12 de agosto

¿El eclipse provocará más partos? ¿Alterará la fecundidad?

El fenómeno astronómico no modifica el embarazo, aunque sí puede complicar la llegada al hospital. Analizamos las investigaciones realizadas con cientos de miles de parturientas para saber qué ocurre

embarazo
¿Habrá más partos por el eclipse?

La asociación entre la Luna y los nacimientos es una de las creencias más arraigadas de la cultura popular. Muchas matronas aseguran haber vivido guardias especialmente agitadas durante las noches de luna llena y no son pocas las embarazadas que se preguntan si el eclipse total de Sol del próximo 12 de agosto podría adelantar el parto, romper la bolsa o desencadenar contracciones. En distintos países persisten incluso viejas advertencias sobre supuestos riesgos para el feto.

La evidencia científica, sin embargo, apunta en otra dirección. No existen pruebas de que un eclipse solar aumente la fecundidad, adelante el parto, provoque complicaciones obstétricas o modifique el curso del embarazo. Los mayores estudios realizados sobre las fases lunares tampoco han encontrado un incremento previsible de nacimientos. Eso no impide que ese día nazcan cientos de niños. Según el Instituto Nacional de Estadística, en España vienen al mundo alrededor de 880 bebés diarios. Por pura probabilidad, algunos lo harán mientras el Sol permanece oculto por la Luna. Será una coincidencia extraordinaria desde el punto de vista humano, pero no desde la estadística.

El último eclipse lunar de 2025 se podrá ver en España en septiembre
El último eclipse lunar de 2025 se podrá ver en España en septiembre
Archivo

El origen del mito está en la propia mecánica celeste. Un eclipse solar se produce cuando la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol, de modo que solo puede ocurrir durante la luna nueva. Sin embargo, durante esos minutos no aparece ninguna radiación desconocida ni aumenta de forma apreciable la fuerza gravitatoria. Lo único que cambia de manera perceptible es la disminución temporal de la luz y un ligero descenso de la temperatura. Si la alineación entre el Sol, la Luna y la Tierra ejerciera un efecto decisivo sobre el útero o el líquido amniótico, ese fenómeno debería repetirse cada luna nueva o cada luna llena, no únicamente durante un eclipse.

Qué dice la ciencia

Uno de los trabajos más citados, publicado en el American Journal of Obstetrics and Gynecology, analizó 564.039 nacimientos registrados en Carolina del Norte entre 1997 y 2001, repartidos a lo largo de 62 ciclos lunares. Los investigadores compararon la frecuencia de los partos, el tipo de nacimiento y diferentes complicaciones obstétricas en todas las fases de la Luna. La conclusión fue clara: no existía ninguna influencia de las fases lunares sobre los nacimientos.

Otros estudios con decenas de miles de partos en Estados Unidos y Europa llegaron exactamente al mismo resultado. Tampoco encontraron relación entre la Luna y la necesidad de instrumental, el estado del recién nacido, el sexo del bebé o las complicaciones del parto. Especialmente interesante resulta una investigación que revisó 120 años de registros históricos para comprobar si la llegada de la iluminación eléctrica había alterado una hipotética sincronización ancestral entre la reproducción humana y la luz lunar. Ni siquiera en épocas sin electricidad apareció un patrón consistente. El entorno rural, la ausencia de luz artificial o el número de embarazos previos tampoco modificaban los resultados.

El mito de las mareas

La explicación popular más repetida argumenta que, si la Luna mueve los océanos, también podría desplazar el líquido amniótico y romper la bolsa. Las mareas dependen de diferencias gravitatorias que actúan sobre masas de agua inmensas. En un cuerpo humano esa diferencia es prácticamente despreciable. Además, el líquido amniótico no se comporta como un pequeño océano. Se encuentra contenido dentro de unas membranas sometidas a complejos procesos biológicos y mecánicos. La rotura de la bolsa forma parte del trabajo de parto o puede producirse por causas obstétricas bien conocidas, pero no existe evidencia de que experimente una marea interna.

El inicio espontáneo del parto es uno de los procesos fisiológicos más complejos del embarazo. No depende de un único mecanismo, sino de la interacción entre la maduración del feto y la placenta, cambios hormonales, procesos inflamatorios y modificaciones progresivas del cuello uterino y del músculo del útero. También influyen la edad gestacional, los antecedentes obstétricos, las características de cada embarazo y determinadas patologías maternas o fetales. La ciencia no dispone de un único interruptor que explique por qué una mujer comienza el parto un día concreto.

Por eso, una embarazada puede notar contracciones durante las horas del eclipse simplemente porque ha caminado mucho, ha permanecido de pie, ha pasado calor o está menos hidratada. En muchos casos se tratará de contracciones de Braxton Hicks, irregulares y transitorias, que no indican necesariamente el inicio del parto.

¿Puede adelantar el nacimiento?

La evidencia disponible procede, sobre todo, de los estudios sobre las fases lunares y, en conjunto, resulta claramente negativa. Por eso, aunque algún hospital registre un número llamativo de nacimientos ese día, un dato aislado nunca basta para establecer una relación causal. Habría que compararlo con la actividad habitual del centro, el día de la semana, los nacimientos programados y las series históricas.

De hecho, la organización hospitalaria influye mucho más en las estadísticas que la astronomía. En Inglaterra y Gales se ha comprobado que los nacimientos aumentan de lunes a viernes y disminuyen durante fines de semana y festivos, precisamente porque muchas inducciones y cesáreas se programan en días laborables.

Urgencias del Hospital Can Misses.
Europa Press

Tampoco aumenta la fecundidad. Otro de los mitos atribuye al eclipse una mayor capacidad para favorecer la concepción. Tampoco aquí existen pruebas. La fecundación depende de la coincidencia entre la ovulación y las relaciones sexuales. Unos minutos de oscuridad no adelantan la ovulación, no mejoran la calidad del semen ni modifican la receptividad del endometrio.

La reproducción asistida ha permitido comprobarlo con bastante precisión. Un estudio realizado durante trece años en el Liverpool Women’s Hospital analizó tratamientos de fecundación in vitro y no encontró diferencias en las tasas de embarazo según la fase lunar en la que se realizaba la transferencia embrionaria. En cambio, factores bien conocidos, como la edad de la mujer o el número de embriones transferidos, sí influyeron claramente en los resultados.

La literatura científica no es completamente uniforme. Algunos estudios recientes han detectado pequeñas variaciones en subgrupos muy concretos, como determinados partos nocturnos o diferencias estadísticas relacionadas con la posición de la Luna respecto al horizonte.
Sin embargo, los propios autores reconocen que esas asociaciones son débiles, podrían deberse al azar o a factores no controlados y, sobre todo, carecen de relevancia clínica. Ninguno de esos trabajos demuestra que la Luna sea capaz de desencadenar el parto ni permite predecir cuándo nacerá un bebé.

Por qué el mito sigue vivo

¿Por qué tantas personas, incluidos algunos profesionales sanitarios, siguen convencidas de que la Luna influye en los nacimientos?

La respuesta está en el funcionamiento de la memoria humana. Una guardia especialmente intensa durante una luna llena resulta fácil de recordar. En cambio, una noche tranquila con luna llena o una avalancha de partos sin ningún fenómeno astronómico pasan mucho más desapercibidas.

Es el conocido sesgo de confirmación: tendemos a recordar con mayor intensidad aquello que confirma nuestras expectativas y olvidamos con facilidad lo que las contradice. A ello se suma que los nacimientos nunca se distribuyen de forma perfectamente regular. En una maternidad pequeña puede haber dos partos un día y ocho al siguiente simplemente por azar. Si esa concentración coincide con una luna llena o un eclipse, la coincidencia adquiere un significado que probablemente no tiene.

En numerosas culturas se ha recomendado a las embarazadas permanecer en casa durante un eclipse, cubrirse el abdomen, llevar objetos metálicos o evitar determinadas actividades para proteger al bebé. También se han atribuido al fenómeno malformaciones, abortos o problemas de desarrollo fetal. No existe ninguna evidencia médica que respalde esas creencias. Un eclipse no altera el ADN del feto, no incrementa el riesgo de anomalías congénitas ni constituye una exposición peligrosa durante el embarazo. El único riesgo real es exactamente el mismo para cualquier persona: mirar directamente al Sol sin protección homologada puede producir lesiones irreversibles en la retina.

Un riesgo real

Paradójicamente, el mayor riesgo relacionado con el eclipse no tiene nada que ver con la obstetricia, sino con el tráfico. Miles de personas se desplazarán para contemplar el fenómeno, lo que podría provocar retenciones, carreteras saturadas y dificultades de acceso a algunos hospitales. Para una embarazada a término, ese factor puede resultar decisivo.

El próximo 12 de agosto nacerán niños mientras el cielo se oscurece en pleno día. Sus familias recordarán siempre que llegaron al mundo durante uno de los fenómenos astronómicos más espectaculares de las últimas décadas. Habrá fotografías irrepetibles, historias que pasarán de generación en generación e incluso algunos bebés recibirán nombres inspirados en el cielo. Pero la ciencia obliga a distinguir entre una coincidencia emocionante y una relación de causa y efecto. La Luna no gobierna el inicio del parto ni la concepción.

TAGS DE ESTA NOTICIA