El Papa León XIV advierte a los escritores: “La verdad no es un territorio que defender, sino un bien que compartir”

León XIV reivindica la literatura como una escuela de empatía y pide a los escritores compartir la verdad sin convertirla en una frontera

MADRID, 06/06/2026.- El papa León XIV pronuncia un discurso en el Salón de las Columnas durante el acto de bienvenida oficial al Sumo Pontífice que tiene lugar este sábado en el Palacio Real. EFE/J.J. Guillén POOL
León XIV pronuncia un discurso en el Salón de las Columnas.
EFE/J.J. Guillén POOL

El Papa León XIV ha pedido a los escritores que no conviertan la verdad en una propiedad privada, una frontera ideológica o un instrumento con el que imponerse sobre los demás. Durante un encuentro con autores procedentes de distintos países, el Pontífice defendió la literatura como una forma de revelación capaz de ampliar la mirada y abrir espacios de libertad.

“La verdad no es un territorio que hay que defender, sino un bien que hay que compartir”, afirmó ante los asistentes reunidos con motivo del centenario de la Librería Editora Vaticana, fundada en 1926 como editorial de la Santa Sede.

La frase contiene una advertencia dirigida a quienes escriben, pero también a una sociedad cada vez más dividida en comunidades que presentan sus propias certezas como posiciones que deben protegerse del adversario.

Para León XIV, nadie posee por completo la verdad. Es la verdad, sostuvo, la que termina conquistando a quien se acerca a ella mediante la reflexión, el diálogo y la voluntad de escuchar.

Escribir como un acto de verdad y desvelamiento

El Papa comenzó su intervención reivindicando la importancia del libro y de la escritura como expresiones esenciales de la experiencia humana. “Escribir dice quiénes somos, aquello en lo que creemos y esperamos, el mundo al que tendemos, el futuro que soñamos”, señaló.

La literatura no se limita, por tanto, a contar historias o construir mundos imaginarios. Cada obra deja una huella de las convicciones, los temores y los deseos de quien la escribe, incluso cuando el autor intenta ocultarse detrás de sus personajes.

El Papa León XIV definió la escritura como “un acto de verdad, de revelación”. No se refería a una verdad cerrada, presentada como una doctrina indiscutible, sino a aquella que aparece poco a poco cuando una persona se atreve a observarse y a confrontar su visión con la de los demás.

“Nunca somos dueños de la verdad; es ella, más bien, la que nos conquista”, afirmó. Por eso deseó que los autores fueran capaces de despertar en sus lectores la atracción por la verdad precisamente porque ellos mismos se sienten llamados por ella.

La literatura permite vivir muchas vidas

León XIV dedicó una parte central de su discurso a la capacidad de la literatura para sacar al lector de su propia experiencia. Leer permite observar el mundo a través de otros ojos, comprender sentimientos ajenos y descubrir perspectivas que no coinciden con la propia.

El Pontífice recuperó una reflexión de Francisco sobre el valor formativo de los textos literarios. La imaginación, recordó, permite identificarse con la condición, el punto de vista y las emociones de otras personas.

Sin esa capacidad empática resultan imposibles la solidaridad, la compasión y la misericordia. Una sociedad incapaz de imaginar el dolor o las razones del otro termina encerrada en certezas cada vez más rígidas.

“Quien lee, en cierto sentido, vive muchas vidas además de la propia”, explicó León XIV. Cada personaje ofrece una forma distinta de mirar el miedo, la pérdida, el amor, la justicia o la libertad.

El lector no tiene que compartir todas esas decisiones, pero sí acompañarlas durante algunas páginas. Esa experiencia impide presentar la propia visión del mundo como la única legítima.

Una verdad compuesta como un mosaico

La comparación elegida por el Papa fue la de un mosaico. Ninguna mirada aislada contiene por sí sola la imagen completa, pero cada pieza puede contribuir a formar el perfil de una verdad que siempre supera a quien intenta definirla.

La literatura amplía ese mosaico al incorporar historias que habían permanecido en silencio, personajes apartados y preguntas que las instituciones o las mayorías preferirían no escuchar.

De ahí que la frase sobre la verdad tenga también una dimensión política y cultural. Defender una verdad como si fuera un territorio puede implicar levantar fronteras, excluir voces y considerar cualquier discrepancia como una amenaza.

Compartirla exige una actitud diferente: aceptar que el diálogo puede corregir, ampliar o incluso desmontar nuestras certezas.

Los escritores ocupan un lugar privilegiado en ese proceso porque pueden mostrar la complejidad sin necesidad de reducirla inmediatamente a una conclusión. Una novela permite que varias verdades parciales convivan, se contradigan y permanezcan abiertas.

La escritura y las grandes preguntas de la vida

El Papa León XIV fue más allá y afirmó que escribir “tiene que ver con Dios”. Reconoció que la expresión podía resultar arriesgada, pero recordó que la revelación bíblica se construye precisamente a través de relatos, encuentros y vidas concretas.

El Dios de la Biblia no aparece únicamente mediante formulaciones abstractas. Se manifiesta en liberaciones, nacimientos, pérdidas, promesas, traiciones y actos de misericordia.

León XIV citó al cardenal Timothy Radcliffe para recordar que, desde la perspectiva cristiana, ninguna experiencia humana resulta ajena a Cristo. Preguntarse cómo amar, ser justo, afrontar el sufrimiento o aceptar la muerte también puede convertirse en una búsqueda espiritual.

“Cuando llegamos al fondo de nuestra humanidad, no estamos lejos de Dios”, aseguró el Papa. La literatura participa de esa búsqueda cuando se atreve a penetrar en las contradicciones de una vida sin esconder su fragilidad.

“Tenemos necesidad de vosotros”

El discurso concluyó con una petición directa a los autores. León XIV recuperó unas palabras que Pablo VI dirigió a los artistas en 1964: “Tenemos necesidad de vosotros”.

La Iglesia y el mundo, afirmó, necesitan la imaginación, la fantasía narrativa y la vitalidad intelectual de quienes escriben. Necesitan relatos capaces de crear “espacios de libertad y autenticidad” en una época dominada por el ruido, la simplificación y el enfrentamiento.

El Papa agradeció especialmente a quienes han utilizado su trabajo para sembrar “reconciliación, encuentro y amistad”. No pidió a los escritores que evitaran el conflicto ni que produjeran obras complacientes, sino que conservaran la capacidad de mostrar la humanidad incluso en medio de sus fracturas.

La advertencia del Papa León XIV no consiste en renunciar a la verdad, sino en dejar de utilizarla como una fortaleza. Para el Pontífice, escribir significa buscarla, compartirla y aceptar que ninguna persona puede encerrarla por completo dentro de sus propias fronteras.

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