La historia del baloncesto femenino español sumó este fin de semana un nuevo capítulo con el reconocimiento a Amaya Valdemoro en el Women’s Basketball Hall of Fame. La madrileña recibió el homenaje en Knoxville (Tennessee), donde pasó a formar parte del exclusivo grupo de figuras que han dejado una huella imborrable en este deporte a nivel internacional, convirtiéndose además en la primera española en alcanzar esta distinción.
El reconocimiento pone el broche a una carrera que marcó un antes y un después para el baloncesto español. Valdemoro abrió camino en la WNBA, conquistó tres anillos con las Houston Comets y fue una de las grandes referentes de una generación que situó a España entre las principales potencias mundiales. Su influencia, sin embargo, ha ido mucho más allá de los títulos, convirtiéndose en un modelo para las jugadoras que llegaron después.
Durante la ceremonia, la exjugadora dejó de lado el palmarés para hablar de las personas que hicieron posible su trayectoria. Entre recuerdos, agradecimientos y momentos de emoción, repasó los desafíos que tuvo que superar desde sus inicios hasta la élite y aprovechó el escenario para reivindicar los valores que, a su juicio, transmite el deporte: el esfuerzo, la perseverancia y la humildad. También dedicó unas palabras a las nuevas generaciones, animándolas a perseguir sus sueños sin perder nunca la ilusión por el camino.
Un premio difícil de creer
El inicio de su discurso estuvo marcado por la emoción y el humor. Nada más subir al escenario, Amaya Valdemoro reconoció los nervios del momento y bromeó con su inglés, lo que arrancó las primeras sonrisas del auditorio: “Antes que nada, me gustaría decir que este reconocimiento es por los años que llevo dedicándome al baloncesto, no por mi inglés. Así que culpo a mis emociones por cualquier error que pueda cometer”.
Tras agradecer a su familia y a las personas más cercanas que la acompañaron en una jornada tan especial, la exjugadora felicitó al resto de miembros de la promoción de 2026 antes de recordar su primera reacción al conocer la noticia: “Cuando recibí la noticia me sorprendí tanto que, sinceramente, pensé que era una broma“.
A partir de ahí, repasó algunos de los momentos que marcaron su carrera, entre ellos su llegada a la WNBA en 1998 con las Houston Comets, entonces dominadoras de la liga. Aunque en sus inicios tuvo un papel secundario, aseguró que aquella etapa fue clave en su crecimiento: “Pasaba más tiempo en el banquillo que en la pista, pero aprovechaba cada oportunidad y lo daba todo. Era la persona más feliz del mundo”.

Un camino que cambió su vida
Uno de los momentos más personales llegó al recordar que su historia deportiva pudo haber sido muy distinta: “Antes del baloncesto, el atletismo fue mi primer amor. Soñaba con ser campeona olímpica de 1.500 metros“.
Desde niña mostró una fuerte competitividad, pero el baloncesto apareció casi por casualidad a través de su hermana cuando tenía 13 años. Solo dos años después ya competía a nivel profesional con el Pool Getafe, iniciando una carrera que la llevaría a la élite.
Aquel cambio terminó marcando su destino deportivo y personal, transformándola en una de las grandes figuras del deporte español.
Aprender entre las mejores
Valdemoro también habló de la exigencia mental de sus primeros años como profesional y de cómo tuvo que aprender a convivir con la presión para rendir al máximo nivel.
A pesar de ello, siempre destacó la oportunidad de compartir vestuario con algunas de las grandes leyendas del baloncesto femenino, como Becky Hammon, Cynthia Cooper, Sheryl Swoopes o Tina Thompson, además de compañeras clave en su trayectoria. También quiso poner en valor a referentes del baloncesto español como Elisa Aguilar, a quien señaló como figura importante en el crecimiento del deporte femenino en España.
Con el tiempo, reconoció que aquella etapa en Houston fue determinante en su formación como jugadora y como persona.

Una pionera que abrió camino
La exjugadora subrayó el valor simbólico de haber sido la primera española en competir en la WNBA, un hito que, en su opinión, ayudó a demostrar el nivel del baloncesto español en el panorama internacional: “He tenido la suerte de ser la primera, de haber podido inspirar a otros y abrir puertas para quienes después creyeron que también era posible”.
Su carrera incluye tres títulos de la WNBA con las Houston Comets, el MVP del EuroBasket de 2007 y un papel decisivo en una de las etapas más exitosas de la selección española.
Con el combinado nacional conquistó el EuroBasket de 2013 y sumó múltiples medallas internacionales que consolidaron a España entre las grandes potencias del baloncesto femenino.

Homenaje a sus padres
El tramo final estuvo marcado por la emoción. Valdemoro quiso detenerse en su familia, especialmente en sus padres, a quienes dedicó unas palabras muy personales: “Mi padre fue mi mejor compañero de viaje. A veces todavía puedo escuchar sus palabras. Lo mejor de mí le pertenece. Te amo, mamá. Te amo, papá. Este reconocimiento también es para vosotros“.
El auditorio respondió con una larga ovación tras un cierre que reforzó la dimensión humana de su carrera, más allá de los títulos y los logros deportivos.
Los sueños sí se cumplen
En el último tramo de su intervención, Valdemoro quiso mirar al futuro y dirigirse a las más jóvenes, animándolas a confiar en su camino y en el trabajo diario: “Los sueños se cumplen“.
Tras una trayectoria que la llevó desde Madrid hasta la élite mundial del baloncesto, Amaya Valdemoro entra definitivamente en la historia como una de las grandes pioneras del deporte femenino y como una figura clave en la evolución del baloncesto español.

