Para Alejandra Quereda (Alicante, 1992) este mes de agosto no es ni normal ni de vacaciones. Al contrario de lo que ocurre en otros deportes, la gimnasia rítmica tenía su cita más importante del año (y casi de todo el ciclo olímpico) del 12 al 16 de agosto en Frankfurt. Seleccionadora desde 2018, ha visto como sus pupilas se colgaban la medalla de oro que les otorgaba el campeonato del mundo y la primera plaza olímpica para España de cara a los JJOO de Los Ángeles 2028.

No es novedad. Su conjunto fue también la primera plaza en conseguirse (de cualquier deporte y modalidad) para París 2024, aunque la fortuna no acompañó a sus gimnastas en los Juegos parisinos donde eran una de las medallas más seguras sobre el papel antes de viajar.
Alejandra Quereda: “Ver recompensados tantos años de sacrificio, es una sensación indescriptible”
Para Alejandra, que casualidad o no, nació el día antes de la ceremonia inaugural de los JJOO de Barcelona 92, los aros olímpicos han ido marcando su trayectoria. Como gimnasta fue una de las más laureadas, y hasta hace muy poco, la que cosechaba más medallas en su palmarés. Pero seguro, la más relevante de su carrera la conquistó tal día como hoy hace diez años.

El tapiz brasileño esperaba a un conjunto que había vivido en Londres la posición más dura en un torneo olímpico. La famosa medalla de chocolate dejaba a España a un paso del podio con un sabor más agrio que dulce. Cuatro años más tarde, el mundo asistía a una nueva medalla para la gimnasia rítmica española. La primera desde 1996, la tercera de toda la historia.
Subirse a un podio olímpico
Esta entrevista se realizó unos días antes de partir al campeonato del mundo, homenajeando uno de los momentos más destacados de nuestro deporte. “Aún se me sigue poniendo la piel de gallina”, nos confiesa desde el Centro de Alto Rendimiento de Madrid mientras el conjunto ultima los detalles para su participación en el campeonato del mundo. “Por una parte me parece que fue ayer y por otra, va pasando el tiempo, aunque tengo los recuerdos intactos“, asume. “Aquella emoción, aquella satisfacción de saber que todo lo trabajado había salido a la perfección en Río de Janeiro. Luego ya subir al podio que te voy contar, es algo único. Ver recompensados tantos años de sacrificio, es una sensación indescriptible”.

Para Alejandra, de esos Juegos, los segundos en los que participaba, y en los que era capitana del conjunto, fue todo una vivencia impagable mucho más allá de la plata olímpica. “Desde los días previos en la Villa, todo fluía, todo estaba en armonía entre nosotras. Todo eso nos ayudó a mantener la tranquilidad, a estar concentradas, aún sabiendo que teníamos muchas posibilidades de medalla”.
Porque a Alejandra Quereda Río 2016 le llegaba en un momento de veteranía, y sin saberlo, de despedida. El entero con el que consiguieron la plata sería la última ocasión todas juntas en un tapiz internacional. “Sin hablarlo, todas lo sabíamos”, admite.
“No le quito importancia al resto de medallas hay que saber valorar, celebrar y disfrutar cada uno de los éxitos. Pero la olímpica es un momento único cada cuatro años, donde las emociones de un país vibran detrás de la pantalla, y eso lo hace aún más especial”.
Cuando le preguntamos qué le diría ahora a su yo de 2016, lo tiene claro: “Disfruta de cada instante, porque al final eso es lo que te llevas, luego pasa el tiempo y es difícil poder volver a vivir un nivel de emociones tan fuerte”, reconoce.
Medallista y médico
A las ocho o nueve horas al día de entreno en seis días en semana, Quereda quiso sumarle los estudios de una de las carreras más exigentes que se pueden cursar. “En Río yo estaba terminando la carrera de medicina, acabé los Juegos con una lesión de cadera, pasé por quirófano, tardé hasta un año en volver a encontrarme bien, y era el tiempo que necesitaba para pegarle ese empujón para acabar la carrera, pero justo estaba terminándola, fue cuando se me presentó la oportunidad de ser seleccionadora nacional”, recuerda de una decisión donde no tuvo que meditar mucho.
“Justo al acabar la carrera de medicina se me presentó la oportunidad de ser seleccionadora nacional”
“La rítmica me llamaba la atención por encima de la medicina, en la rítmica no sabes cuando va a ser la última oportunidad así que la cogí y hasta el día de hoy. La medicina siempre iba a estar ahí. Cuando me preguntan que me ha costado más, te diría que casi me ha costado más la carrera que la medalla olímpica, porque era muy complicado y un encaje de bolillos poder acabarla”.
“Quien me iba a decir a mi que aun iba a estar vinculada a la rítmica y de este modo, nunca esperé y soñé con esto que estoy viviendo ahora”, y a esa oportunidad se suma ya un oro en un Mundial, algo que no ocurría desde hacía 35 años, y además, una nueva oportunidad olímpica en Los Ángeles, la que será su segunda como seleccionadora. Viendo su trayectoria deportiva, podemos confiar en que las segundas oportunidades son en las que brilla aún más.

