Dos relatos bipolares desembocan, puestos de ruido y de furia, en el mar político y mediático patrio: mientras la derecha invoca a Delcy y a las fundaciones fantasmas del PSOE, la izquierda recupera el presunto espíritu original del 15-M –o eso parece– y reivindica, tras ocho años en el Gobierno, aupada en el desahucio de una señora de ochenta y siete años que responde al nombre de Maricarmen Abascal, en resumen, “derecho a techo a justo precio”. ¿Y qué es la justicia?, se preguntaría Pilatos.
La Puerta del Sol, epicentro de motines contra marqueses y de concentraciones indignadas, volvió a amanecer este lunes repleta de tiendas de campaña. Algunas de las miles de personas que el sábado se manifestaron bajo el lema “Ni una Maricarmen más”, lideradas por el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid, decidieron acampar allí, como poco hasta el martes, cuando comprobaremos si el Gobierno da a luz o aborta su decreto sobre vivienda. De asomarse Ayuso por el balcón de la Real Casa de Correos, vería docenas de tiendas Quechua, puestos de Greenpeace y del Sindicato de Estudiantes, banderas palestinas, asambleas abiertas, cientos de carteles –muchos, contra ella: “Ayuso basta ya”, “Eres como una desgracia”, “Ciao Japuta, que no es fruta, es pescao” – y otros tantos periodistas.

Los peatones que arriban a Sol desde Alcalá comprueban cómo, bajo un cielo panza de burro, en un día tan alegre como una balada de Álex Ubago, los turistas de los free tours van dando paso, a medida que nos acercamos a la plaza, a un conglomerado intergeneracional, en el que visualmente sobresalen los hippies y los okupas –todos nos entendemos–. Rezan los afiches: “Vivienda bajo control obrero”, “Puedes especular: relojes, joyas, criptobros, Ferraris; no puedes: nuestras putas casas”, “La falta de educación fortalece al fascismo. Colectivo Antifascista Madrid Sur. Con la huelga de la pública”. Habrá quien relacione el resultado de las próximas elecciones generales con el informe PISA.
Una pancarta preside la esquina de Preciados: “El buitre inversor es el gran invasor”. Dos pijazas graban con el móvil a los acampados creyéndose en un zoo. Una señora de cincuenta y pico, a su lado, se cisca en “el hijoputa del Feijóo”. A eso de las doce menos veinte, se oye follón por la calle del Carmen: ha ido a liarla Bertrand Ndongo, los concentrados le rodean y le piden que se pire. Este se niega y arrancan los cánticos: “¡Fuera fascistas de nuestros barrios!”. Decenas de personas lo van pastoreando, poco a poco, hasta sacarlo de la plaza. El tipo se detiene en Carmen, esquina Tetuán, y la peña: “¡Fuera, fuera! ¡Que te vayas! ¡Aquí no pasará ni un fascista más!”. La escena, divertida, tiene algo de Los miserables como pasado por Crónicas Marcianas.

Volvemos a la plaza. Más carteles: “Frente a su espekulación, okupación”, “No fotos / No vídeos”, el oficial “Ni una Maricarmen más”, etcétera. Una caseta recauda fondos para apoyar a los inmigrantes de Ceuta. Conversamos con un caballero que por ahí ronda: es profesor de historia, simpatizó con el 15-M y con Podemos, cree que Iglesias y cía se equivocaron cuando la cúpula marginó a las asambleas. “Si no das patadas en el culo”, nos dice, “España no funciona”. En la periferia de la acampada, dos señoras discuten: una apoya a Maricarmen; la otra, adivinen. Otro señor, socarrón, nos pregunta: “Protestan contra Pedro Sánchez, ¿verdad?”. Una mujer que, según nos dice, se dedica “a la genealogía”: “El problema de la vivienda no viene de ahora. Cinco familias vivían en una casa en el siglo XIX o a principios del XX”. ¿Cómo solucionamos esto? Respuesta a la gallega: “¿Dónde está la vivienda social? ¿Quién ha permitido este incremento de precios?”. ¿Y lo de Maricarmen? “Se ha amparado en la ley, pero ha estado mal asesorada”.

Rematamos el paseo entrevistando al bueno de Marwán. El cantautor acudió a Sol “emocionado”: “Estoy apoyando porque el tema de la vivienda se ha vuelto el principal problema de nuestro país y, desde mi punto de vista, una emergencia nacional”. El cantautor lamenta en Artículo14 la “locura” de “lo que está sucediendo en vivienda, que se eche a la gente de sus casas sin darle una alternativa habitacional” y “que Madrid y otras muchas ciudades se hayan convertido en un parque de atracciones para turistas, mientras echan a los ciudadanos que llevan décadas y décadas viviendo en sus casas”. El autor de “Un día de estos” no exime de culpa al Ejecutivo central: “Estamos para reclamar al Gobierno, para apretar al Gobierno, porque esto no es culpa de un solo gobierno: no es sólo culpa de los gobiernos del PP, también es culpa del Gobierno nacional que se autoproclama ‘progresista’”. ¿Le ve futuro al movimiento? “Desde luego, esto que vemos aquí, en Madrid y en otras ciudades, son brotes de esperanza. La cosa está en que no decaiga”. El martes está al caer. Tic, tac, que diría Pedrerol.

