Hay una edad en la que la mayor preocupación debería ser aprobar un examen, quedar con los amigos o pensar en las vacaciones de verano. No aprender a convivir con el recuerdo del asesinato de tu madre. Sin embargo, eso es exactamente lo que le espera al hijo de Ana. La madrugada del sábado 27 de junio salió corriendo de su casa gritando que su padre estaba apuñalando a su madre. Todavía pensaba que alguien podía salvarla.
“Estábamos aquí cuatro o cinco chavales sentados cuando bajó el niño, como a la una y media de la mañana, diciendo: ‘Mi papá está apuñalando a mi mamá'”, relató un testigo a la Agencia EFE. Él y otros vecinos subieron inmediatamente a la vivienda para intentar ayudar, pero ya era demasiado tarde. «Fuimos para arriba y ya estaba la madre muerta», recordó.
El asesinato se produjo en plenas fiestas
Ana tenía 45 años. Era una mujer de nacionalidad colombiana que llevaba alrededor de un año viviendo de alquiler junto a su pareja y al hijo de ambos en una vivienda de la calle San Isidro Labrador, en el barrio de Los Alcores, en Mairena del Aljarafe (Sevilla).

El crimen ocurrió durante la madrugada del sábado 27 de junio, mientras el municipio celebraba sus fiestas patronales. A escasos metros del recinto ferial, donde todavía había vecinos disfrutando de la noche, un hombre asesinó a su pareja dentro de la vivienda familiar mientras el hijo de ambos presenciaba la escena.
Cuando los servicios sanitarios y la Guardia Civil llegaron al domicilio ya no pudieron hacer nada por salvar la vida de Ana. Después de asesinarla, el hombre se provocó heridas con el arma blanca. Fue localizado por los agentes y permanece ingresado bajo custodia policial.
No constaban denuncias previas por violencia de género ni la pareja figuraba en el sistema VioGén.
Tras el crimen, la Junta de Andalucía ha asumido de forma provisional la tutela del adolescente mientras avanza la investigación judicial. En apenas unos minutos un hombre asesinó a su madre delante de él. Perdió a la persona que lo había cuidado toda su vida y también el hogar que conocía.
Los hijos invisibles de la violencia machista
Cuando un hombre asesina a su pareja o expareja, la atención suele centrarse en la víctima mortal, el agresor y la investigación judicial. Sin embargo, detrás de cada feminicidio quedan también hijos e hijas cuya vida cambia para siempre. Algunos pierden a su madre sin haber presenciado el crimen. Otros, como el hijo de Ana, viven la violencia en primera persona, escuchan los gritos, intentan intervenir o salen a buscar ayuda con la esperanza de evitar el desenlace.
Desde 2015, la legislación española reconoce a estos menores como víctimas directas de la violencia de género. No son meros testigos. Han convivido con el miedo, las amenazas o el control y, en los casos más extremos, sobreviven al asesinato de sus madres.

Desde que la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género comenzó a contabilizar oficialmente a los menores huérfanos, en 2013, 522 niños, niñas y adolescentes han perdido a sus madres como consecuencia de la violencia machista. Solo en lo que va de 2026, 12 menores han quedado huérfanos. El hijo de Ana es el último rostro de una realidad que rara vez ocupa el centro del debate, pese a que cada feminicidio deja mucho más que una mujer asesinada.
Las organizaciones y profesionales que trabajan con estos menores recuerdan que el impacto del crimen no termina cuando concluye la investigación judicial. La pérdida de la madre, unida a que el responsable suele ser el padre o la pareja de ella, provoca una ruptura emocional y familiar de enorme complejidad que requiere atención especializada durante años.
Vivir después del feminicidio
Los especialistas advierten de que presenciar un asesinato o crecer en un contexto de violencia machista puede dejar secuelas psicológicas muy profundas. Estrés postraumático, ansiedad, depresión, trastornos del sueño, sentimientos de culpa o dificultades para establecer relaciones afectivas seguras son algunas de las consecuencias más frecuentes.
A ese trauma se suma un duelo especialmente complejo. No solo pierden a su madre. En los asesinatos machistas, quien mata a la madre es su padre o la pareja de ella. De un día para otro desaparecen los referentes familiares, cambia el hogar, llegan los procedimientos judiciales y comienza una nueva vida marcada por la ausencia.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

