Claudia Osorio (23 años), soldado del Ejército del Aire: “Te tiene que gustar, tienes que tener mucha fortaleza mental”

Claudia Osorio lleva tres años en el Ejército y explica cómo la vocación y la fortaleza mental ayudan a asumir la vida lejos de casa

Claudia Osorio - Defensa
Captura de la entrevista realizada a Claudia Osorio.
YouTube/Mundo Deportivo

Tenía poco más de veinte años cuando tomó una decisión que iba a condicionar buena parte de su vida cotidiana. Claudia Osorio tiene ahora 23 años, lleva tres dentro de las Fuerzas Armadas y forma parte del Ejército del Aire y del Espacio. Cuando intenta explicar qué hace falta para asumir una profesión que puede obligarte a pasar largos periodos lejos de casa, utiliza dos conceptos muy concretos: vocación y fortaleza mental.

“Te tiene que gustar, tienes que tener mucha fortaleza mental en este aspecto y ser consciente de que vas a pasar tiempo fuera de casa”, explica en una entrevista concedida a Mundo Deportivo durante las jornadas de puertas abiertas celebradas en el acuartelamiento del Bruch, en Barcelona.

Su reflexión resume una realidad menos visible de la profesión militar. Más allá del uniforme, la preparación física o las funciones operativas, la vida dentro de las Fuerzas Armadas implica aceptar ausencias, cambios de destino y periodos alejados del entorno familiar.

Claudia Osorio entró por vocación

La elección de Claudia Osorio no nació de una decisión improvisada. El mundo militar ya formaba parte de su entorno y despertaba su interés antes de incorporarse.

“Principalmente por vocación personal, porque a mí el mundo de las Fuerzas Armadas en general me gusta mucho en todos los ámbitos”, explica. No tenía inicialmente una única rama como objetivo. Ejército de Tierra, Armada o Ejército del Aire y del Espacio compartían para ella un atractivo similar.

Finalmente eligió el componente aéreo. “Es muy amplio y muy extenso y me gustaban todas las ramas, así que decidí optar por el Ejército del Aire y del Espacio. Llevo tres años ya”, señala.

A sus 23 años, esa elección supone que prácticamente toda su primera etapa adulta ha estado vinculada ya a la vida militar.

Una familia acostumbrada al uniforme

El paso tampoco resultó completamente extraño dentro de su casa. Claudia Osorio procede de una familia vinculada tanto a las Fuerzas Armadas como a la Guardia Civil, una circunstancia que facilitó que su decisión fuera entendida desde el principio.

“Tengo familia militar y también tengo familia Guardia Civil, que al final también es un cuerpo militar”, recuerda.

La reacción, sin embargo, no fue exactamente igual para todos. Su padre y sus tíos recibieron la noticia con orgullo. Su madre mostró algo más de inquietud.

“No les desagradó la idea. Mi madre un poco porque es un poco más miedosa, pero bueno, mi padre muy orgulloso, mis tíos también”, explica.

La anécdota refleja una de las contradicciones habituales alrededor de las profesiones militares: el orgullo familiar convive inevitablemente con la preocupación por las ausencias y los riesgos asociados al servicio.

“Tienes que tener mucha fortaleza mental”

Cuando le preguntan precisamente por esos periodos lejos de la familia, Claudia Osorio regresa al concepto de vocación.

No presenta la distancia como algo sencillo ni intenta minimizarla. La considera parte de la profesión y, por tanto, una circunstancia que quien quiera ingresar debe asumir antes de hacerlo.

“Al final es lo que digo: vocación personal. Te tiene que gustar, tienes que tener mucha fortaleza mental en este aspecto y ser consciente de que vas a pasar tiempo fuera de casa”, sostiene.

Después introduce una idea mucho más cotidiana para gestionar esa distancia: recordar que la ausencia es temporal. “Luego piensas en que vas a volver y vas a estar con ellos y ya está”.

La frase permite entender la dimensión personal de una profesión en la que ejercicios, maniobras, despliegues o necesidades del servicio pueden alterar una rutina que en otros trabajos resulta mucho más previsible.

La adaptación forma parte de la vida militar

El propio Ejército del Aire y del Espacio insiste en esa idea desde las primeras etapas de formación. La incorporación incluye un periodo destinado específicamente a la acogida, orientación y adaptación a la vida militar, antes de avanzar hacia una preparación más especializada.

Disciplina, disponibilidad, formación y capacidad de adaptación forman parte del aprendizaje desde el comienzo. No se trata únicamente de aprender una función técnica, sino de acostumbrarse a unas dinámicas profesionales particulares.

En el caso de Claudia, tres años después de entrar, el discurso continúa apoyándose en el mismo motivo que la llevó a presentarse inicialmente: le gusta ese mundo.

Su testimonio coincide además con el de otros militares entrevistados durante las jornadas del Bruch, que hablan con frecuencia de compañerismo, disciplina, motivación y capacidad de sacrificio como elementos fundamentales para permanecer dentro de las Fuerzas Armadas.

Una decisión que exige saber qué implica

La historia de Claudia Osorio no pretende presentar la carrera militar como un camino sencillo. Precisamente ocurre lo contrario.

Su mensaje parte de aceptar previamente qué supone el trabajo: pasar tiempo fuera, adaptarse a las necesidades de la institución y mantener una estabilidad personal incluso cuando la rutina familiar queda lejos.

Por eso, cuando resume qué necesita alguien que quiera seguir su camino, la respuesta no pasa únicamente por superar pruebas o estar físicamente preparado. La primera condición es querer estar allí.

Después viene todo lo demás. Y para una soldado de 23 años que ya lleva tres años dentro del Ejército del Aire y del Espacio, una de esas herramientas resulta especialmente importante: tener la fortaleza mental suficiente para marcharse sabiendo que, tarde o temprano, también llegará el momento de volver a casa.

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