Arte

Leonora Carrington: el cuadro pintado en un sanatorio de Santander que sale por primera vez a la luz

'Villa Pilar', una pintura realizada por la artista durante su internamiento en 1940, se mostrará por primera vez al público en la Casa Museo Freud de Londres antes de viajar a la ciudad donde fue creada

El cuadro 'Villa Pilar' (1940) de Leonora Carrington
Leonora Carrington, 'Villa Pilar' (1940).
Faro Santander

Villa Pilar permaneció durante décadas en manos de la familia del psiquiatra que trató a Leonora Carrington en Santander. La pintora lo había realizado en 1940, durante su internamiento en el Sanatorio Morales, y se lo regaló al doctor Luis Morales antes de abandonar España. Este verano, el cuadro se mostrará por primera vez al público en la Casa Museo Freud de Londres, dentro de la exposición Leonora Carrington: The Symptomatic Surreal.

El lugar no parece casual. La muestra se celebra en la última casa de Sigmund Freud, después de su huida de la Viena ocupada por los nazis. Allí llegará ahora una obra nacida también de una experiencia de desplazamiento, guerra y encierro. Tras su paso por Londres, la exposición viajará en septiembre a Faro Santander, devolviendo Villa Pilar a la ciudad donde fue pintada.

La historia del cuadro está ligada a uno de los episodios más duros de la vida de Carrington. A finales de los años treinta, la artista vivía en Saint-Martin-d’Ardèche, en el sur de Francia, junto a Max Ernst. La invasión alemana rompió aquella vida. Ernst fue detenido como “extranjero enemigo” e internado en el campo de Les Milles. Carrington, sola y desbordada, huyó a España. En Madrid sufrió una crisis nerviosa y fue ingresada en el Sanatorio Morales, en Santander.

En aquel centro fue sometida a tratamientos que ella recordaría después como una experiencia cercana a la muerte. En Memorias de abajo, Carrington relató el uso de Cardiazol, un fármaco empleado para provocar convulsiones, y convirtió aquel episodio en uno de los núcleos más dolorosos de su escritura autobiográfica.

En ese contexto, la figura del doctor Luis Morales resulta ambigua. Fue parte de la institución que la retenía, pero también la animó a dibujar y pintar a diario. Durante su estancia, Carrington produjo dos obras importantes: Abajo y Villa Pilar. La primera era conocida desde hacía tiempo. La segunda había permanecido oculta en una colección particular hasta ahora.

Durante años, aquellos nombres parecían pertenecer a una cartografía mental: lugares inventados para ordenar el miedo, el encierro y la pérdida de control. La investigación reciente permite leerlos también de otra manera. Abajo y Villa Pilar fueron espacios reales del sanatorio. Carrington no estaba pintando un paisaje interior, sino el lugar exacto donde ese paisaje se había formado.

El cuadro guarda una relación directa con Abajo. En ambos aparece el hospital psiquiátrico transformado en un territorio extraño, con una atmósfera de inframundo y figuras híbridas entre lo humano y lo animal. Esa fusión entre cuerpos, especies y estados de conciencia sería después una de las marcas más reconocibles de su obra en México.

Leonora Carrington en su estudio, Mexico, 1956. Fotografía de Kati Horna
Leonora Carrington en su estudio de México, 1956, fotografiada por Kati Horna

La comisaria Vanessa Bosi ha señalado que Villa Pilar, con su cielo verde y su imaginería de metamorfosis, habla de transformación interna, otredad y tránsito. Vista desde hoy, la pintura parece contener muchas de las obsesiones que acompañarían a Carrington durante el resto de su vida: la mutación, los seres liminales, la desconfianza hacia las jerarquías racionales y la necesidad de convertir la experiencia traumática en imagen.

El redescubrimiento se produjo durante la investigación de la exposición, con la colaboración del equipo de Faro Santander. La familia Morales conservaba la obra desde que Carrington se la entregó al médico como regalo de despedida, tras su salida del sanatorio en 1940. Su aparición añade una pieza importante a la comprensión de aquel periodo, tantas veces leído a partir de Memorias de abajo y de la obra ya conocida.

También matiza la relación entre Carrington y el doctor Morales. Joanna Moorhead, prima y biógrafa de la artista, ha recordado que, hacia el final de su vida, el psiquiatra llegó a pensar que Carrington nunca había estado “loca”. Esa revisión dialoga con la forma en que décadas después se han cuestionado muchos diagnósticos aplicados a mujeres que no encajaban en las normas sociales, familiares o médicas de su tiempo.

Después de Santander, Carrington pasó por Lisboa y Nueva York antes de instalarse en México, donde encontró un entorno decisivo para su obra junto a otras creadoras exiliadas como Remedios Varo y Kati Horna. Allí desarrolló una de las trayectorias más singulares del surrealismo, lejos de la etiqueta de musa que durante tanto tiempo se impuso a las mujeres del movimiento.

Su reconocimiento no ha dejado de crecer en los últimos años. Carrington, fallecida en 2011 a los 94 años, es hoy una de las artistas más revisadas del siglo XX. En 2024, una de sus pinturas alcanzó los 22,5 millones de libras en subasta, récord para una artista nacida en el Reino Unido.

Pero Villa Pilar no interesa solo por su valor de mercado ni por su condición de hallazgo. Interesa porque devuelve una imagen a uno de los momentos más vulnerables de Carrington. Un momento de encierro, miedo y tratamiento psiquiátrico violento del que ella logró extraer una lengua visual propia.

Tras Londres, la exposición viajará en septiembre a Faro Santander. Villa Pilar volverá entonces a la ciudad donde fue pintada, ya no como una pieza privada guardada por la familia del médico, sino como un documento incómodo de uno de los episodios que marcaron la imaginación de Leonora Carrington.

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