Fue el 11 de diciembre de 1987 cuando la banda terrorista ETA atentó con un coche bomba contra la Casa Cuartel de la Comandancia de la Guardia Civil de Zaragoza. Aquel ataque causó la muerte de tres guardias civiles y ocho de sus familiares. Cinco de ellos eran menores de edad. Además, 88 personas resultaron heridas, muchas de ellas de gravedad.
Lucía Ruiz, que entonces tenía 10 años, pudo sobrevivir físicamente a aquel trágico evento. Sin embargo, escapar mentalmente del mismo fue imposible. “Me ha marcado en todo. Mis padres cambiaron tanto de forma de pensar que al ser tan pequeña afecta a tu educación y a tu manera de ver la vida”, declara Ruiz a este periódico. A lo cual añade: “A mí me influyó más que fuera en mi casa porque noté que perdía mi zona de confort y mi hogar”.
Ahora, casi 39 años después del atentado que vivió en primera persona, Ruiz ha sido elegida como nueva presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). Una asociación que, según ella, debe luchar por “crear una conciencia colectiva que tenga empatía hacia los que hemos sufrido el terrorismo”. Sobre todo, agrega, en la que los más jóvenes deben ser los principales receptores de ese mensaje.
Respecto a las línea de trabajo en las que se centrará la AVT, Ruiz expresa que la nueva Junta Directiva “tiene la responsabilidad” de devolver a la citada asociación el “reconocimiento” y el “lugar” que “nunca debió perder frente a las instituciones públicas y privadas”. “Debemos dar a las víctimas del terrorismo el reconocimiento que merecen y luchar contra los actos de enaltecimiento del terrorismo que tanto revictimizan a las víctimas”, añade.
Preguntada por cuáles son las principales líneas de actuación en las que centrará su mandato como presidenta, Ruiz niega que exista una línea más prioritaria que otra, pues cree que todos los pilares fundamentales de la asociación, como son el cuidado y apoyo social, laboral, jurídico o psicológico a las víctimas, “deben avanzar a la vez” debido a su carácter “prioritario y fundamental”. “Para eso necesitamos recuperar el peso en las instituciones y recuperar los apoyos económicos para que todo pueda avanzar y cubrir todas las necesidades”, puntualiza.
Para conseguirlo, Ruiz no olvida los valores “fundamentales” heredados de la Guardia Civil durante su infancia: “Honor, la lealtad, la constancia”. Debido a que es “metódica y constante” en el trabajo, asegura, puede garantizar su implicación en la defensa de las víctimas del terrorismo: “Lucharé por su memoria con todas mis energías”. Paradójicamente, aquello que se convirtió en un trágico evento, el cual ha marcado su vida por completo, se convierte en el motor para luchar por la memoria de las víctimas.
Delegada de la AVT en Aragón
Ruiz sustituye en el cargo a Maite Araluce, que ha sido presidenta de la AVT durante ocho años. Araluce, en conversación con Artículo14, destaca el “buen” trabajo hecho por la nueva dirigente de la asociación cuando era delegada de la misma en Aragón. “Le deseo lo mejor y espero que lo haga bien por el bien de todas las víctimas y de la AVT”, añade.
Además de ello, Araluce se muestra “orgullosa” de lo realizado durante su mandato: “Cuando cogí la AVT hace ocho años, estaba desaparecida”. Y a pesar de que en estos ocho años “hemos dado otra vez visibilidad a las víctimas”, defiende, lo han hecho con “todo en contra”. “Me refiero a que hemos tenido un Gobierno en contra porque se preocupa más por favorecer a los terroristas que a las víctimas”, sostiene.
Respecto a las líneas de trabajo más urgentes que debe atajar la nueva presidenta, Araluce destaca que la visibilidad de las víctimas del terrorismo debe ser prioritaria. “Hay que llegar, sobre todo, a los más jóvenes que no tienen ni idea de lo que pasaba en España”. En ese sentido, señala, la AVT ha estado grabando testimonios, ha ido a colegios y a universidades para que las víctimas den su testimonio: “Hay que seguir haciendo eso porque si no dentro de unos años nadie se va a acordar de nada”.

