Un caluroso 26 de julio, Dominique Cottez empezó a encontrarse mal en su casa de Lille, en Francia. Tenía fuertes dolores abdominales. Su marido, Pierre, decidió salir un rato con los dos hijos de la pareja para dejarla descansar.
Cuando regresó, se encontró con algo que jamás habría imaginado: su mujer acababa de dar a luz sola en casa.
Pierre ni siquiera sabía que estaba embarazada. Y, por increíble que pueda parecer, no era la primera vez que le ocurría. Los dos hijos que ya tenía la pareja también habían nacido después de embarazos que habían pasado prácticamente inadvertidos durante meses. Dominique era una mujer muy corpulenta. ¿Pero tanto como para que nadie se diera cuenta?

Lo que Pierre todavía ignoraba era que aquel parto escondía una historia mucho más oscura. Todo salió a la luz días después, durante una discusión entre el matrimonio. La pelea fue subiendo de tono hasta que Pierre decidió bajar al trastero para alejarse unos minutos de su mujer.
Allí reparó en varias cajas de cartón. Empezó a moverlas con intención de ordenar el espacio, pero algo despertó su curiosidad. Volvió arriba y preguntó a Dominique:
—”¿Qué hay en esas cajas?”
La reacción de su mujer le sorprendió.
—”¡Nada que te importe! “—respondió, visiblemente nerviosa.
Pierre insistió.
—”¡¡Que me digas qué hay en las cajas!!”
Pero esta vez no esperó una respuesta. Cogió un cúter y comenzó a abrirlas. Nada más hacerlo, un olor insoportable invadió la estancia.
Dentro de una de aquellas cajas encontró los restos de un recién nacido en avanzado estado de descomposición. Pierre llamó inmediatamente a la policía.

Y aquello que parecía ya difícil de asimilar se volvió más macabro cuando los investigadores registraron la vivienda. Había más cuerpos.
En total, aparecieron los restos de ocho bebés. Algunos estaban prácticamente reducidos a huesos. Otros conservaban tejidos y parecían llevar mucho menos tiempo ocultos.
Embarazos que nadie vio
Pierre aseguró ante los investigadores que no sabía que su mujer hubiera estado embarazada, en ninguna de aquellas ocasiones.
“Mi esposa es obesa, pesa 130 kilos y yo no noté nada” explicó. Tampoco se habían dado cuenta sus hijos, otros familiares ni los vecinos. Dominique aseguró que siempre había dado a luz sola.
El juicio tuvo a toda Francia pendiente del desenlace. El jurado deliberó durante cinco horas y consideró que la mujer sufría una alteración de su capacidad de discernimiento. También descartó que hubiera actuado con premeditación. Fue condenada a nueve años de prisión.
Detrás quedaba una pregunta difícil de comprender: cómo una mujer pudo ocultar varios embarazos, dar a luz sola una y otra vez y guardar los cuerpos de sus bebés sin que -según quienes convivían con ella- nadie sospechara nada.

