Invierno demográfico

¿Son los smartphones los causantes del desplome mundial de la natalidad?

Un análisis apunta a una posible relación entre el abuso de los teléfonos inteligentes y la caída de la fertilidad en gran parte del planeta

Natalidad y móviles
El desplome mundial de la fertilidad está relacionado con la expansión masiva de los teléfonos inteligentes y las redes sociales
KiloyCuarto

La caída de la natalidad ya no se explica solo con salarios bajos, alquileres imposibles o precariedad laboral. La última hipótesis sobre la mesa es que el smartphone podría estar cambiando nuestra forma de relacionarnos hasta el punto de reducir el número de hijos que nacen en el mundo.

Es una de las conclusiones de un análisis publicado por el Financial Times, que conecta el desplome mundial de la fertilidad con la expansión masiva de los teléfonos inteligentes y las redes sociales. Curiosamente, la misma tecnología diseñada para conectarnos permanentemente ha provocado que nos veamos menos, nos toquemos menos y tengamos menos hijos.

Imagen creada por ChatGPT de dos personas con sus móviles
Artículo14

Cada vez más demógrafos observan este mismo patrón. En numerosos países, la caída abrupta de la natalidad coincide casi exactamente con la llegada del internet móvil 4G y la popularización del smartphone. En Estados Unidos, Reino Unido y Australia, las tasas de fertilidad se mantuvieron relativamente estables hasta 2007. En Francia y Polonia, hasta 2009. En México o Indonesia, hasta 2012. Y en varios países africanos, hasta mediados de la década pasada. Después llegó el desplome.

Mucho match, pero poco sexo

Los investigadores Nathan Hudson y Hernan Moscoso-Boedo, de la Universidad de Cincinnati, sostienen que la sincronía es demasiado precisa para ser casual. En Estados Unidos, por ejemplo, la fertilidad juvenil ha caído un 71% desde 2007. La explicación que proponen no es biológica, sino social. Menos encuentros físicos, menos citas, menos relaciones estables y menos sexo. En Corea del Sur, uno de los laboratorios demográficos más extremos del planeta, el tiempo de socialización presencial entre jóvenes se ha reducido a la mitad en veinte años.

La escena cotidiana nos puede resultar familiar. Parejas cenando mientras deslizan TikTok, adolescentes que ligan más por algoritmo que por contacto visual, adultos jóvenes que acumulan matches pero retrasan indefinidamente la convivencia. Las aplicaciones multiplican opciones, pero no necesariamente vínculos duraderos. Y las redes sociales convierten la vida ajena en un escaparate imposible de igualar. El propio Financial Times cita a demógrafos que hablan ya de “la gran incógnita de nuestro tiempo” al ser un fenómeno que está presente en culturas, religiones y modelos económicos muy distintos.

España: menos nacimientos y más tardíos

España encaja bien en ese mapa de descenso demográfico, aunque aquí los factores económicos siguen teniendo un peso enorme.

Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística muestran que en 2025 nacieron 321.164 niños, una de las cifras más bajas de la serie histórica reciente. Hace diez años fueron alrededor de 427.600. La caída ronda el 25% en una década. La tasa de fecundidad española se sitúa en 1,10 hijos por mujer, muy lejos del 2,1 necesario para garantizar el reemplazo generacional sin inmigración. Es una de las más bajas de Europa.

Embarazo
Embarazo en la recta final

Pero el problema español tiene características propias. La primera es el retraso de la maternidad. La edad media para tener hijos ya supera los 32,6 años y cerca del 40% de los nacimientos corresponden a madres mayores de 35 años. Cuanto más tarde se tiene el primer hijo, menor suele ser el número total de hijos. La segunda es económica. En España los salarios son bajos bajos, los precios de la vivienda disparados y la emancipación juvenil tardía. Formar una familia se ha convertido, para muchos jóvenes, en una decisión que exige estabilidad laboral, alquiler asumible y cierta previsibilidad vital. Y ninguna de las tres cosas abunda especialmente.

Natalidad
Las familias conservadoras tienen más hijos que las progresistas
KiloyCuarto

A eso se suma un cambio cultural. Hay más personas viviendo solas, más parejas que deciden no tener hijos y una creciente prioridad al desarrollo individual, la carrera profesional o el tiempo libre. Y luego está la conciliación. Horarios laborales extensos, guarderías caras y una distribución desigual de los cuidados siguen haciendo que muchas parejas tengan menos hijos de los que realmente desearían.

El factor móvil: ¿causa o síntoma?

La gran cuestión es si los smartphones son realmente responsables del desplome de la natalidad o simplemente el espejo tecnológico de un cambio social. Los propios investigadores admiten que la economía sigue importando. El precio de la vivienda, la precariedad o el coste de criar hijos siguen siendo determinantes. Pero consideran que esas variables no explican por sí solas la sincronización casi global de la caída. Insistimos en la ironía histórica. Nunca habíamos tenido tantas herramientas para comunicarnos y, al mismo tiempo, tantas dificultades para construir relaciones estables.

Infertilidad
Los gobiernos intentan promover la natalidad ante el invierno demográfico
Shutterstock

Incluso países que han intentado combatir la caída demográfica con ayudas masivas están comprobando los límites de la ingeniería política. Hungría ofrece hipotecas subvencionadas, préstamos y exenciones fiscales vitalicias para madres con varios hijos. Francia dedica enormes recursos públicos a permisos parentales y ayudas familiares. Corea del Sur lleva años gastando miles de millones para incentivar la natalidad. Y, aun así, la tendencia apenas se frena.

¿Los móviles afectan también a la fertilidad biológica?

En medio de este debate está también la posibilidad de que el uso intensivo del móvil no solo reduzca las relaciones sociales, sino también algunos parámetros biológicos relacionados con la fertilidad, especialmente masculina. Aquí la evidencia es mucho menos concluyente, aunque existen estudios y revisiones científicas que apuntan a posibles asociaciones.

Lo más investigado es la fertilidad masculina: concentración de espermatozoides, movilidad, morfología y fragmentación del ADN espermático. Algunas revisiones han encontrado que la exposición frecuente al teléfono móvil se asocia con peor movilidad y viabilidad espermática. Un estudio de la Universidad de Ginebra publicado en 2024 observó que los hombres que consultaban el móvil más de veinte veces al día presentaban, de media, una concentración espermática un 21% menor y un recuento total de espermatozoides un 22% menor que aquellos que lo utilizaban menos de una vez a la semana.

Protección de datos en el teléfono móvil - Sociedad
Dos jóvenes miran sus teléfonos móviles en Madrid
EFE/Mario Morón

Los investigadores plantean como posibles explicaciones el aumento del estrés oxidativo, daño en el ADN espermático, calor local al llevar el teléfono en el bolsillo o efectos de las radiofrecuencias sobre células testiculares. Pero el consenso científico sigue siendo prudente. La mayoría de estudios son observacionales y resulta muy difícil separar el efecto del móvil de otros factores, como sedentarismo, estrés, obesidad, falta de sueño o hábitos de vida poco saludables. En mujeres la evidencia es todavía mucho más débil y preliminar.

No hay, por tanto, pruebas sólidas de que los smartphones estén provocando infertilidad biológica, sí suficientes indicios.

Como sociedad, la cuestión que más inquieta es cómo ha alterado el móvil nuestra relación con el tiempo, el deseo y la intimidad. La humanidad pasó siglos intentando controlar la reproducción mediante religión, leyes, anticonceptivos o políticas públicas. Y ahora podría estar enfrentándose a una revolución tecnológica que altera la propia esencia de las relaciones humanas. Millones de personas siguen deslizando el dedo sobre una pantalla a altas horas de la noche. Hiperconectadas, permanentemente entretenidas y cada vez más solas.

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