La crisis de Ceuta ha abierto numerosos frentes dentro del Gobierno, pero pocos resultan tan incómodos como el que afecta a Margarita Robles. La ministra de Defensa ha pasado en apenas unas semanas de defender el despliegue de las Fuerzas Armadas a tener que explicar qué sabía el CNI antes de la entrada masiva de migrantes, por qué la respuesta del Estado llegó tarde y con qué garantías trabajan ahora los militares sobre el terreno.
La posición de Margarita Robles resulta especialmente delicada porque debe proteger al mismo tiempo la credibilidad del Centro Nacional de Inteligencia y responder por las condiciones en las que actúan las Fuerzas Armadas en Ceuta. Los dos organismos dependen de su departamento y los dos se encuentran ahora en el centro de la controversia.
El aviso del CNI que enfrenta dos versiones
El principal problema surgió durante la comparecencia de Margarita Robles en el Congreso. La ministra defendió el trabajo realizado por el CNI y aseguró que sus agentes en Ceuta trasladaron el 29 de julio a la Delegación del Gobierno la existencia de una convocatoria para intentar entrar a nado desde Marruecos al día siguiente.
La precisión es importante. Margarita Robles no aseguró que Inteligencia hubiera anticipado la llegada de más de 80.000 personas, sino que existía información previa sobre una convocatoria concreta. Sin embargo, su relato chocó inmediatamente con el de Fernando Grande-Marlaska.
El ministro del Interior sostuvo que no existió ningún informe que permitiera prever una entrada de aquellas dimensiones. La Delegación del Gobierno en Ceuta afirmó igualmente que no había recibido ningún documento que anticipara lo sucedido el 30 de julio. Moncloa ha intentado reducir las diferencias entre ambos relatos, pero la controversia permanece abierta.
Ahí aparece la primera encrucijada para Margarita Robles. Si el CNI detectó señales y trasladó aquella información antes de la crisis, surge inevitablemente otra pregunta: qué ocurrió con ese aviso y por qué no provocó una respuesta preventiva suficiente.
Robles reconoce que el Gobierno llegó tarde

La propia Margarita Robles añadió otro elemento de enorme peso político durante su comparecencia. La titular de Defensa admitió que el Gobierno había «llegado tarde» y pidió disculpas a los ceutíes que se hubieran sentido abandonados, angustiados o insuficientemente protegidos.
Se trató de una declaración poco habitual en un miembro del Consejo de Ministros. Para Margarita Robles era una forma de reconocer el sufrimiento existente en Ceuta, pero la oposición encontró en esas palabras una admisión explícita de que la respuesta estatal había tenido fallos. El PP aprovechó la comparecencia para reclamar su dimisión.
El desgaste venía además de días atrás. Margarita Robles no acudió a la Comisión de Defensa del Senado prevista para el 18 de agosto y solicitó disponer de más tiempo para preparar una explicación «precisa y exhaustiva». Posteriormente compareció en el Congreso, pero aquella ausencia ya había alimentado las críticas sobre la rendición de cuentas del Gobierno.
El Ejército se convierte en el segundo problema
La actuación de las Fuerzas Armadas constituye el otro gran frente para Margarita Robles. Defensa sostiene que el despliegue comenzó el mismo 30 de julio después de que la Delegación del Gobierno solicitara colaboración militar. Miles de efectivos destinados habitualmente en Ceuta quedaron vinculados al dispositivo, reforzado posteriormente con unidades procedentes de otros territorios.
Existe, sin embargo, una discusión sobre la velocidad con la que los militares comenzaron a participar en las tareas relacionadas con la crisis. Que alrededor de 3.000 soldados estuvieran destinados habitualmente en Ceuta no significa que todos ellos estuvieran operando desde las primeras horas en el dispositivo fronterizo.
Las comprobaciones realizadas sobre aquella jornada no permiten presentar como hecho probado que el Ejército estuviera activado y retenido deliberadamente durante doce horas, como ha sostenido el PP. Sí permiten hablar de dudas y críticas sobre el momento en que se decidió recurrir de manera efectiva a las Fuerzas Armadas.
Cuatro militares heridos y acusaciones contra Defensa

El problema para Margarita Robles se agravó todavía más este jueves 27 de agosto. Cuatro militares resultaron heridos después de que un grupo de entre 30 y 40 personas rodeara y apedreara su vehículo en Benzú cuando se dirigían hacia un punto de vigilancia. Policía Nacional y Guardia Civil detuvieron posteriormente a doce personas.
Tras el ataque, la Unión de Militares de Tropa denunció una situación de «indefensión operativa y jurídica» y aseguró que había advertido previamente del riesgo existente. La asociación reclamó reglas de actuación y mecanismos de autoprotección más claros y acusó directamente al Ministerio de Defensa de falta de previsión.
Este episodio coloca a Margarita Robles ante un problema especialmente difícil porque ya no afecta a decisiones de Interior ni a la política migratoria en sentido estricto. La cuestión ahora es si los soldados enviados a realizar labores de vigilancia y apoyo cuentan con los medios, protocolos y cobertura jurídica necesarios para afrontar situaciones violentas.
Una ministra atrapada entre el CNI, Interior y el Ejército
La posición de Margarita Robles es por eso extraordinariamente compleja. Si mantiene que el CNI avisó antes de la crisis, deberá convivir con la pregunta de por qué aquella información no desembocó en una respuesta capaz de reducir lo sucedido. Si rebaja ahora el alcance de ese aviso para aproximarse al relato de Interior, podría debilitar la defensa que ella misma hizo públicamente de los servicios de inteligencia.
Al mismo tiempo, Margarita Robles debe garantizar la seguridad de las Fuerzas Armadas después del ataque de Benzú. Y todo ello mientras el Gobierno ha declarado la situación de interés para la seguridad nacional y ha colocado a Ángel Víctor Torres al frente de la coordinación para intentar devolver la normalidad a Ceuta.
Este viernes 28 de agosto, además, Grande-Marlaska comparece ante el Congreso dispuesto a defender su gestión y su versión sobre la información disponible antes del 30 de julio. La distancia entre Interior y Defensa vuelve así al primer plano político.
Ahí está la verdadera encrucijada de Margarita Robles: defender al CNI sin señalar a Interior, defender al Gobierno después de admitir que llegó tarde y defender el despliegue militar mientras los propios representantes de los soldados reclaman mayores garantías. La crisis de Ceuta ha conseguido convertir esos tres problemas en uno solo.

