Crónica negra

“Por Dios, ¡qué haces!”: el grito antes de que matara a su novia y suegros

Una cena de verano en familia que terminó en masacre. Antes de morir la madre logró señalar al asesino con una frase estremecedora: “Nos acuchilló mientras estábamos durmiendo”

Pichi con su novia
Pichi y Carolina

Eran las cinco de la madrugada de una sofocante tarde de verano en Santiago del Estero, Argentina, cuando una mujer salió corriendo de una casa. Iba en ropa de dormir, aterrorizada, pidiendo ayuda a gritos. Se trataba de Beatriz, la empleada doméstica de la familia Curi.

La familia Curi

Carlos Curi, de 73 años, pertenecía a una conocida y acaudalada familia de empresarios de la construcción. Su esposa, Marcelina, tenía 54 años y trabajaba en una oficina fiscal. Tenían una hija, Carolina, de 25 años y estudiante de Ingeniería. Desde la adolescencia era novia de José de Yebra, al que llamaban “Pichi”. Con 29 años seguía cursando la carrera de derecho. Él llevaba años entrando en la casa familiar, compartiendo celebraciones y comidas de domingo.

Carlos y Marcelina, los padres de Carolina
Carlos y Marcelina, los padres de Carolina

En los últimos meses Carolina había cambiado de planes. Quería irse a Buenos Aires a estudiar una especialidad. Y además deseaba terminar su relación con “Pichi”. Se lo había contado a sus amigas y, también, a su novio. Aunque él siempre lo negó. Luego veremos por qué.

De Yebra aseguraba que Carolina le quería y que deseaban casarse. La familia de la joven, sin embargo, sostenía otra versión. Decían que Carolina pagaba todos los gastos y que él se había acostumbrado a una vida que no podía mantener por sí mismo.

Nunca se pudo saber con certeza cuánto había de amor y cuánto de interés en aquella relación. Lo que aceptó la Justicia fue que Carolina quería alejarse de él. Y “Pichi” no estaba dispuesto a aceptarlo.

Lo que ocurrió esa noche

La noche de autos, De Yebra estuvo cenando en la terraza de los Curi, disfrutando de la temperatura veraniega. Bien entrada la noche se despidió de todos.

Horas después, ocurría una tragedia. El empresario Carlos Curi fue atacado mientras dormía. Alguien le había apuñalado 30 veces y su cuerpo estaba sin vida, en un charco de sangre.

Imagen del vestíbulo de la mansión familiar, con la sangre del padre de familia
Imagen del vestíbulo de la mansión familiar, con la sangre del padre de familia

Marcelina despertó con el estruendo y trató de defenderse. Recibió 20 puñaladas. Y la hija de ambos, Carolina, yacía estrangulada en una galería situada al fondo de la casa. El agresor utilizó las manos y una cuerda.

También había un cuarto cuerpo. Era el de “Pichi”. Estaba herido de bala en la cabeza. Junto a él había un revólver calibre 22. Había sobrevivido.

La reconstrucción

En medio del ataque se produjo una detonación. Fue entonces cuando Beatriz despertó y consiguió escapar de la casa para pedir ayuda. En la calle encontró a dos policías que pasaban por la zona.

Cuando los agentes entraron en la vivienda, “Pichi” se había encerrado en una habitación. Al acceder le encontraron con una herida en la cabeza y un revólver que pertenecía a su abuelo. Había intentado suicidarse. La bala no lo mató, pero le hizo perder un ojo.

Carolina y Pichi, poco antes del crimen
Carolina y Pichi, poco antes del crimen

El testimonio de Marcelina aclaró lo que ocurrió aquella noche. Pese a la gravedad de sus heridas y conectada a un respirador, la madre de Carolina logró hablar con el juez. La declaración duró media hora pero fue suficiente. “El novio de mi hija nos acuchilló cuando estábamos durmiendo” afirmó. “Solo me dio tiempo a decirle Por Dios Pichi, ¿¡qué haces?! ¡¿qué haces?!”.

Marcelina estuvo hospitalizada durante cuarenta días pero falleció a consecuencia de una infección contraída durante su ingreso.

El juicio

Su muerte abrió una batalla judicial. La defensa de “Pichi” sostuvo que las puñaladas no habían sido la causa directa de la muerte y que por tanto solo podía ser condenado por intento de homicidio. La familia respondió que Marcelina jamás habría ingresado en aquel hospital si De Yebra no la hubiera apuñalado una y otra vez.

La sala estaba llena de familiares de ambas partes, por lo que se dispuso un operativo de seguridad. “Pichi” tuvo que llevar un chaleco antibalas.

El acusado tuvo que ser protegido con un chaleco antibalas
El acusado tuvo que ser protegido con un chaleco antibalas

El asesino se sentó ante el tribunal sin ofrecer una explicación de lo ocurrido. Alegó que no recordaba nada, que sufría amnesia. Negó que Carolina quisiera romper con él y se presentó como una persona enamorada que planeaba casarse.

El tribunal consideró demostrado que había estrangulado a Carolina, atacado con un cuchillo a sus padres y tratado después de quitarse la vida. Fue acusado de asesinato por las muertes Carlos y Carolina Curi, ya que ambos estaban indefensos en el momento del ataque.

'Pichi' en el procedimiento judicial
‘Pichi’ en el procedimiento judicial

El caso de Marcelina fue calificado de homicidio. La mujer había despertado, intentado defenderse y sobrevivido varias semanas, por lo que no se daba la misma circunstancia que en las otras dos muertes.

La sentencia fue cadena perpetua

Nunca contó qué palabras intercambió con Carolina, en qué momento tomó la decisión de matarla. Tampoco por qué acabó con la vida de los padres. Antes de que se leyera el veredicto De Yebra insistió: “soy inocente”. Los jueces no le creyeron.