Seguridad vial

Microsueños al volante: así desconecta el cerebro sin cerrar los ojos

Una de las hipótesis que baraja la Guardia Civil en la muerte del bodeguero Iván Sanz y su familia es la somnolencia

Una mujer conduciendo.
Una mujer conduciendo.

Todo ocurre en un instante. El coche circula estable. Las manos sujetan el volante. Los ojos permanecen abiertos, pero el cerebro ha empezado a rendirse al sueño. No hace falta quedarse profundamente dormido. Basta una breve intrusión del sueño, un microsueño de unos segundos, para recorrer decenas de metros sin procesar lo que sucede delante del parabrisas. A velocidad de autopista, ese intervalo basta para que ocurra una tragedia.

Eso es precisamente lo que los investigadores tratan ahora de esclarecer tras el accidente ocurrido el pasado domingo en la A-67, a la altura de Herrera de Pisuerga (Palencia). En el siniestro murieron el bodeguero Iván Sanz, director de Dehesa de los Canónigos, su esposa y dos de sus hijos adolescentes. Solo sobrevivió la hija menor de la familia. La Guardia Civil mantiene abiertas varias líneas de investigación y una de las hipótesis que analiza es que el conductor pudiera haber sufrido un episodio de somnolencia o una distracción al volante.

El 7% de los accidentes mortales

Sea cual sea el resultado de la investigación, el accidente pone rostro a uno de los mayores enemigos de la carretera. La Dirección General de Tráfico lleva años advirtiendo de que el cansancio y la somnolencia están detrás de hasta uno de cada cuatro accidentes con víctimas. Solo en las carreteras convencionales intervienen como factor concurrente en uno de cada cinco siniestros y se calcula que provocan más de un centenar de muertes al año. En 2025, la fatiga estuvo presente en el 7% de los accidentes mortales registrados en España.

“En España se vive bien y se duerme mal”, decía hace solo unos días el director de la DGT, Pere Navarro. Recordó que los españoles duermen alrededor de un 10% menos que la media europea y alertó del elevado consumo de benzodiacepinas, medicamentos que favorecen la somnolencia y reducen la capacidad para conducir.

PALENCIA, 05/07/2026.- Una de las cuatro personas fallecidas en el accidente de tráfico ocurrido este domingo cerca del municipio palentino de Herrera de Pisuerga es el bodeguero Iván Sanz Cid, director general de Dehesa de los Canónigos, una de las empresas más reconocidas de la Ribera del Duero, han confirmado a EFE fuentes de la Delegación del Gobierno. Sanz Cid, de 48 años; su mujer, de 45, y sus dos hijos, de 17 y 14 años, son las víctimas mortales de este siniestro, que además ha causado heridas "muy graves" a su otra hija, de 9 años, evacuada en helicóptero al Hospital de Burgos. EFE/Subdelegación del Gobierno en Palencia -SÓLO USO EDITORIAL/SOLO USO PERMITIDO PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE APARECE EN EL PIE DE FOTO (CRÉDITO OBLIGATORIO)-
Accidente de tráfico cerca del municipio palentino de Herrera de Pisuerga en el que han fallecido el bodeguero Iván Sanz Cid, director general de Dehesa de los Canónigos, su mujer y dos de sus hijos
EFE/Subdelegación del Gobierno en Palencia

Entre estar completamente despierto y quedarse dormido existe un punto intermedio que la neurología conoce bien. “Una cosa es la somnolencia; otra, los lapsos de atención relacionados con el sueño; y otra distinta son los microsueños propiamente dichos. No toda pérdida momentánea de atención es un microsueño, pero la somnolencia hace que el cerebro se aproxime progresivamente al sueño y que estos episodios sean cada vez más probables”, explica el neuropsicólogo clínico Saúl Martínez-Horta.

Esta distinción desmonta la idea de que un conductor solo deja de controlar el vehículo cuando se queda completamente dormido. “Cuando aumenta la necesidad de dormir, el cerebro deja de mantener una vigilia estable. Mientras estamos despiertos desarrollamos con absoluta normalidad procesos cognitivos como el mantenimiento de la atención o la velocidad de respuesta. Esa vigilia se vuelve inestable conforme aumenta la necesidad de dormir”.

Falsa sensación de control

No es que todo el cerebro se apague de golpe. “Determinadas partes empiezan a presentar durante pequeños instantes una actividad que recuerda a las fases del sueño, aunque la persona permanezca despierta”, detalla el doctor. Ese fenómeno recibe el nombre de “sueño local” y se asocia con fallos de atención, respuestas más lentas y pequeñas desconexiones con el entorno. Una parte del cerebro continúa ocupándose de tareas automáticas, como mantener la postura, sujetar el volante, seguir una trayectoria, mientras otras regiones empiezan a comportarse como si ya hubieran iniciado el sueño. Desde fuera apenas se aprecia nada. Desde dentro, el conductor sigue creyendo que controla la situación.

“Conforme la somnolencia progresa -continúa Martínez Horta- disminuye la capacidad del cerebro para mantener la alerta y el control cognitivo. Conducir es una tarea cognitivamente muy demandante porque exige una atención plena, coordinación y capacidad para responder a múltiples estímulos, aunque la tengamos muy automatizada. Pero esa automatización juega en contra”. Aunque la información sigue llegando al cerebro a través de los ojos, puede ocurrir que no sea capaz de seleccionarla o interpretarla correctamente porque está parcialmente enlentecido debido a ese sueño local. “Eso puede hacer que durante la conducción no detectes un estímulo que aparece de repente, otro coche, una curva, cualquier obstáculo”.

El tráfico en Madrid durante una operación salida
El tráfico en Madrid durante una operación salida

La neuróloga Celia García Malo añade que esa pérdida de alerta favorece una conducción cada vez más automática. “La somnolencia nos hace perder el nivel de alerta y aumenta el riesgo de cometer errores o de no ser conscientes de algunas señales que estamos recibiendo. Incluso podemos entrar en una fase de sueño superficial, con los ojos abiertos y aparentando estar despiertos, mientras el cerebro ya no procesa con normalidad los estímulos externos”.

Unos segundos decisivos

El cerebro deja de comprender aquello que está viendo. Puede que ni siquiera el conductor recuerde haberse quedado dormido. En muchas ocasiones simplemente desaparecen unos segundos de la memoria. “Cuando hablamos de microsueño -expresa Martínez Horta- se produce una intrusión de sueño. La persona está despierta, pero durante un instante aparece actividad cerebral característica del sueño. No existe un consenso absoluto sobre su duración, aunque suele hablarse de episodios de entre uno y quince segundos”.

A 120 kilómetros por hora, tres segundos equivalen a recorrer cerca de cien metros. Cien metros durante los cuales el conductor ha perdido el contacto con todo lo que está sucediendo en la carretera. “Ahí es donde realmente aparece el problema cuando hablamos de somnolencia al volante”. Todos lo hemos experimentado alguna vez. Leer una página y tener que volver atrás porque no recordamos nada o descubrir que llevamos unos segundos sin atender una conversación. En la vida cotidiana apenas tiene consecuencias; al volante deja de ser una anécdota, advierten los expertos. Mientras el cerebro desconecta durante unos segundos, el vehículo continúa avanzando. Y cuando el conductor vuelve a tomar conciencia de la situación, muchas veces ya es demasiado tarde.

No es una distracción

Cuando un conductor desvía la vista hacia el teléfono móvil o gira la cabeza para hablar con un pasajero, su cerebro continúa despierto. En un microsueño ocurre exactamente lo contrario. “Los mecanismos que mantienen la vigilia empiezan a fallar y aparece actividad cerebral propia del sueño. Son dos fenómenos completamente distintos”. La fuerza de voluntad tampoco sirve. “Uno puede intentar combatir temporalmente la somnolencia, pero no controlar cuándo va a producirse una intrusión del sueño. Si tiene que suceder, sucederá”, explica Martínez-Horta.

Por eso fracasan casi todos los remedios improvisados, como bajar la ventanilla, subir la música o masticar chicle. “Pueden servir durante unos minutos porque aumentan la activación, pero no eliminan la necesidad biológica de dormir. Solo proporcionan una falsa sensación de seguridad”. Es el mismo mensaje que la DGT repite desde hace años: el descanso no tiene sustitutos.

García Malo recuerda además que la falta de sueño no siempre responde únicamente a dormir pocas horas. “La privación de sueño es la causa más frecuente de la somnolencia, sobre todo en trayectos monótonos, pero hay trastornos que se manifiestan precisamente al volante”. Entre ellos cita la apnea del sueño, especialmente frecuente en personas con obesidad o roncadores habituales, y, con mucha menor frecuencia, la narcolepsia.

El cerebro también engaña

La buena noticia es que el microsueño casi nunca aparece de forma completamente inesperada. Antes llegan algunas señales: los párpados pesan, el parpadeo se hace más lento, aparecen bostezos repetidos y el coche comienza a variar ligeramente la velocidad o invade unos centímetros el carril. Incluso puede ocurrir que el conductor no recuerde los últimos kilómetros recorridos. “Podemos anticipar bastante bien cuándo una persona ha entrado en una situación de riesgo. Lo realmente difícil es saber exactamente cuándo se producirá la intrusión del microsueño”, matiza el neurólogo.

El problema es que la propia somnolencia altera nuestra capacidad para juzgarnos. “Cuando una persona está muy cansada suele sobreestimar su capacidad para aguantar un poco más. Cree que todavía puede seguir conduciendo cuando, en realidad, ya está perdiendo la capacidad de mantener la atención y el nivel de alerta”.

Los especialistas insisten en que la mejor prevención empieza antes de arrancar el motor. Si la somnolencia es frecuente o aparecen episodios de adormecimiento durante el día, conviene consultar con un especialista para descartar trastornos como la apnea del sueño, que dispone de tratamientos eficaces. Y si el problema es simplemente haber dormido poco, la recomendación es tan sencilla detenerse, descansar -aunque sea una breve siesta- y continuar el viaje solo cuando el sueño haya desaparecido.

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