España se prepara para contemplar uno de los acontecimientos astronómicos más esperados de las últimas décadas. El próximo 12 de agosto, un eclipse total de Sol atravesará buena parte del país durante el atardecer. Sin embargo, la gran incógnita no se encuentra ya en el cielo astronómico, sino en la atmósfera: las nubes podrían aparecer precisamente durante una semana en la que los modelos comienzan a detectar un posible cambio meteorológico.
Samuel Biener, meteorólogo de Meteored, advierte de que la fecha del eclipse puede coincidir con un punto de inflexión después de varias semanas dominadas por temperaturas excepcionalmente elevadas. Las tendencias todavía no permiten anticipar el estado del cielo en cada ciudad, pero muestran una atmósfera menos estable alrededor del 12 de agosto.
El matiz resulta fundamental. El eclipse no provocará ese posible cambio de tiempo. La coincidencia será únicamente temporal. La evolución meteorológica dependerá del comportamiento del anticiclón, del chorro polar y de la posible llegada de aire frío a las capas altas de la atmósfera.
Un eclipse total al límite de la puesta de sol
El eclipse del 12 de agosto de 2026 será el primero de una serie excepcional para España. Después llegará otro eclipse total el 2 de agosto de 2027 y uno anular el 26 de enero de 2028, formando la denominada tríada de eclipses ibéricos.
La franja de totalidad cruzará el territorio de oeste a este. Pasará por zonas de Galicia, Asturias, Castilla y León, País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares. Ciudades como A Coruña, Oviedo, León, Bilbao, Zaragoza, Castellón, Valencia y Palma podrán encontrarse dentro o muy cerca del recorrido total.
Samuel Biener recuerda que España estará situada al final de la trayectoria del eclipse. La ocultación completa del Sol se producirá alrededor de las 20:30 horas, con variaciones según la localidad, cuando el astro se encuentre ya muy bajo sobre el horizonte occidental.
Esta circunstancia proporcionará una imagen especialmente espectacular, pero también complicará la observación. Un banco de nubes bajas, una montaña, un edificio o incluso una línea de árboles pueden ocultar el fenómeno. Será necesario elegir un lugar elevado y despejado, con buena visibilidad hacia el oeste o el noroeste.
Los modelos insinúan un giro durante esa semana
Las previsiones a largo plazo apuntan a que agosto comenzará con temperaturas superiores a lo habitual, especialmente en el noreste y en el interior de las comunidades mediterráneas. En algunas zonas, las anomalías podrían situarse entre tres y seis grados por encima de la media.
La situación podría empezar a cambiar durante la semana del 10 al 16 de agosto. Según explica Samuel Biener, los mapas mantienen todavía temperaturas entre uno y tres grados superiores a los valores normales, pero presentan señales menos claras en cuanto a estabilidad y precipitaciones.
Algunos escenarios muestran lluvias algo más abundantes de lo habitual en sectores del centro y del tercio oriental. Esto no significa que vaya a llover de forma generalizada, ya que las precipitaciones estivales suelen aparecer en forma de tormentas muy localizadas.
El Pirineo y el sistema Ibérico serán dos de las zonas que habrá que vigilar. En agosto, el calor acumulado cerca del suelo y la presencia de aire algo más frío en altura pueden favorecer el desarrollo rápido de nubes convectivas durante la tarde.
Todavía es pronto para saber dónde habrá nubes
A casi dos semanas del eclipse, ninguna previsión puede determinar con precisión si el cielo estará despejado en Zaragoza, Bilbao, León, Valencia o Palma. Los modelos subestacionales sirven para identificar tendencias amplias, pero no para anticipar la nubosidad de una localidad durante una hora concreta.
La incertidumbre es todavía mayor cuando las posibles precipitaciones tienen carácter tormentoso. Una célula puede descargar sobre un municipio y dejar completamente despejada otra zona situada a pocos kilómetros.
Por ello, Samuel Biener recomienda esperar a los primeros días de agosto para valorar escenarios más definidos. Las predicciones empezarán a ganar fiabilidad aproximadamente una semana antes y serán mucho más útiles durante las 72 o 96 horas previas.
Quienes tengan posibilidad de desplazarse deberían evitar cerrar demasiado pronto una única ubicación. Mantener varias alternativas dentro de la franja de totalidad permitirá reaccionar si los modelos señalan nubes o tormentas en el lugar inicialmente elegido.
El tiempo podría volverse más tormentoso después del eclipse
Las tendencias muestran una señal más consistente a partir del 17 de agosto. El chorro polar podría circular por latitudes algo más bajas y adoptar una trayectoria ondulada, facilitando la llegada de bolsas de aire frío sobre una península muy recalentada.
Esta configuración suele favorecer tormentas intensas durante la segunda mitad del verano. Los chubascos pueden ir acompañados de granizo, actividad eléctrica y fuertes rachas de viento, especialmente en zonas montañosas y regiones del este.
El eclipse podría coincidir así con el inicio de una transición atmosférica, pero no sería su causa. La gran batalla del 12 de agosto se librará entre la espectacularidad del fenómeno y unas nubes que todavía no sabemos si estarán presentes.
Hasta que las previsiones ganen precisión, la recomendación es seguir la evolución meteorológica, buscar un horizonte completamente despejado y utilizar siempre gafas homologadas para observar el Sol. Ni siquiera durante las fases parciales debe mirarse directamente sin la protección adecuada.

