Crónica negra

Los 50 segundos que mataron a Fernando: el viaje de estudios convertido en tragedia

Aquel verano lo cambió todo para Fernando, de solo 18 años. En apenas 50 segundos, su vida se truncó y su nombre se convirtió en un símbolo

Fernando Báez tenía 18 años y era estudiante de Derecho en Buenos Aires. Hijo único, llevaba un año saliendo con su novia Julieta. En el verano de 2020 Fernando y un grupo de 10 amigos se fueron de viaje a Villa Gesell. Algo así como el Benidorm argentino, muy popular en los viajes de estudios.

La primera noche de su estancia fueron a bailar a “Le Brique”, una conocida discoteca. El local estaba atestado de jóvenes. En ese ambiente espeso, y ya de madrugada, se produjo un empujón involuntario de Fernando a un joven llamado Máximo. Este último también se encontraba de vacaciones con sus amigos, todos pertenecientes al Club de Rugby de Zárate, en la capital del país. Fernando se disculpó, pero el “ofendido” continuó increpándole. Uno de ellos intentó calmar la situación. “El problema no es contigo sino con tu amigo. Me quedo esperándole”.

Esa frase, vista después, era una sentencia.

Fernando antes de partir al viaje de estudios

Ante el ambiente que se estaba creando, el personal de seguridad de la discoteca expulsó a Fernando y Máximo y los amigos de ambos.

Una vez fuera, Fernando y su pandilla fueron a un kiosco frente al local y compraron helados. Eran las 4:44 cuando estaban charlando en círculo y ocho jóvenes se acercaron por detrás.

Según la investigación, el primer golpe lo recibió Fernando, sin aviso. Cayó al suelo de inmediato. Los golpes se concentraron sobre él. Puños, patadas, ataques en la cabeza. Fernando quedó arrodillado, boca abajo, sin poder responder. Sus amigos intentaron acercarse, pero también fueron golpeados para impedir que lo ayudaran. Uno de ellos, Tomás, acabó en el suelo al intentar defenderlo. La dinámica fue brutal: unos pegaban a Fernando; otros bloqueaban cualquier intento de auxilio.

Fernando y su novia Julieta

Cuando Fernando se quedó inmóvil, Máximo le gritó: “¡Cagón, levántate!”.

Una testigo llamada Tatiana aseguró que cuando Fernando ya estaba inconsciente, los golpes no cesaron. “Era como si estuvieran pegando a un saco de patatas. El cabecilla jaleaba a los demás diciendo ¡Mátalo, golpéalo!. Uno de ellos le respondió: quédate tranquilo que me lo voy a llevar de trofeo”.

Cuando cesaron los golpes, la empleada del kiosco y otra chica se acercaron a Fernando. Vieron que no respiraba y comenzaron a hacerle maniobras de reanimación mientras esperaban la ambulancia. Uno de los amigos llamó a su padre llorando. Apenas pudo explicarle que a Fernando le habían pegado. Llegó la ambulancia. La doctora que le atendió relató que “no respiraba y no tenía pulso. En el trayecto al hospital se le continuó practicando maniobras porque no recuperaba los signos vitales. No pudimos hacer nada”.

El grupo de jugadores de rugby cenando antes de salir a la discoteca

Fernando murió de un paro cardíaco provocado por un traumatismo muy grave de cráneo.

Después de la paliza

Cuando todo terminó, los jóvenes de Zárate se alejaron. Según las cámaras, a las 4:46 varios de ellos se reunieron a unos metros del lugar del crimen. Luego siguieron caminando y se dividieron. Mientras tanto, Fernando seguía en el suelo.

A las 4:48 la policía empezó a buscar a los responsables. Algunos del grupo corrieron al apartamento alquilado donde pasaban las vacaciones.

A las 5:11 las cámaras de un McDonald’s registraron a varios de ellos comiendo. Reían, bromeaban, seguían adelante como si aquella noche no hubieran dejado a un chico muerto en la calle.

A las 10:38 de la mañana la policía llegó al apartamento y detuvo a los diez jóvenes.

Tras el arresto

La cara y cuello de Fernando tenían las marcas de unas zapatillas. La policía confiscó el calzado del grupo. Máximo declaró a los investigadores que las zapatillas eran de Pablo, también jugador de rugby, al que le hacían bullying. “Fue él. Si no se apuran se escapa a Uruguay”. Por esta crueldad – una de tantas – Pablo terminó preso. Días después fue puesto en libertad. Dada su altura, calzaba varias tallas más que las que habían dejado huellas.

Una vez que se realizó el estudio, los peritos pudieron confirmar que las zapatillas eran de Máximo. Todavía llevaba restos de sangre.

El juicio

El grupo optó por una estrategia que sostendrían en el tiempo: el silencio absoluto. Nadie habló. Nadie delató a nadie. Pero cinco terabytes de información de sus móviles mostraron la realidad. Uno de los implicados, Lucas Pertossi, enviaba un mensaje al grupo diciendo: “está la policía, llegó la ambulancia. Caducó (murió)”. Continúa Blas Cinalli: “creo que matamos a uno. Vinimos todos a casa. Lo único que quiero es beber vino y fumar flores”. También había vídeos donde se los ve abrazándose después del ataque, como si acabaran de ganar un partido.

Los acusados durante el juicio

El juicio se celebró años después. La madre de Fernando, Graciela, habló al tribunal. “Soy una mujer sin ganas de vivir, no sé de dónde saco las fuerzas para seguir. El día que despedí a mi hijo en el viaje, nunca imaginé que sería el último abrazo”.

Silvino, el padre, relató el momento de reconocer el cuerpo en la morgue: “fue muy duro. Ahí estaba mi hijo, en una camilla de acero, con la cabeza reventada”.

Netflix ha creado un documental sobre este caso, titulado “50 segundos: el caso Fernando Sosa”.

Graciela y Silvino, los padres de Fernando, se convirtieron sin quererlo en el rostro de una lucha. Querían que no se olvidara quién era la víctima. No los condenados. No sus familias. Fernando.

Han pasado 6 años y en el aniversario de su muerte, todo sigue igual para los padres. Así lo expresó su madre en redes sociales:

“Fernando. En el aniversario del asesinato te escribo pensando en todos los bellos momentos compartidos que nadie podrá arrancar de nuestro corazón. Con tu partida perdimos nuestra vida porque sin vos nada es igual. Fuimos tan felices. Nos hiciste sentir orgullosos con todos tus logros. Fuiste y serás siempre un buen hijo, alegre, con tu hermosa sonrisa, dispuesto a ayudar a los demás. A veces miramos vídeos tuyos para verte y escuchar tu voz y terminamos con lágrimas; quisiéramos retroceder el tiempo para abrazarte y no dejarte ir nunca. Te extraño tanto Fer. Todas las noches espero encontrarte en mis sueños, que me abraces fuerte y me digas: ‘Má, ya llegué’. Pero me despierto a sabiendas de que no va a suceder. Hasta pronto hijo mío. Descansa en paz Fer. Tu mamá y tu papá no te olvidan”.

Los padres de Fernando, en el aniversario de su muerte

A Fernando lo mataron en pleno verano, a la salida de una discoteca. La violencia duró apenas unos minutos. El dolor, para la familia, no terminará nunca.