Crónica negra

“Murió por amor”: la tragedia de Marta y Daniel detrás de un epitafio

Un tren acabó con la vida de Marta. Treinta y seis días después, Daniel apareció muerto frente a su tumba con una carta en el bolsillo

Ávila, 14 de octubre de 1989. Marta y Daniel eran unos jóvenes novios de dieciséis años. Aquel día la pareja se encontraba cerca de la estación observando cómo salía un tren. Mientras sus miradas seguían aquel convoy, otro tren apareció por la vía contigua. No lo vieron. Marta murió en el atropello. Daniel sobrevivió con una fractura en el brazo.

Pero algo en él también quedó atrapado entre aquellas vías.

En el Instituto Isabel de Castilla, donde ambos estudiaban, Daniel sacaba el retrato de Marta y lloraba sentado en su mesa. Dejó de salir “porque toda Ávila me recuerda a ella”; dejó de hablar “porque solo pensaba en ella”.

En la tumba de Marta nunca faltaban flores.

Ni un solo día faltaron flores sobre la tumba de Marta. Las cambiaba la familia, los vecinos, y Daniel. Cada tarde llegaba en su Vespino negro y se quedaba de pie frente a la lápida, sin decir nada.

Treinta y seis días después de que la enterraran, Daniel se colgó por el cuello de una encina frente a la tumba de su amada. Fue al mediodía cuando el arquitecto municipal y un trabajador del cementerio encontraron su cuerpo.

Daniel dejó una carta en el bolsillo del pantalón. “Estoy cegado por el dolor. Dolor, dolor, dolor… ¿No comprendéis que no puedo ver a una pareja, a una chica guapa, a una chica buena, a una chica simpática, a cualquier lugar a donde ella haya estado sin recordarla y sentir agudo dolor? Y sin sentir que sin ella no soy nada, no puedo ver nada ni oír nada ni sentir nada que sea bueno, porque todo me recuerda a ella y… dolor. Para mí, una vida sin Marta es tortura, tormento, dolor”.

El árbol mirando a la tumba de Marta en el que Daniel se quitó la vida.

En otro de los pasajes (reproducidos por ABC) Daniel escribió: “Que Dios me perdone, pero estoy convencido de que sólo así podré ser feliz y estar con ella”.

También dejó palabras para su familia. Les pidió que permanecieran unidos, como lo habían hecho los padres de Marta, y rogó a sus hermanos que sostuvieran a sus padres. A su padre le escribió: “Papá, mi buen papá: encaja esto cristianamente…Piensa en la responsabilidad que tienes ante Dios para cuidar a tu familia…”.

Después se dirigió a su madre: “Mi querida mamá, perdóname. Has sido la persona que más he querido y que más ha influido en mi vida. Gracias por cuidarme como me has cuidado. Por criarme, aguantarme y quererme. Os doy las gracias porque habéis sido la mejor familia que he podido tener”.

Daniel dejó además una última petición: “Si no os molesta, no me importaría que mis miembros aprovechables fueran donados. Sería algo positivo para los demás. Sed fuertes como los padres de Marta. Pensad que tenéis más familia. Vuestro, Daniel”.

El padre del joven pidió al Ayuntamiento que talara la rama de la encina de la que se había colgado su hijo, y así se hizo. Pidió también que en la lápida se inscribiera que su hijo “murió por amor”. Bajo esta frase estaba el duelo devastador de un adolescente que dejó de ver salidas.

Si tú o alguien que conoces está pasando por un momento difícil, hay apoyo disponible. Puede llamar al 024, una línea gratuita, confidencial, las 24 horas. Ante una emergencia vital, llama al 112 o acude al servicio de urgencias más próximo.