares, medias oscuras y una estética entre gótica, emo y rock alternativo. El contraste era tan inesperado que la imagen terminó convirtiéndose en un fenómeno nacional.
Las hijas góticas de Zapatero
España las bautizó inmediatamente las “hijas góticas de Zapatero”. Realmente, su caricatura era la de miles de adolescentes españoles que compartían entonces aquella misma estética de eyeliner negro, referencias al anime japonés, cultura dark suavizada por el consumo masivo, música emocional y una identidad construida ya desde Internet.
Era la época de Fotolog, Messenger Plus, los nombres imposibles en MSN y las fotografías editadas con filtros dramáticos. Madrid estaba lleno de jóvenes que mezclaban My Chemical Romance con Tokio Hotel, Evanescence con videojuegos online y cultura japonesa con moda de centro comercial. Ellas tuvieron la mala suerte de llevar esa iconografía a una fotografía de Estado. Laura y Alba fueron las primeras hijas de un presidente español que pertenecían culturalmente más a Internet que a la política.
Del colegio público de Las Rozas al dispositivo presidencial
Antes de Obama y de convertirse en meme nacional, Laura y Alba, nacidas en 1993 y 1995 respectivamente, crecieron en Las Rozas, en Eurogar, una urbanización emblemática del viejo Madrid periférico acomodado. Se construyó a principios de los setenta con piscinas, pistas deportivas, jardines extensos y salón social, muy del gusto de profesionales liberales, funcionarios bien situados y clases medias ascendentes que habían abandonado el centro de Madrid buscando una vida tranquila.
Estudiaron sus primeros años en el colegio público San Miguel, muy próximo a la casa familiar. La llegada de Zapatero a La Moncloa alteró por completo la vida familiar. Después llegarían los cambios de colegio, los escoltas, la seguridad y el traslado al bilingüe Asunción Rincón, en Chamberí, hasta acabar finalmente en un instituto de la zona de Ciudad Universitaria para evitar los problemas logísticos y de tráfico que generaba el dispositivo presidencial.
Blindaje obsesivo
Laura y Alba nunca parecieron cómodas dentro de las dinámicas clásicas del poder español. No transmitían sofisticación ni ambición política. Vistas hoy, ni siquiera parecían especialmente extravagantes. Solo chicas de su generación. Poco más se supo de ellas. Lejos de revistas, exclusivas o espacios televisivos, mantuvieron una reserva casi obsesiva. Una y otra terminaron desplazándose hacia las industrias nacidas precisamente del mundo digital que años antes las había convertido en fenómeno viral.
Laura se orientó hacia la comunicación audiovisual y el marketing online. Estudió realización de proyectos audiovisuales en la Escuela Superior de Comunicación, Imagen y Sonido y comenzó a trabajar en varias empresas, desde Kapital hasta Real Madrid TV, antes de pasar por agencias de comunicación y branding digital.
Alba siguió un camino más creativo y artístico. Estudió Comunicación Audiovisual y Artes Escénicas, trabajó como fotógrafa en premieres y eventos culturales, participó en pequeños proyectos cinematográficos independientes y llegó incluso a explorar formatos personales en YouTube antes de retirar ese contenido tras recibir comentarios despectivos.
Con el tiempo, ambas terminaron confluyendo en What The Fav, la agencia fundada por Laura en 2019 y especializada en eSports, videojuegos, branding digital y creación de contenido multimedia. Las dos adolescentes que España convirtió en uno de los primeros memes políticos de gran alcance terminaron trabajando en ese mismo sector.

La agencia ha crecido de manera notable en los últimos años. What The Fav, con sede en el madrileño distrito de Tetuán, ha trabajado para marcas tecnológicas y proyectos vinculados al universo gaming, incluyendo iniciativas en Venezuela, y en 2024 rozó el medio millón de euros de facturación. Ambas han comenzado a construir también una vida patrimonial propia en Madrid, con la compra de viviendas próximas entre sí en la zona de Valdezarza y cerca del chalet familiar de Puerta de Hierro.
Todo en su vida actual transmite una curiosa mezcla de burguesía madrileña y blindaje vital. Ahora la imputación de su padre y el registro policial de su empresa rompe su hermetismo. Resulta paradójico ese arco generacional que va de aquellas adolescentes de negro de 2009 a las dos mujeres que este martes abandonaban las oficinas registradas por la Policía.

