Los misiles hipersónicos se han convertido en una de las amenazas más inquietantes del nuevo escenario militar. Rusia los ha exhibido durante la guerra de Ucrania como una demostración de fuerza tecnológica y estratégica. Nombres como Oréshnik, Kinzhal, Zircon o Avangard han entrado en el lenguaje de la defensa europea por una razón sencilla: vuelan a velocidades extremas, pueden maniobrar y reducen el tiempo de reacción de los sistemas antiaéreos tradicionales. Para el Ejército del Aire, esta amenaza ya no pertenece a la ciencia ficción, sino al campo de estudio inmediato.
El número de mayo de la Revista Aeronáutica y Astronáutica, publicación corporativa del Ejército del Aire, incluye un artículo titulado Misiles hipersónicos. Capacidades, armamento y defensa, firmado por Javier Sánchez-Horneros Pérez, analista de sistemas e ingeniero en ensayos en vuelo. El texto analiza las capacidades desarrolladas por Rusia, China e Irán y estudia qué medios pueden servir para detectar, seguir e interceptar este tipo de armamento.
La preocupación encaja con el marco estratégico de la OTAN. En el Concepto Estratégico aprobado en Madrid en 2022, la Alianza definió a Rusia como “la amenaza más significativa y directa” para la seguridad de los aliados, una frase que marcó el giro defensivo europeo tras la invasión de Ucrania.
Por qué los misiles hipersónicos preocupan al Ejército del Aire
La dificultad de los misiles hipersónicos no está solo en su velocidad. Según explica Sánchez-Horneros, el problema nace de la combinación de tres factores: velocidad muy elevada, menor altitud de operación que muchos misiles balísticos y capacidad de maniobra. Esa mezcla “plantea grandes dificultades a las defensas actuales”, porque reduce el margen de detección, seguimiento e interceptación.
El propio ingeniero resume la diferencia con un ejemplo claro. Sistemas tradicionales como los Tomahawk vuelan a Mach 0,6 o Mach 0,7 y podrían tardar alrededor de una hora en alcanzar un objetivo situado a 500 millas. Un arma hipersónica podría cubrir esa distancia en unos diez minutos, según el tipo de sistema considerado. La consecuencia es evidente para el Ejército del Aire y para cualquier fuerza aliada: hay menos tiempo para detectar, decidir y responder.
El artículo repasa modelos rusos como el Avangard o el Kinzhal, sistemas chinos como el DF-27 o el Wu-14, y desarrollos iraníes como el Fattah-1 y el Fattah-2. Rusia aparece como uno de los países más avanzados en este campo, con armas ya anunciadas o empleadas en el teatro ucraniano. China mantiene desde hace años una inversión sostenida en capacidades hipersónicas.
La primera barrera: detectar antes de interceptar

La defensa frente a un misil hipersónico no empieza con el interceptor. Empieza mucho antes, con la detección y el seguimiento. Sánchez-Horneros señala el papel del sistema S3T, el Spanish Space Surveillance and Tracking, coordinado por el Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación y el Ministerio de Defensa. Una de sus piezas clave es el radar situado en la Base Aérea de Morón de la Frontera, desarrollado por Indra, con capacidad para observar objetos en órbita baja entre los 200 y los 2.000 kilómetros de altitud.
Ese radar, instalado en Morón, forma parte de una arquitectura de vigilancia espacial que permite detectar y seguir objetos en el espacio. Indra ha destacado en los últimos años que el sistema S3TSR está diseñado para vigilancia y seguimiento espacial y que su evolución busca aumentar su capacidad de detección de objetos más pequeños en órbita baja.
La lógica militar es sencilla de explicar y muy difícil de ejecutar: si no se detecta pronto la amenaza, no hay defensa posible. Y si se detecta, pero la información no llega en tiempo real a los sistemas que deben actuar, tampoco sirve de mucho. Por eso el ingeniero insiste en una segunda dificultad: difundir la posición del misil con una latencia mínima, de forma que el defensor pueda decidir qué sistema emplear para neutralizarlo.
Patriot, Aegis y nuevos interceptores
España cuenta hoy con medios integrados en arquitecturas de defensa antiaérea y antimisil, aunque el reto hipersónico exige capacidades más complejas. El artículo cita sistemas tradicionales como Patriot, THAAD y Aegis, además del misil SM-6, capaz de actuar contra amenazas en la fase terminal. Pero esa fase final es precisamente la menos deseable: cuanto más cerca está el misil de su objetivo, menor es el margen y mayor el riesgo.
El Ejército del Aire no actúa solo en este escenario. La defensa antimisil depende de una estructura conjunta y aliada. El Ejército de Tierra dispone de baterías Patriot, la Armada cuenta con fragatas F-100 equipadas con el sistema Aegis y la base naval de Rota alberga destructores estadounidenses integrados en el escudo antimisiles de Estados Unidos y la OTAN. La respuesta, por tanto, no puede entenderse como una sola batería o un único radar, sino como una red.
La segunda vía que analiza Sánchez-Horneros es el GPI, Glide Phase Interceptor, un concepto pensado para interceptar vehículos planeadores hipersónicos en la fase de crucero, antes de que desciendan a capas atmosféricas más densas. Esa aproximación exige vigilancia espacial continua, seguimiento persistente y una red satelital capaz de no perder la traza del misil durante su vuelo.
HYDEF, la apuesta europea con liderazgo español

España participa además en HYDEF, el programa europeo de defensa contra amenazas hipersónicas. La Organización Conjunta de Cooperación en Materia de Armamento, OCCAR, identifica a Sistemas de Misiles de España como coordinador del programa, con participación de empresas y organismos europeos. El INTA explicó en 2023 que HYDEF es el primer programa europeo de defensa frente a amenazas hipersónicas y que cuenta con una asignación de 110 millones de euros para madurar tecnologías aplicables a futuros interceptores.
La presencia española no es menor. Sistemas de Misiles de España agrupa capacidades industriales nacionales. Y en el proyecto participan actores como Sener y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial. En términos estratégicos, HYDEF busca que Europa no dependa únicamente de soluciones estadounidenses para responder a una amenaza que ya forma parte del cálculo militar ruso, chino e iraní.
El reto, sin embargo, sigue siendo enorme. El propio artículo advierte de que la interceptación presenta “ciertas dificultades” por la velocidad sostenida y la maniobrabilidad de estas armas. La mayoría de soluciones actuales siguen siendo cinéticas: interceptar un misil con otro misil. Esa fórmula se complica aún más si el atacante emplea configuraciones con múltiples vehículos de reentrada o señuelos.

