Miguel Ángel Pérez Triano acumuló en poco más de un año los principales resortes de poder del socialismo ceutí. Primero se convirtió en secretario general del PSOE de Ceuta, después fue nombrado delegado del Gobierno y, este verano, quedó confirmado como candidato socialista a presidir la Ciudad Autónoma en las elecciones de 2027. Una trayectoria ascendente que ahora se enfrenta a su momento más delicado por las contradicciones surgidas alrededor de la gestión de la crisis migratoria.
Maestro y pedagogo de formación, Pérez Triano desarrolló buena parte de su carrera profesional lejos de la primera línea política. Es funcionario del Cuerpo de Maestros desde 2014 y ha trabajado en centros educativos de Madrid y Ceuta. Antes había sido profesor de español para extranjeros de Cruz Roja en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). También conoce directamente la administración vinculada a los movimientos migratorios: entre 2019 y 2021 dirigió la Oficina Única de Extranjería de Ceuta. Posteriormente ejerció como asesor técnico docente y regresó a las aulas.

Un ascenso rápido dentro del PSOE
Su consolidación política comenzó en 2025. Pérez Triano fue el único aspirante que presentó candidatura para hacerse con la Secretaría General del PSOE de Ceuta y en marzo quedó al frente de la federación. Su nueva Ejecutiva recibió un respaldo superior al 91% de los delegados del XIII Congreso Regional.
Desde el comienzo de esa etapa dejó clara su sintonía con la dirección nacional. En julio de 2025, en pleno Comité Federal, expresó públicamente su “apoyo sin fisuras” a Pedro Sánchez y defendió la continuidad de las políticas impulsadas por el Gobierno socialista. Meses antes había reivindicado ante los militantes ceutíes los logros del Ejecutivo central y vinculado los avances de la ciudad a los gobiernos del PSOE.
El siguiente salto llegó en febrero de 2026. El Consejo de Ministros, a propuesta del presidente del Gobierno, le nombró delegado del Gobierno en Ceuta en sustitución de Cristina Pérez Valero. Pérez Triano pasaba así a compatibilizar la dirección orgánica de los socialistas ceutíes con la representación del Ejecutivo de Sánchez.
Y todavía quedaba otro paso. En julio se convirtió en el único precandidato socialista a la Presidencia de Ceuta para las elecciones de mayo de 2027. Al no presentarse ningún rival, quedó automáticamente confirmado como candidato conforme al reglamento interno del partido.

De candidato a cuestionado dentro de su propio partido
Ese camino hacia 2027 se complicó apenas unas semanas después. La entrada masiva de migrantes abrió una crisis política que ha terminado trasladándose al interior del PSOE ceutí. Uno de los golpes más duros llegó desde sus propias filas. Melchor León, diputado socialista y vicepresidente de la Asamblea de Ceuta, pidió públicamente su dimisión en agosto y le acusó de anteponer sus intereses políticos a los de la ciudad.
Las informaciones conocidas esta semana han aumentado la presión. Pérez Triano sostuvo el 2 de agosto que la Delegación no tuvo información hasta que comenzó a ver la entrada de personas por la frontera. Días después volvió a definir lo sucedido como algo inesperado. Sin embargo, los documentos posteriormente desclasificados revelaron que el CNI había advertido el 29 de julio a la Delegación sobre una convocatoria en redes sociales para intentar acceder a Ceuta por la valla y por mar.
El delegado ha defendido que aquella comunicación no constituía una alerta formal y que la información sobre convocatorias en redes era conocida desde hacía tiempo. También aseguró que desconocía la conversación de once minutos que su entonces jefe de Gabinete, Gonzalo Sanz, mantuvo con un miembro del CNI.

El enfrentamiento estalló este viernes. Sanz presentó su dimisión y sostuvo que sí trasladó a Pérez Triano la información recibida el 29 de julio, una versión directamente enfrentada con la del delegado. A ello se ha sumado Melchor León, que ha asegurado que Pérez Triano conocía aquella comunicación.
Por el momento, Moncloa mantiene su respaldo a Pérez Triano, que descarta dimitir y defiende que ninguna de las informaciones disponibles permitió anticipar la dimensión de lo ocurrido. Pero su futuro político queda inevitablemente ligado a una pregunta que la sucesión de versiones no ha conseguido cerrar: qué sabía exactamente la Delegación antes del 30 de julio y cuándo lo supo.

