A finales de 2024, un adolescente de 14 años se acercó a un anciano que caminaba con ayuda de un andador por un tranquilo barrio de Estocolmo y lo apuñaló tres veces. El ataque fue retransmitido en directo y sus imágenes circularon inmediatamente por internet. No tenía más móvil que convertir el daño en espectáculo. La prueba le permitía ganar notoriedad dentro de una comunidad digital.
El menor había mantenido presuntos vínculos con una red conocida como 764. Una investigación publicada por The Guardian describe una red internacional donde jóvenes captan a otros jóvenes, los manipulan y los empujan a cometer actos brutales o degradantes. El investigador Marc-André Argentino ha acuñado una expresión que resume el fenómeno: la “gamificación del daño”, la conversión del sufrimiento ajeno en una sucesión de retos que conceden prestigio dentro del grupo.

764 no funciona como una organización criminal convencional. Sus participantes se mueven por servidores de Discord, redes sociales, plataformas de videojuegos y aplicaciones de mensajería. Cuando un canal es cerrado o un administrador es detenido, aparecen otros nombres y nuevos espacios. La red nació en Texas, donde Bradley Cadenhead tenía solo 15 años cuando creó uno de sus primeros servidores.
El número 764 procede de los primeros dígitos del código postal de Stephenville, la localidad donde vivía. Cadenhead cumple una condena de 80 años por posesión de material de abuso sexual infantil, pero su encarcelamiento no desmanteló el fenómeno. El nombre se convirtió en una marca adoptada por grupos distintos, imitadores y pequeñas comunidades que comparten métodos semejantes. En marzo de 2025, el FBI alertó de un fuerte incremento de la actividad de 764 y de otras redes violentas online. Sus integrantes emplean amenazas, chantaje y manipulación para obligar a las víctimas a producir o retransmitir autolesiones, crueldad contra animales, actos sexuales e incluso intentos de suicidio. Las víctimas identificadas por el FBI suelen tener entre 10 y 17 años, aunque se han detectado casos desde los nueve.
Una conversación inocente
La captación puede iniciarse en Roblox, Minecraft, TikTok, Instagram o cualquier espacio habitual para un adolescente. El agresor se presenta como alguien de edad parecida, un amigo que comparte aficiones o una persona capaz de comprender problemas que el menor no se atreve a contar en casa.
El objetivo es trasladar progresivamente la conversación a un canal privado y obtener alguna información comprometida: una fotografía íntima, la dirección familiar, el nombre del colegio, una confidencia sobre salud mental o un secreto relacionado con la orientación sexual. Cuando ya dispone de ese material, empieza la coacción. Primero puede pedir una nueva imagen. Después, una humillación grabada o una autolesión aparentemente leve. Cada concesión proporciona material adicional para exigir algo peor. En las investigaciones internacionales aparecen menores obligados a herirse, realizar actos sexuales, maltratar animales, agredir a familiares o intentar quitarse la vida.
Algunas víctimas terminan además captando o acosando a otras. Pueden hacerlo para evitar nuevas represalias, disminuir las exigencias de sus extorsionadores o recuperar cierta sensación de control. Por eso, un mismo adolescente puede aparecer como víctima, distribuidor de material ilegal y colaborador del grupo. La frontera entre quien sufre la violencia y quien la reproduce se vuelve deliberadamente confusa.
La amenaza a Irene Montero
España no aparece hasta ahora como uno de sus principales centros de actividad, pero el nombre de 764 ya ha irrumpido en nuestro país. El caso más conocido es el de Irene Montero. En marzo de 2026, la eurodiputada y exministra de Igualdad denunció ante la Policía Nacional una amenaza de muerte remitida por una persona que afirmaba actuar en nombre de la red.

Según explicó la propia Montero, el mensaje anunciaba que sería asesinada en su domicilio, donde vive con su pareja y sus hijos. La Policía le comunicó la existencia de la amenaza y la dirigente solicitó protección al Ministerio del Interior. Las informaciones publicadas indicaron que las Fuerzas de Seguridad elevaron la atención sobre el caso ante la posibilidad de que pudiera materializarse.
El remitente se presentaba como miembro de 764, pero no se ha hecho pública una conclusión policial o judicial que confirme su pertenencia efectiva a una estructura internacional. Esto no reduce la gravedad del episodio. El mismo nombre ha aparecido también en amenazas contra centros educativos y universidades españolas, que obligaron a realizar desalojos preventivos y activar dispositivos policiales. Tampoco en esos casos se ha acreditado una conexión orgánica con la red internacional. Sin embargo, demuestran que la marca ya posee capacidad para provocar alarma, alterar la actividad de instituciones y movilizar numerosos recursos de seguridad.
¿Qué riesgo existe en España?
La amenaza no depende únicamente de que haya una célula establecida en nuestro país. El método puede reproducirse sin financiación, sin una dirección central y sin contacto físico entre agresor y víctima. Solo se necesitan una cuenta, un canal privado, información comprometida y una persona vulnerable.
España reúne las mismas condiciones de exposición observadas en otros lugares. Un estudio presentado en junio de 2026 por la Guardia Civil y la Fundación SOL, elaborado a partir de las respuestas de 1.509 estudiantes de entre 10 y 17 años, mostró que el 39% del alumnado de secundaria había contactado por internet con personas a las que no conocía presencialmente. Entre quienes mantuvieron esas conversaciones, el 21% declaró haber vivido alguna situación en la que un adulto le hizo sentir incómodo. El 12% de los adolescentes de secundaria afirmó haber recibido mensajes sexuales no solicitados de desconocidos y el 8% dijo que le habían pedido fotografías o vídeos de alguna parte de su cuerpo.
En marzo, la Policía Nacional informó además de la detención en Madrid de un hombre que se hacía pasar por menor para captar niñas, obtener imágenes íntimas y amenazarlas con difundirlas si no aceptaban reunirse con él. La investigación comenzó después de detectarse en internet un anuncio de intención suicida realizado por una de las menores. El caso no se vinculó con 764, pero muestra cómo el chantaje sexual digital puede desembocar en un riesgo extremo para la víctima.
La respuesta familiar es decisiva. Castigar al menor, reprocharle el envío de una fotografía o retirarle inmediatamente el móvil puede aumentar la vergüenza y reforzar el silencio. El estudio de la Guardia Civil señala que muchos adolescentes temen más el juicio de los adultos y la pérdida del teléfono que al propio acosador, lo que retrasa la petición de ayuda. La prioridad debe ser transmitirle que no es culpable, conservar los mensajes, nombres de usuario y enlaces, no negociar con el extorsionador y acudir a las Fuerzas de Seguridad. Cuando exista riesgo inmediato de autolesión, suicidio o agresión, la respuesta debe activarse sin demora. Una de las características más desconcertantes de 764 es que quienes manipulan y extorsionan pueden ser también adolescentes. Algunos comenzaron como víctimas y terminaron reclutando a otros para disminuir la presión que sufrían o ganar consideración dentro del grupo.
España cuenta con instrumentos penales para perseguir amenazas, coacciones, delitos sexuales contra menores, elaboración y difusión de material de abuso sexual infantil, inducción al suicidio, lesiones y ataques contra la integridad moral. El Código Penal castiga además la difusión pública de contenidos destinados específicamente a promover entre menores el suicidio o las autolesiones. El principal obstáculo no suele ser la falta de delitos aplicables, sino la identificación del autor, la conservación de las pruebas y la cooperación entre países y plataformas.
Resulta esencial guardar mensajes, nombres de usuario, enlaces y fechas; no reenviar imágenes sexuales o violentas, y denunciar cuanto antes. El teléfono 017 de INCIBE ofrece asesoramiento gratuito y confidencial a menores, familias y centros educativos. Si existe peligro inmediato de suicidio, autolesión o agresión, deben activarse el 112 o las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.
