La explotación sexual se esconde tras puertas cerradas

Barcelona se adentra en la cara oculta de la prostitución: más pisos clandestinos, servicios ‘low cost’ y víctimas atrapadas por el miedo

Barcelona se adentra en la cara oculta de la prostitución: más pisos clandestinos, servicios ‘low cost’ y víctimas atrapadas por el miedo
Casi 2.000 víctimas de trata y explotación
KiloyCuarto

La prostitución ha desaparecido en gran medida de las calles de Barcelona, pero eso no significa que haya disminuido. Más bien al contrario. Lo que antes era visible se ha trasladado a espacios cerrados, lejos de las miradas de vecinos, policías y servicios sociales. Detrás de las puertas de numerosos pisos repartidos por la ciudad y su área metropolitana se desarrolla una realidad cada vez más difícil de detectar: la explotación sexual de mujeres en condiciones de extrema vulnerabilidad.

Los Mossos d’Esquadra llevan tiempo alertando de un fenómeno que no deja de crecer. La proliferación de pisos utilizados como prostíbulos clandestinos y el auge de la prostitución de bajo coste están configurando un escenario que preocupa a los investigadores especializados en trata de seres humanos. A ello se suma un elemento que dificulta enormemente cualquier actuación policial: el silencio de las víctimas.

La preocupación no es únicamente policial, también empieza a sentirse en muchos barrios, donde los vecinos son, en numerosas ocasiones, los primeros en detectar que algo extraño ocurre tras las paredes de un edificio aparentemente normal.

Del escaparate a la clandestinidad

La pandemia marcó un antes y un después. Las restricciones sanitarias obligaron a transformar buena parte del negocio de la prostitución y muchas redes encontraron en los pisos particulares una fórmula discreta para mantener la actividad. Lo que comenzó como una adaptación temporal acabó convirtiéndose en una nueva forma de operar. La prostitución abandonó parte de los locales visibles y se refugió en viviendas alquiladas o pequeños establecimientos que esconden su verdadera actividad.

Albert Palacio, portavoz de USPAC Mossos, explica que detectar estos espacios resulta especialmente complejo porque rara vez existen denuncias directas. En la mayoría de ocasiones las investigaciones comienzan gracias a pequeños indicios. “Es por identificaciones de la zona o porque alguien sale de un edificio y, a partir de allí, se empieza a rascar un poco lo que puede haber. También ayudan los testimonios de vecinos o incluso llamadas de personas que creen que en uno de los pisos se ejerce la prostitución y que las mujeres pueden encontrarse en una situación precaria”, señala.

Uno de los casos más recientes salió a la luz precisamente gracias a una queja vecinal por malos olores. Lo que parecía un problema de convivencia acabó destapando un local donde varias mujeres eran explotadas sexualmente en condiciones insalubres.

La aparición de la prostitución ‘low cost’

A la expansión de estos pisos se suma otro fenómeno que los investigadores observan con preocupación: La prostitución ‘low cost’. Los Mossos han detectado un incremento de servicios sexuales cada vez más baratos y rápidos, diseñados para atraer a clientes con menos recursos económicos. La lógica es simple: más volumen de clientes, menos tiempo por servicio y una mayor presión sobre las mujeres explotadas.

prostitución

El subinspector Luis Moreno, uno de los mayores especialistas en Cataluña en la lucha contra la trata con fines de explotación sexual, advierte de que este modelo está modificando el mercado. Según explica, algunos encuentros apenas duran unos minutos y responden a una dinámica puramente comercial que degrada todavía más las condiciones de las víctimas. Detrás de estos precios reducidos se esconden jornadas interminables, condiciones de vida precarias y una pérdida total de autonomía por parte de muchas mujeres que, en numerosos casos, han llegado a España engañadas o arrastradas por situaciones de necesidad extrema.

El miedo que protege a las mafias

Si hay una palabra que se repite constantemente entre los investigadores es “miedo”. Miedo a denunciar. Miedo a hablar. Miedo a señalar a quienes controlan estos negocios. Ese temor se ha convertido en uno de los principales aliados de las organizaciones criminales. “Las dificultades son el silencio. El silencio de las propias chicas es muy difícil para investigar. Nunca sabrás quién está realmente detrás de estas mafias de prostitución”, explica Palacio.

Los agentes se encuentran con una barrera difícil de romper. Muchas víctimas desconfían de las instituciones, desconocen sus derechos o temen que cualquier colaboración con la policía termine empeorando su situación. “Es muy difícil que alguien delate a estas organizaciones por miedo. Ya no solo las chicas explotadas sexualmente, sino también quien dirige el piso donde se realiza la prostitución puede estar amenazado con repercusiones para su familia en su país o incluso aquí”, añade.  La consecuencia es que muchas investigaciones terminan encontrándose con un muro de silencio que impide llegar hasta los responsables de las redes criminales.

Las condiciones que encuentran los agentes

Cuando los Mossos logran acceder a uno de estos inmuebles, la realidad suele ser mucho más dura de lo que aparenta desde el exterior. Las mujeres viven a menudo hacinadas, con escasa higiene, problemas sanitarios y una situación administrativa irregular que incrementa su dependencia de quienes las explotan. “Los indicios aparecen cuando consigues localizar uno de estos pisos. Ves las condiciones en las que están las mujeres, tanto físicas como sanitarias. Puedes encontrar prácticamente cualquier cosa”, explica Palacio.

Muchas de ellas ni siquiera dominan el idioma, lo que dificulta todavía más cualquier intento de pedir ayuda o explicar su situación. Los investigadores sostienen que, en numerosos casos, la vulnerabilidad es tan profunda que las víctimas llegan a normalizar circunstancias que, vistas desde fuera, resultan claramente inaceptables.

Un problema que también afecta a los barrios

La explotación sexual clandestina no solo tiene consecuencias para las víctimas. También altera la vida cotidiana de los barrios donde se instala. Según los Mossos, la prostitución suele ir acompañada de otros fenómenos asociados a la marginalidad y a la delincuencia. “Normalmente la prostitución está relacionada con el alcoholismo y las drogas. Donde aparece este fenómeno también vemos peleas, broncas y, en muchas ocasiones, venta de droga en los mismos establecimientos donde se ejerce la prostitución”, explica el portavoz sindical.

Son precisamente estos conflictos los que acaban despertando las sospechas de los vecinos. Ruidos constantes, entradas y salidas a cualquier hora, discusiones o movimientos extraños terminan generando avisos que, en algunos casos, permiten iniciar investigaciones. Actualmente, las zonas donde más se está detectando este fenómeno son el casco antiguo de Barcelona y municipios del área metropolitana como L’Hospitalet, territorios donde históricamente ya existía una fuerte presencia de prostitución en la vía pública antes de que gran parte de la actividad se desplazara a los pisos.

La clave: que las víctimas pierdan el miedo

Los especialistas coinciden en que ninguna estrategia policial será suficiente si las víctimas continúan sintiéndose solas o amenazadas. Por ello, uno de los primeros pasos cuando se localiza un posible caso de explotación es activar mecanismos de protección y acompañamiento. “Lo primero es que colaboren con el Grupo de Atención a la Víctima de Mossos. Después se les ofrece asistencia social y se les intenta transmitir tranquilidad. Deben entender que no están haciendo nada malo ni cometiendo ningún delito. Estamos para ayudarlas y para que puedan tener una vida mejor”, afirma Palacio.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.