Generación conectada
Phil González
Actualizado: h

¿Cómo se informan las diferentes generaciones?

Una mujr joven y un hobre anciano.
Imagen de una mujer joven y un hombre mayor generada por ChatGPT.

En menos de diez años, los jóvenes han cambiado su forma de ponerse al día de la actualidad. Según el Reuters Institute, en 2015 el 36% de los usuarios de 18 a 24 años acudía principalmente a webs, blogs y aplicaciones de medios para informarse. En 2025, esa cifra ha caído al 24%, mientras las redes sociales han pasado del 21% al 39%.

Durante mucho tiempo, estar al tanto de las noticias fue un gesto bastante familiar y reconocible. Personas leyendo un periódico en un parque, obreros subidos a un andén subidos escuchando la radio u oficinistas viendo el telediario desde el sofá por la noche. Informarse tenía una intención clara, casi ceremonial. Comprar un diario y sus suplementos en domingo formaba parte de un ritual, de una costumbre dominical que se podía compartir en pareja.

Hoy, en cambio, para buena parte de las generaciones más jóvenes, la información ya no se busca. Les aparece automáticamente. Entre un vídeo de humor, un meme, una receta de cocina o una recomendación de rutinas deportivas, les salta una guerra retransmitida en directo, un gráfico económico o las últimas novedades de casos de corrupción política relatadas por un creador de contenidos convertido por las redes en informador de gran impacto.

El informe del Reuters Institute sobre esas audiencias jóvenes confirma algo que muchas plataformas tecnológicas llevaban años anticipado. Las generaciones ya no se informan de la misma forma, ni confían en los mismos intermediarios, ni entienden la actualidad con los mismos ritos. La noticia sigue viva y coleando, pero ha cambiado de domicilio, de velocidad de difusión y hasta de acento.

Los mayores siguen buscando la noticia

Las generaciones adultas mantienen una relación más directa con los medios tradicionales. La televisión, la radio, la prensa y las webs de los medios siguen teniendo un peso importante en su relación con la actualidad informativa. Para muchos mayores de 55 años, informarse todavía significa acudir a una fuente fidedigna, con nombre, cabecera, horario y una cierta autoridad profesional y heredada.

Esto no quiere decir que esta generación “madurita” sea inmune a la desinformación, ni que viva en un templo de rigor periodístico. Pululan millones de bulos por WhatsApp, fotos manipuladas y vídeos engañosos enviados por alguien cercano. No es casualidad que ya existan herramientas como Debunkbot, una IA diseñada para combatir teorías conspirativas.

Aun así, su relación con la noticia suele conservar una filosofía bien clara. La información procede de un sitio identificable y de cierto recorrido. Mientras tanto, entre los jóvenes, esa frontera se vuelve mucho más borrosa. Cuando empiezan a interesarse por el mundo que les rodea, ya tienen una relación íntima y duradera con las plataformas, sus tabletas y sus consolas. Ven tantas cosas cada día, les impactan tantos contenidos virales, que recuerdan el vídeo, la emoción, la clave de una noticia, pero no siempre cuál fue la fuente detrás, ni su credibilidad o autoridad. Y ahí reside uno de los grandes retos de nuestra época.

Imagen de un grupo de jóvenes generada por ChatGPT.

Los jóvenes y la actualidad incidental

Para los menores de 25 años, informarse es una actividad que ya no se inicia con una búsqueda, ni una decisión, sino con un encuentro aleatorio y a menudo inesperado. No abren TikTok o Instagram, sus fuentes principales de información, para ver necesariamente noticias. Utilizan esas apps de forma instintiva, como un reflejo impuesto por la vida moderna, para distraerse, conversar, aprender algo rápido o simplemente no quedarse quietos.  Y, en medio de ese flujo, salta un notición, una crisis o una supuesta primicia.

Esto tiene una parte positiva. Llega a personas que jamás entrarían en la sección de actualidad de una gaceta digital. Alguien de la generación Z puede descubrir una crisis climática o una nueva norma legislativa europea, en el mismo espacio donde está la mayor parte del día compartiendo bromas. Pero también tiene una parte más peligrosa. Si la actualidad compite con la diversión y el entretenimiento, acaba adoptando sus códigos. Los mayores habrán notado cómo se han acelerado los informativos, cómo ha aumentado el número de participantes en los debates y cómo se han multiplicado las imágenes y efectos interactivos de los platós de las grandes cadenas.

Más ritmo, más emoción, menos paciencia para entender el contexto. Los telediarios adoptaron hace mucho una especie de cintillo tipo prompter en la parte inferior, pensado para entretenernos si una de las noticias no nos interesa. Como las stories en Instagram, las noticias deben ser más breves e intensas, si no cogemos el mando a distancia y pasan a otra cosa. Cada vez más espacios matinales o de tardeo acuden a piezas extraídas de plataformas sociales y en formatos verticales.

Del medio al creador

Uno de los datos más reveladores del informe es que las generaciones más jóvenes prestan más atención a creadores individuales que a grandes redacciones con solera. Es un cambio en la vara de medir y en los criterios de confianza. Pesa más el número de seguidores, a menudo dopado por los algoritmos, que la formación, la experiencia o el largo recorrido de un periodista.

Para un joven, un creador de contenido puede resultar más cercano, más claro e incisivo en la forma de contarlo todo. Algunos medios, y sus trajeados directivos, siguen escribiendo como si los lectores tuvieran una deuda histórica con ellos, mientras un chaval hace más caso a ese youtuber andorrano. Empieza a notarse en los resultados de elecciones y, sin lugar a duda, brotarán nuevas figuras aún desconocidas.

No significa que todos los creadores sean rigurosos ni que los medios tradicionales se hayan vuelto aburridos. Hay personalidades digitales y públicas, perfiles que apenas existían hace una década, que tratan temas complejos con una claridad admirable, con un dominio insuperable de las redes. Y hay medios que siguen haciendo un periodismo imprescindible. Pero la batalla por conseguir la atención ya no se libra en el campo de la calidad del informativo. Se juega principalmente en la capacidad de adaptarla a los nuevos tiempos, con nuevas narrativas, rápida de entender, cercana y relevante.

Lo viví en primera persona. Durante mucho tiempo los medios pensaron que bastaba con “estar en internet”. Los becarios copiaban y pegaban columnas escritas para una versión en papel que, por aquel entonces, todavía mandaba. Hoy los grandes grupos de comunicación han aprendido que eso ya no vale, y tampoco basta con abrir cuentas en redes sociales. Su nueva realidad empresarial y económica pasa por ser útiles en un entorno donde la información compite con todo lo demás.

Imagen de un joven generada por ChatGPT.

La IA como puerta de entrada

Otro dato llamativo es que solo el 35% de los jóvenes de 18 a 24 años declara estar muy o extremadamente interesado en las noticias, frente al 52% de los mayores de 55 años. Podríamos caer en la tentación de pensar que cuanto más joven se es, menos importa el mundo. Pero no es así.

Muchos de ellos no rechazan la información porque vivan hipnotizados por bailecitos y filtros. A menudo rechazan una forma de contar la actualidad que perciben como deprimente y lejana, poco conectada con sus preocupaciones y sus rutinas. Les interesa menos cierta política institucional, pero más la salud física y mental, el clima, la tecnología, la ciencia, el trabajo, la identidad y las nuevas formas de vida moderna.

En ese contexto, la inteligencia artificial puede convertirse en la próxima puerta de entrada a decidir qué compramos como comenté en un anterior artículo, sino también para enterarse de las noticias. El estudio señala que los jóvenes son más proclives que los mayores a usar chatbots para acceder a información, resumirla o entenderla mejor.

Primero nos pasamos del papel a la web. Luego, de esas webs a las redes. Ahora nos estamos acostumbrando a actualizarnos y tomar decisiones a través de Claude, ChatGPT y pronto lo subcontrataremos a algún agente que nos resumirá cada mañana la actualidad con una voz amable.

La optimización de nuestro tiempo y nuestra carrera por vivir más intensamente nos hacen delegar las tareas aparentemente más secundarias.  El riesgo de dejar nuestros intereses informativos en manos de una plataforma es enorme. Lo hemos visto estos últimos años con distintos escándalos como el caso de Cambridge Analytica y la desaparición de los equipos de verificadores de Meta. Porque cuando una máquina nos resume la “aparente” realidad, también decide qué sucesos quedan fuera de nuestra pantalla.

Otro aspecto importante es que los jóvenes no huyen de las noticias, pero si de una forma anticuada de contarlas. El futuro de los medios pasará por tomar en cuenta esa relación cada vez más íntima con la IA, sin perder su confianza.

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