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La polémica “Jarana” de Netflix en Sevilla: Rosalía, lonas negras y un debate sobre el espacio público

La aparición sorpresa de Rosalía en un evento promocional de Netflix para la serie 'Berlín' ha generado intensa polémica en Sevilla, donde vecinos y usuarios de redes sociales han criticado la "privatización" del Guadalquivir y la instalación de lonas negras para bloquear la vista del espectáculo

Rosalía actuando en "La Jarana", evento promocional de la serie 'Berlín' de Netflix en Sevilla
Rosalía actuando en "La Jarana", evento promocional de la serie 'Berlín' de Netflix en Sevilla
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Netflix convirtió el río Guadalquivir de Sevilla en escenario el sábado por la noche con “La Jarana”, un espectáculo promocional diseñado para presentar la segunda temporada de Berlín, el spin-off de La casa de papel. El evento, que prometía una aparición de la artista internacional Rosalía, no tardó en abrir un debate sobre el uso de los espacios públicos para grandes actos comerciales y sobre el modelo de ciudad que se proyecta al exterior.

La polémica se centró en las medidas adoptadas para garantizar la exclusividad del espectáculo. La organización instaló lonas negras y vallas en varios puntos del Puente de San Telmo y de las orillas del Guadalquivir, restringiendo la visibilidad del evento a los cerca de 1.000 asistentes con entrada —que habían reservado sus pases gratuitos en apenas diez minutos— y a los invitados situados en embarcaciones.

La decisión bloqueó una de las vistas más reconocibles de Sevilla hacia el barrio de Triana y provocó una reacción inmediata entre vecinos y usuarios de redes sociales, que criticaron la sensación de “blindaje” de un espacio público para un acto comercial privado. Algunos mensajes lamentaron que la ciudad quedara parcialmente cerrada al uso común para servir una campaña de marketing, mientras otros comparaban la escena con una división entre quienes estaban dentro y fuera del perímetro del evento.

La tensión aumentó cuando numerosos curiosos y fans se concentraron en el puente y en las calles cercanas. En medio del malestar, algunas personas arrancaron parte de las lonas negras para intentar ver el escenario. Ante la presión del público, la organización terminó retirando algunos de los elementos que impedían la visión, permitiendo que la multitud congregada pudiera observar parte del espectáculo desde el exterior.

Pese a los días de preparación, cortes de tráfico y despliegue logístico, la actuación de Rosalía fue llamativamente breve: duró menos de diez minutos y consistió en solo dos canciones. La artista, sin embargo, fue el principal reclamo de un evento concebido para proyectar la serie a escala internacional.

El alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, se disculpó por las molestias ocasionadas, pero defendió el impacto del acto como una “promoción absolutamente impagable” para la ciudad. Según el Ayuntamiento, la visibilidad mundial de la acción —con alcance potencial de 190 países— supone una exposición que el presupuesto municipal difícilmente podría asumir, en línea con otros eventos de alto impacto celebrados en Sevilla, como los Latin Grammy o los Premios Goya.

Sin embargo, muchos sevillanos siguen sin compartir esa lectura. El debate continúa abierto en torno a si el retorno económico y promocional justifica los cortes, el ruido, las restricciones y la sensación de que determinados espacios públicos quedan temporalmente subordinados a intereses privados.

Más allá de la presencia de Rosalía o del impacto mediático de Netflix, “La Jarana” ha puesto sobre la mesa una tensión cada vez más visible: Sevilla funciona con creciente frecuencia como escenario global, pero esa proyección internacional convive con el malestar de quienes sienten que la ciudad se transforma, aunque sea por unas horas, en un decorado al que sus propios habitantes acceden desde fuera.

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