Anatomía de una condena: por qué la Audiencia creyó a la denunciante y no a Rafa Mir

Los vídeos presentados por Mir para sostener su inocencia acabaron teniendo el efecto contrario al pretendido. El fallo reconstruye las pruebas e indicios que llevaron a condenar al futbolista a ocho años y medio de prisión

Los futbolistas Rafa Mir y Pablo Jara, en el juicio por agresión sexual celebrado este miércoles en Valencia
Los futbolistas Rafa Mir y Pablo Jara, en el juicio por agresión sexual celebrado este miércoles en Valencia
KiloyCuarto

¿Puede una persona ser condenada por agresión sexual sin una grabación de los hechos ni testigos directos? La respuesta es sí. Pero para ello los tribunales deben someter la declaración de la víctima a un examen especialmente riguroso. Es precisamente lo que hace la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia en la sentencia que condena al futbolista Rafa Mir a ocho años y medio de prisión por un delito de agresión sexual con acceso carnal y otro de lesiones.

La resolución no se limita a afirmar que cree a la denunciante. A lo largo de sus fundamentos, los magistrados explican por qué consideran acreditada su versión y por qué rechazan la tesis mantenida por el futbolista desde el inicio del procedimiento, que todo fue consentido y que la denuncia tuvo su origen en el enfado de la joven después de que él mantuviera relaciones sexuales con una amiga suya.

El futbolista Rafa Mir llega escoltado por la Guardia Civil al juzgado n. 8 de Llíria (Valencia)
El futbolista Rafa Mir llega escoltado por la Guardia Civil al juzgado n. 8 de Llíria (Valencia)
EFE

No existe animadversión

La primera cuestión que analiza la Audiencia es si existe algún motivo que pudiera llevar a la denunciante a formular una acusación falsa. Los jueces no lo encuentran. La defensa sostuvo durante el procedimiento que la joven se sintió molesta cuando comprobó que Mir estaba intimando con su amiga y que ese disgusto explicaría lo ocurrido después. Sin embargo, la Sala considera que esa hipótesis no encuentra respaldo suficiente en la prueba practicada y no resulta una explicación convincente para una denuncia de semejante gravedad.

A partir de ahí, el tribunal centra buena parte de su análisis en lo que ocurrió inmediatamente después de los hechos denunciados. Según la sentencia, la joven quiso abandonar la vivienda de forma precipitada, llamó a su padre para que fuera a recogerla y acabó sufriendo una fuerte crisis de ansiedad. Para los magistrados, estas reacciones tienen especial relevancia porque se producen cuando todavía no existe una denuncia formal ni un procedimiento judicial abierto. Es decir, se trata de comportamientos espontáneos que la Audiencia interpreta como compatibles con el relato de una agresión sexual y difíciles de conciliar con la versión de una relación plenamente consentida.

Por qué la víctima volvió a entrar en la vivienda

La resolución dedica especial atención a uno de los aspectos más discutidos durante la instrucción y el juicio: el hecho de que la denunciante regresara a la vivienda después de haber salido de ella. La defensa utilizó ese dato para cuestionar su relato. Si realmente había sufrido una agresión, argumentaba, carecería de lógica volver a entrar en el chalet. Los jueces, sin embargo, alcanzan una conclusión distinta. Consideran acreditado que la joven regresó únicamente porque había olvidado el bolso en el interior de la vivienda. Lejos de interpretar ese regreso como una prueba de consentimiento, entienden que fue precisamente entonces cuando se produjo la segunda agresión sexual en el baño de la casa.

Los vídeos de la defensa que corroboran la versión de las víctimas

Es en este punto donde aparece uno de los elementos más llamativos de toda la sentencia: los vídeos aportados por la propia defensa. Durante meses, estas grabaciones fueron presentadas como una prueba potencialmente favorable para Rafa Mir. Sin embargo, cuando la Audiencia las examina llega a una conclusión diametralmente opuesta. Los magistrados afirman apreciar en ellas un evidente estado de malestar emocional por parte de la denunciante y consideran que las imágenes resultan compatibles con la situación de angustia descrita por la joven. Lo que inicialmente parecía una herramienta destinada a reforzar la tesis exculpatoria acaba convirtiéndose en un elemento más de corroboración de la acusación.

Deducir testimonio a los policías locales de Bétera

Sin embargo, no toda la prueba apuntaba en la misma dirección. Durante el juicio, dos agentes de la Policía Local de Bétera declararon que la joven les había manifestado inicialmente que las relaciones habían sido consentidas y que el futbolista había detenido la situación cuando ella expresó su incomodidad. Aquellas declaraciones se convirtieron en uno de los principales argumentos de la defensa, que las presentó como una contradicción con el relato mantenido posteriormente por la denunciante.

Ese testimonio policial era, probablemente, uno de los elementos más favorables a Rafa Mir de toda la causa. No obstante, la Audiencia entiende que no basta para desmontar el resto de la prueba. Los magistrados otorgan mayor relevancia al conjunto de indicios que rodearon los hechos: la llamada desesperada al padre para que fuera a recogerla, el estado de ansiedad observado por distintos testigos, las lesiones apreciadas, la coherencia mantenida por la denunciante a lo largo de la investigación y los propios vídeos aportados por la defensa. La conclusión de la Sala es que el testimonio de los agentes no tiene suficiente fuerza para alterar la convicción alcanzada a partir de todos esos elementos analizados de manera conjunta.

Los futbolistas Rafa Mir y Pablo Jara durante el juicio por sendas agresiones sexuales
El futbolista Rafa Mir durante el juicio en la Ciudad de la Justicia de Valencia, donde junto a su compañero Pablo Jara. EFE/ Biel Aliño
EFE/ Biel Aliño

La misma versión

La Audiencia también otorga relevancia a la persistencia del relato de la denunciante. Según recoge la sentencia, la joven mantuvo sustancialmente la misma versión de los hechos desde las primeras declaraciones hasta el juicio oral. Los magistrados no aprecian contradicciones relevantes en los aspectos esenciales de su relato, circunstancia que refuerza su credibilidad. Para el tribunal, la versión ofrecida por la víctima supera los tres criterios que la jurisprudencia exige para otorgar valor probatorio a una declaración: ausencia de incredibilidad subjetiva, verosimilitud y persistencia en la incriminación.

Frente a ello, la Audiencia analiza la explicación ofrecida por los acusados y concluye que no encuentra apoyo suficiente en el conjunto de las pruebas. Rafa Mir sostuvo durante todo el procedimiento que las relaciones fueron consentidas y llegó a afirmar en el juicio que “todo lo que pasó fue consentido”. Sin embargo, los magistrados entienden que esa tesis no logra explicar adecuadamente la conducta posterior de la denunciante, su estado emocional, la llamada a su padre, la intención de abandonar la vivienda ni el resto de indicios examinados durante la vista.

No existe versión alternativa razonable

La contundencia de la sentencia queda reflejada en uno de sus párrafos más significativos, cuando afirma que las alegaciones defensivas carecen de un sustento fáctico suficiente y de una explicación lógica que permita asumirlas como una alternativa razonable a la versión de la víctima. Es probablemente la frase que mejor resume la convicción alcanzada por el tribunal tras semanas de juicio y meses de investigación.

El futbolista Rafa Mir a su llegada a la Ciudad de la Justicia de Valencia
El futbolista Rafa Mir a su llegada a la Ciudad de la Justicia de Valencia EFE/ Biel Alino
EFE/ Biel Alino

La condena a Rafa Mir no descansa sobre una única prueba definitiva. Tampoco sobre una grabación de los hechos. La Audiencia construye su convicción a partir de una suma de elementos: el comportamiento de la denunciante inmediatamente después de la agresión, la llamada a su padre, el estado de ansiedad observado por varios testigos, la coherencia de su relato a lo largo del procedimiento, la falta de un motivo creíble para una acusación falsa y, de forma especialmente llamativa, unos vídeos que la defensa aportó para exculpar al futbolista y que terminaron reforzando la credibilidad de la víctima.

Ese es, en realidad, el núcleo de la sentencia. Más que una decisión basada en una única prueba, la Audiencia concluye que todas las piezas encajan mejor con la existencia de una agresión sexual que con la hipótesis de una relación consentida. Y es esa conclusión la que explica una condena que, si acaba siendo confirmada por los tribunales superiores, llevará al futbolista a ingresar en prisión.

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