Crisis migratoria

Migrantes que vuelven a Marruecos, trasladados y abandonados a cientos de kilómetros de sus casas

Artículo14 recoge testimonios de jóvenes que, después de regresar desde Ceuta, fueron llevados a Beni Melal, Dajla y la zona de Ujda. Un educador que ha acompañado a menores denuncia golpes y peticiones de dinero para liberarlos

CEUTA, 22/09/2026.- Entorno de la frontera y la playa del Tarajal este martes en Ceuta, un día antes de las elecciones legislativas en Marruecos este miércoles. EFE/Roberto Ruiz Oliva
Entorno de la frontera y la playa del Tarajal en Ceuta
EFE

Cuatro días tardó en regresar a su casa uno de los jóvenes marroquíes cuyo testimonio ha recogido Artículo14. Después de volver desde Ceuta, fue trasladado a Beni Melal, lejos de su hogar. El cruce de la frontera dio paso a otro desplazamiento, ilegal, esta vez dentro de su propio país, y a la necesidad de encontrar cómo regresar. Su caso forma parte de los relatos de personas retornadas que describen traslados y abandonos a cientos de kilómetros de sus lugares de residencia.

Este periódico ha escuchado directamente a varios de los afectados y omite sus nombres para preservar su identidad. Entre ellos hay un joven llevado a Dajla, en el Sáhara Occidental, que tuvo que pedir limosna para conseguir dinero y volver a Tetuán. Otro relata un traslado a la zona de Ujda, próxima a la frontera con Argelia. Sus testimonios describen lo que sucede después del regreso a Marruecos, cuando las personas que han cruzado desde Ceuta quedan en manos de las fuerzas de seguridad marroquíes.

Los destinos y las circunstancias son diferentes. Beni Melal es una ciudad del interior de Marruecos; Dajla se encuentra en la costa del Sáhara Occidental; Ujda, en el extremo nororiental marroquí. Algunos afectados describen abandonos en el desierto. Otros, desplazamientos hasta ciudades desde las que deben buscar por sus propios medios la manera de volver. En el caso del joven trasladado a Beni Melal, ese camino de regreso se prolongó durante cuatro días.

A estos relatos se suma el de Mohammed, conocido como Moha, que ha trabajado con la asociación El Faro acompañando a niños en situación de calle. Su experiencia aporta información sobre el trato que reciben algunos jóvenes al retornar y sobre las dificultades para seguir su rastro cuando las autoridades se los llevan.

“A mí me pidieron dinero para liberar a algunos de los chicos que yo acompañaba”, explica a Artículo14. Atribuye esas exigencias a miembros de las Fuerzas Auxiliares marroquíes. También denuncia golpes y la retirada de dinero y pertenencias, aunque advierte de que el trato depende de los agentes con los que se encuentre cada persona.

Según Mohammed, durante la primera semana posterior a las entradas a Ceuta de los días 30 y 31 de julio hubo retornados que recibieron palizas. Él interpreta esas agresiones como represalias por haber cruzado. Su relato incluye interrogatorios sobre quién había facilitado el paso, quién los había ayudado y quién los esperaba en la ciudad autónoma.

El educador describe un punto de entrega a las autoridades marroquíes distinto del paso que utilizan los viajeros con documentación. Lo llama la «puerta de la devolución». Desde allí, sostiene, se organizan traslados que alejan a algunos retornados de la frontera y de sus hogares.

Mohammed asegura que estas prácticas afectan también a menores en situación de calle. Para quienes los acompañan, averiguar el destino del traslado se convierte en una tarea urgente. “Nosotros perseguimos a la policía cuando se llevan a los chicos para saber a dónde se los llevan”, explica.

Los desplazamientos forzosos cuentan con antecedentes documentados en Marruecos. En mayo de 2024, la investigación internacional Desert Dumps, coordinada por Lighthouse Reports, reunió testimonios, imágenes y documentos sobre detenciones y abandonos de personas negras en lugares remotos de Marruecos, Mauritania y Túnez. En Rabat, los periodistas grabaron a miembros de las Fuerzas Auxiliares deteniendo personas en las calles y su posterior traslado en autobuses sin distintivos.

Aquella investigación se centraba fundamentalmente en migrantes extranjeros, por lo que constituye un antecedente diferente de los relatos de ciudadanos marroquíes recogidos ahora por Artículo14. Documentaba, sin embargo, el uso del desplazamiento como instrumento de control migratorio y las condiciones de desamparo en las que quedaban algunas personas tras ser alejadas de los lugares donde vivían.

El medio marroquí ENASS, participante en esa investigación, recogió testimonios sobre peticiones de dinero para evitar detenciones y traslados. Sus periodistas siguieron un autobús desde Rabat y documentaron la llegada de personas desplazadas a Juribga. Quienes tenían recursos buscaban otro autocar para regresar; otros quedaban sin medios para hacerlo.

ENASS describió también el caso de un sudanés herido en un brazo que aseguró haber sido trasladado desde Tetuán hasta Beni Melal. El reportaje recogía la ayuda de vecinos que proporcionaban comida o pagaban billetes de autobús a personas abandonadas a su suerte. Son antecedentes que muestran cómo el regreso puede depender de la asistencia que los afectados consigan encontrar por el camino.

Las autoridades marroquíes defendieron entonces esas actuaciones. En la respuesta a la investigación publicada en 2024, el Ministerio del Interior sostuvo que la reubicación de migrantes estaba contemplada en la legislación nacional y tenía como finalidad alejarlos de las redes de tráfico y de lugares peligrosos. Negó las vulneraciones de derechos humanos. Esa posición se refería a los desplazamientos investigados entonces, no a los casos de marroquíes retornados desde Ceuta relatados en esta información.

Para estos jóvenes, volver a Marruecos no terminó al otro lado de la frontera. Uno tuvo que pedir dinero para regresar desde Dajla hasta Tetuán. Otro necesitó cuatro días para llegar a casa después de ser llevado a Beni Melal. Sus testimonios ponen el foco en una parte del recorrido que las cifras de retornos no explican: dónde quedan esas personas y con qué medios cuentan para volver.

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