Las mujeres migrantes sostienen buena parte de los trabajos de cuidados mientras afrontan importantes barreras para acceder a derechos básicos. Esta es una de las principales conclusiones del informe El cuidado comunitario en las políticas locales, elaborado por la Red de Migración, Género y Desarrollo, la Asociación Floras en Acción, la Red Antirracista de Tarragona, Diverses 8M Girona y la Asociación de Mujeres Migrantes Subsaharianas (ADIS), con la participación de 150 mujeres y activistas de Barcelona, Mataró, Tarragona, Granollers-Canovelles y Girona.
El diagnóstico, fruto de un proceso de diálogo desarrollado durante 2025, analiza cómo el racismo estructural, la precariedad y las violencias institucionales condicionan la vida cotidiana de las mujeres migrantes y plantea una transformación profunda de las políticas locales desde una perspectiva feminista descolonial y antirracista.

¿Qué es el cuidado comunitario?
El informe parte de una idea central: los cuidados no pueden seguir reduciéndose a la atención de personas mayores, dependientes o menores, ni continuar siendo una responsabilidad que recae casi exclusivamente sobre las mujeres. Las autoras defienden un cambio de paradigma y proponen el concepto de cuidado comunitario, entendido como una forma colectiva de sostener la vida y garantizar el bienestar de toda la comunidad.
Desde esta perspectiva, cuidar no significa únicamente atender a quien necesita apoyo, sino también garantizar derechos básicos como la vivienda, la salud, la educación, la alimentación, el trabajo digno, la participación política, la convivencia y una vida libre de violencias. Todos estos elementos son considerados bienes comunes que deben protegerse colectivamente y cuya garantía corresponde también a las administraciones públicas.
Una mirada feminista descolonial
El estudio cuestiona el modelo tradicional de bienestar por considerarlo individualista, eurocéntrico y patriarcal. Las entidades impulsoras sostienen que las políticas públicas han invisibilizado durante décadas el trabajo de cuidados realizado mayoritariamente por mujeres, especialmente migrantes, sin cuestionar las desigualdades que generan el racismo, el colonialismo o el capitalismo.
Como alternativa, reivindican recuperar formas comunitarias de organización presentes en diferentes culturas, donde el bienestar individual depende del bienestar colectivo y del vínculo con el territorio. El cuidado comunitario se fundamenta en principios como la corresponsabilidad, la reciprocidad, la interdependencia, la participación, la equidad, la justicia social, la sostenibilidad y el reconocimiento de los saberes de las propias comunidades.
El informe también incorpora el concepto indígena del Buen Vivir (Sumak Kawsay), que propone situar la dignidad de la vida, la comunidad y el equilibrio con la naturaleza por encima del crecimiento económico y del consumo.

Cuidado y antirracismo
El documento establece una relación directa entre el cuidado comunitario y el antirracismo. Según las autoras, el racismo no puede entenderse únicamente como una suma de prejuicios individuales, sino como una estructura heredada del colonialismo que continúa generando desigualdades en el acceso a derechos fundamentales.
Por ello, consideran que cualquier política de cuidados debe incorporar una perspectiva antirracista capaz de combatir la discriminación institucional y las barreras que afectan especialmente a las personas migrantes y racializadas en ámbitos como la vivienda, la educación, el empleo, la salud o el acceso a los servicios públicos.
Las realidades de cinco ciudades catalanas
El diagnóstico incorpora las experiencias recogidas en Barcelona, Girona, Granollers-Canovelles, Mataró y Tarragona.
En Barcelona, las participantes denuncian las dificultades para acceder a una vivienda, la invisibilidad administrativa de muchas personas migrantes y el miedo a acudir a los servicios sociales por experiencias previas de discriminación. Mataró pone el foco en los obstáculos para empadronarse cuando no se dispone de un domicilio fijo, una situación que limita el acceso a numerosos derechos.
Girona reclama proteger los bienes comunes y reforzar la participación comunitaria como respuesta a las desigualdades. Granollers-Canovelles reivindica el reconocimiento de las vidas negras y de su contribución al sostenimiento cotidiano de los cuidados. Tarragona, las participantes defienden el cuidado comunitario como una herramienta para fortalecer la cohesión social y combatir el racismo desde la acción colectiva.
Las propuestas del informe
A partir de este diagnóstico, las entidades impulsoras reclaman un cambio profundo en las políticas públicas locales. Consideran necesario superar un modelo centrado en la asistencia para avanzar hacia políticas construidas junto a las comunidades, donde las mujeres migrantes y racializadas dejen de ser únicamente receptoras de servicios y pasen a participar en el diseño, la toma de decisiones y la construcción de las políticas públicas.
Entre las principales propuestas destacan garantizar el acceso universal al padrón, asegurar vivienda digna, reforzar las redes de apoyo mutuo, reconocer los saberes comunitarios, combatir el racismo institucional, dotar de financiación estable a los proyectos comunitarios y garantizar derechos como la salud, la educación, el trabajo digno y la participación política como pilares de un verdadero sistema de cuidados comunitarios.
Para las autoras, cuidar no consiste únicamente en atender a las personas en situación de dependencia, sino en construir comunidades donde todas las personas puedan desarrollar una vida digna, libre de violencias y con acceso efectivo a los bienes comunes. Ese es el cambio de modelo que el informe propone situar en el centro de las políticas locales.
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