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Estadios de primera para el fútbol femenino, ¿pero vacíos?

Las jugadoras de Liga F se van sumando a la reivindicación de jugar en estadios más grandes pero, ¿hasta que punto beneficia jugar en un gran estadio sin aficionados?

El debate sobre el uso de los estadios principales para los equipos femeninos divide al mundo del fútbol entre el simbolismo de la igualdad y la cruda realidad de la asistencia. Abrir las puertas de los grandes recintos históricos se ha convertido en una reivindicación legítima por parte de las futbolistas, pero el reto no termina con el pitido inicial sobre un césped diseñado para miles de espectadores; el verdadero desafío es evitar que el eco del balón resuene en gradas desiertas.

El espejo del récord y la ambición del Bernabéu

La aspiración de competir en los máximos escenarios cuenta con el respaldo de las grandes noches en Can Barça. Alexia Putellas ha reconocido en múltiples ocasiones que el partido más emotivo de su carrera fue aquel en el que el FC Barcelona pulverizó el récord mundial de asistencia en el Camp Nou. Esa jornada demostró que, bajo las circunstancias adecuadas, el fútbol femenino posee el músculo necesario para movilizar a las masas y generar ambientes a la altura de grandes estadios.

El FC Barcelona femenino se ha acostumbrado en los últimos años a solapar la excelencia deportiva con el respaldo masivo de su afición. El Estadi Johan Cruyff, con capacidad para unas 6.000 personas, se llenaba con una facilidad pasmosa, convirtiéndose en un fortín para las de Pere Romeu. Sin embargo, el debut del equipo en esta nueva edición de la Liga F ha devuelto al club a una realidad mucho más común entre los mortales. Con una entrada oficial de apenas 2.458 espectadores, el estadio azulgrana registró una de sus peores asistencias en años recientes para un estreno liguero. Más allá del horario, del rival o de la fecha en el calendario, el diagnóstico en la Ciudad Condal es unánime: las gradas acusan el ‘efecto Alexia’.

Contagiada por esa misma ambición y buscando igualar el impacto mediático, Athenea del Castillo no dudó en trasladar públicamente una petición a Florentino Pérez: abrir las puertas del nuevo Santiago Bernabéu para el Real Madrid femenino. Las futbolistas demandan estos espacios no solo por prestigio o ego, sino porque entienden que el crecimiento del producto requiere de un escenario a la altura de las grandes citas europeas.

El Sánchez Pizjuán nuevo objetivo

Rosa Márquez, centrocampista del Sevilla FC, puso el foco sobre la base del problema al ser preguntada por la viabilidad de jugar a corto plazo en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Su diagnóstico huyó de la demagogia para centrarse en la realidad de la asistencia: “Hay que empezar por promocionar los partidos en el Jesús Navas”.

La jugadora andaluza resalta una carencia estructural en muchos clubes de la Liga F: la falta de una base sólida de espectadores en el día a día. De poco sirve abrir un estadio de 40.000 butacas si el recinto habitual de 3.000 localidades no logra colgar el cartel de “no hay billetes” durante la temporada regular.

El mito del estadio lleno

Márquez profundizó en la táctica necesaria para lograr esos aforos masivos, desmitificando la idea de que abrir un gran estadio garantiza automáticamente el éxito de taquilla. “La primera vez que el Barcelona llenó el Camp Nou fue con entradas gratis, por eso creo que es más importante la promoción”, señala la sevillista.

Esta perspectiva evidencia que detrás de los grandes récords de asistencia en Europa hay campañas de marketing agresivas, políticas de precios asequibles o invitaciones masivas diseñadas para una atmósfera que no acaba de ser real al 100 %. La promoción activa y real es el motor que genera la cultura de grada; el estadio es únicamente el lienzo en blanco.

El fútbol femenino español se encuentra en una fase de consolidación donde los gestos institucionales deben ir respaldados por planes de negocio sólidos. Jugar en los estadios de Primera es un paso indispensable para la visibilidad y el crecimiento comercial de la Liga F, pero abrir sus puertas sin una campaña de promoción intensa, condena a las plantillas a jugar en escenarios vacíos y sin alma. El éxito a largo plazo pasa por fidelizar al público en las instalaciones habituales para que, cuando llegue el momento de pisar el césped de un gran estadio, la grada responda con la misma fuerza.