Viajar para descubrir un vino tiene desde hace años un nombre propio. También es habitual organizar una escapada alrededor de restaurantes, productos locales o mercados. Ahora, la cerveza busca hacerse un hueco en ese mapa del turismo gastronómico con un concepto todavía desconocido para muchos viajeros: el zitoturismo, una manera de recorrer un territorio siguiendo el camino que lleva desde el campo y las materias primas hasta la cerveza que termina servida en una mesa.
El término procede de zythos, palabra utilizada en la Antigua Grecia para referirse a una bebida elaborada a partir de cereal fermentado. Bajo este nuevo nombre se agrupan experiencias que, en realidad, llevan tiempo formando parte de la oferta turística española: visitas a centros de elaboración y museos, recorridos por cervecerías, catas, maridajes, festivales, talleres o rutas vinculadas a los ingredientes de la cerveza.
Por tanto, el zitoturismo no consiste simplemente en viajar para beber cerveza. Su planteamiento es conocer cómo se produce, descubrir sus variedades, entender de dónde proceden sus ingredientes y explorar la gastronomía, la cultura y el paisaje relacionados con cada elaboración.

De la cerveza al turismo gastronómico
España reúne unas condiciones especialmente favorables para impulsar este tipo de viajes. El país combina una de las industrias turísticas más importantes del mundo con una extensa cultura hostelera y gastronómica y un potente sector cervecero. En 2025 se produjeron 41,5 millones de hectolitros, lo que situó a España como el segundo productor de cerveza de la Unión Europea, únicamente por detrás de Alemania. Además, existen más de 250 centros de elaboración repartidos por el territorio.
La conexión con los visitantes ya es considerable. La cerveza está asociada a más de 5.200 millones de euros de gasto turístico y alrededor del 30% de la consumida en España corresponde a turistas. Durante 2025, además, su consumo por parte de visitantes en establecimientos hosteleros aumentó un 4,1%.
El zitoturismo pretende llevar esa relación más allá de la barra. Una escapada puede comenzar en un cultivo, continuar en un centro de elaboración, incluir una cata o un maridaje y terminar descubriendo la gastronomía de una comarca. El propio concepto encaja dentro del turismo gastronómico, que engloba los desplazamientos motivados por conocer la cocina de una región, realizar catas o participar en rutas relacionadas con alimentos y bebidas.

León, el viaje hasta el origen del lúpulo
Uno de los mejores ejemplos españoles se encuentra en León, donde el lúpulo permite conectar cerveza, agricultura y turismo rural. Castilla y León concentra alrededor del 90% de la producción nacional de este ingrediente, mientras que sus campos marcan la actividad económica de 33 localidades leonesas y un entorno de más de 15.000 habitantes.
La relación viene de lejos. En la Catedral de León pueden encontrarse flores de lúpulo talladas en el friso ornamental de la capilla del apóstol Santiago, datado en el siglo XV. En la actualidad, la ribera alta del río Órbigo constituye prácticamente la única zona española donde se cultiva esta planta.
El ingrediente, además, tiene una historia mucho más antigua que la experiencia turística que ahora inspira. Las primeras pruebas documentales que relacionan directamente el lúpulo con la elaboración cervecera se remontan al año 868, en la abadía de Lobbes, en Bélgica. Sus propiedades antisépticas favorecieron su incorporación a la producción de cerveza y, con el paso de los siglos, su utilización se extendió por Europa. En 1516, el duque Guillermo IV de Baviera lo incluyó en la conocida Ley de Pureza, junto al cereal y el agua.

Viajar siguiendo los ingredientes
Esa mirada hacia el origen es precisamente una de las claves del zitoturismo. Más del 90% de las materias primas utilizadas por el sector cervecero español procede, en condiciones normales, del campo nacional, por lo que seguir el recorrido de una cerveza significa también acercarse a agricultores, cultivos y municipios rurales.
La dimensión económica tampoco es menor. El sector cervecero representa, según los datos facilitados, el 1,3% del PIB nacional, genera más de 540.000 empleos y aporta aproximadamente el 2,6% de la recaudación pública. Así, detrás de una bebida asociada habitualmente al ocio aparece una cadena que conecta agricultura, industria, hostelería y turismo.
El concepto intenta hacerse un espacio propio dentro de una tendencia más amplia: viajar buscando experiencias gastronómicas vinculadas al lugar que se visita. España recibió 96,8 millones de turistas internacionales en 2025, que realizaron un gasto de 134.712 millones de euros. En ese escenario, el zitoturismo propone cambiar ligeramente la perspectiva: que la cerveza deje de ser únicamente algo que el viajero encuentra cuando llega a su destino y pueda convertirse, precisamente, en una razón para elegirlo.

