Mónica Amores abre cada mañana su centro de estética, recibe a sus clientelas y vuelve a cerrar con llave. Es la forma que ha encontrado de seguir trabajando en una Ceuta que vive días de enorme tensión tras la llegada masiva de inmigrantes desde Marruecos, una crisis que ha puesto al límite la capacidad de acogida de la ciudad alterando la vida cotidiana de todos. “Soy autónoma. No puedo bajar la persiana porque hay que seguir pagando las facturas”, explica desde el centro que lleva su nombre. Mientras algunos establecimientos han decidido cerrar temporalmente por la incertidumbre que se respira en las calles, ella continúa atendiendo a sus clientas porque no tiene otra opción. Pero ya no lo hace igual que hace una semana. “Giro la llave dos veces cada vez que entra una clienta, un gesto que antes era innecesario”.
Nacida en Ceuta y casada con un valenciano, Mónica asegura que nunca había sentido una inquietud semejante. Describe una ciudad desbordada, con los recursos de acogida saturados, un importante despliegue policial y militar y una sensación generalizada de incertidumbre entre muchos vecinos. La presión migratoria ha obligado a habilitar espacios de emergencia y algunas zonas de la ciudad se han vuelto intransitable por la falta de seguridad y de asistencia humanitaria.

La ciudad autónoma vive la mayor presión migratoria desde la crisis de 2021. La llegada incesante de personas desde Marruecos ha desbordado la capacidad de respuesta de una ciudad de unos 85.000 habitantes. Los dispositivos de acogida trabajan al límite, el Ejército ha sido movilizado para reforzar el apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y las administraciones intentan reorganizar una emergencia que ha cambiado por completo el pulso de las calles.
“Tenemos miedo”
Ese ambiente también ha llegado hasta su pequeño negocio. “Las mujeres vienen y hablan de lo mismo. Tienen miedo. Todos tenemos miedo”, asegura con enfado. Su centro de estética, donde en estas fechas normalmente se habla del verano, las vacaciones o el próximo cambio de imagen, se ha convertido en un lugar donde las clientas comparten la preocupación con la que viven estos días. “Muchas están a punto de marcharse de vacaciones y no quieren renunciar a esas pequeñas rutinas que les permiten conservar cierta sensación de normalidad”, explica. Se tiñen el pelo, retocan las canas o se hacen la manicura mientras, al otro lado de la puerta, la ciudad intenta gestionar una situación inédita.

Mónica insiste en que el problema no nace solo de las personas que llegan, sino de la falta de previsión para afrontar una presión migratoria de semejante magnitud. “Esto se veía venir y no se hizo nada”, lamenta. En su opinión, los recursos disponibles son insuficientes y la ciudad lleva días soportando una tensión que ya se percibe en la calle. La conversación con Artículo 14 coincide con la visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Lejos de calmar los ánimos, provoca más enfado. También en el resto de la población. Fueron recibidos entre protestas y abucheos por parte de varios vecinos antes de mantener reuniones con las autoridades locales para coordinar la respuesta a la crisis.
Mónica analiza la visita con escepticismo. Considera que llega tarde y que no responde a la dimensión del problema que, a su juicio, vive la ciudad. Es una valoración personal que acompaña de una crítica abierta a la actuación del Gobierno. “Me siento española por los cuatro costados y me duele esta sensación de abandono. Es algo que comparto con muchos ceutíes. Nos sentimos desamparados por nuestro propio país”.

Cuando termina de hablar, vuelve a sonar el timbre del centro. Mónica abre, deja pasar a la siguiente clienta y vuelve a echar la llave. Es un gesto que refleja cómo ha cambiado la vida de muchos vecinos de Ceuta.

